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29 de noviembre de 2024

lp--La pode-rosa--ic


Lleva varias semanas luciendo muy por encima de todas las flores y altas hierbas, rozando las ramas de un árbol.

Soportando las gélidas noches.

No he podido evitar admirar a la bella guerrera.

Temo el día que desfallezca mustia ante el impío invierno. Y luego muerta.

Seca.

¡Qué valentía y fortaleza!

Yo ya estaría muerto en la intemperie invernal de la primera noche de mi “floración”.

No adorna nada, es libre y salvaje. Y ese orgullo hemoglobínico y pasional que luce...

Ha subido majestuosa, tan alto por encima de todas las flores, que era difícil capturarla y así muriera tristemente en un florero.

Tal vez haya algún ser humano honesto que admire la vida y no la ha raptado para decorar su guarida vertical. Nunca ha sido necesaria la navidad para que surgiera la nobleza. Es una cuestión de ética personal e intransferible. Naces mal o naces bien.

Si naces bien, con la capacidad de sentir ternura y admiración por las vidas menudas tan valientes que mueren luchando, sin recostarse en nada ni nadie. En el silencio más triste que existe.

Pienso en la fuerza de los menudos seres, su determinación para vivir y me siento tan mediocre… Viven sin acumular posesiones, a piel y pelaje descubierto.

No sé si al cerrar la mano en su tallo y clavarme sus espinas, le daría más fuerza para resistir la embestida del frío.

Temo envenenarla con mi sangre insanamente caliente.

Luce tan soberbia en su extraordinaria altura que me evoca al buen Juan Salvador Gaviota, ya asesinado por una humanidad, una globalidad cobarde y adocenada. Encajonada en sus pocilgas-ciudades.

Mirarla en contraluz con el cielo, ofrece el espejismo de un ángel de terciopelo sangre.

Como las bravas águilas ofrecen sus vientres dorados a nosotros deslumbrados.

Y el rocío… La han comido a besos durante la fría y oscura noche, como un amor prohibido.

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Esta noche ha caído la primera gran helada del otoño.

Y he pensado en ella.

He temido.

He encontrado a la pode-rosa un poco cansada, combada por su batalla contra la escarcha.

Gritaba en rojo su agotadora supervivencia contra el arrollador invierno. 

No miraba directa al cielo como ayer. Pobre…

Y luce sanguíneamente hermosa, como si le dijera al invierno: ¿Eso es todo lo que puedes hacer?

Aún le queda agua en sus labios-pétalos.

Mi guerrera…

Pero la suerte está echada, el invierno ya no cesará hasta borrar el último color cálido.

Qué tragedias, qué brutal la batalla por la vida de los pequeños seres.

¡Cómo no admirarlos!

Cómo no llorar su gesta indómita, su muerte heroica.

Su vida desnuda.

Sin posesiones.

Sin legados.

Porque vivir es vivir, no se vive “para...”.

Se vive y punto.

La muerte cabe en todos los cuerpos, por muy pequeños que sean. Es una puta.

Y cuando estés vencida, no se lo diré a nadie que pueda sentenciar con hipócrita “sabiduría” de borracho: “Es ley de vida”.

Esa ley de la que huye y teme el humano mezquino.

Adiós pode-rosa vuelvo a mi guarida cálida y protectora como un triste cobarde.

¡Bye, belleza!




Iconoclasta

Fotos de Iconoclasta.

24 de noviembre de 2024

lp--Se aman en silencio--ic


Me fascina cómo las nubes y las montañas se aman, en silencio.

Como sueño amar.

Me conmueve la pasión serena con que se penetran y abrazan, se envuelven y se lloran.

Siento mío ese bello llanto del encuentro con un escalofrío de melancolía.

Me emociona mirar como unas se despiden desgarrándose la piel y las otras quedan abandonadas a sí mismas preguntándose cuándo volverán.

¡Pobre gente, qué tragedia!

Pobre de mí que pierdo un latido pensando en ella.

Las nubes podrían flotar alto si quisieran; pero descienden para cubrir a sus amantes. Se lanzan como las olas a la arena lamiendo la piel con hambre insaciable.

Yo no puedo flotar. Misericordia…

Soy una montaña y ella es líquida y cálida; una piel voluptuosa que me envuelve y, rozándome con los labios, me susurra sensualidades al oído arrastrándome a un plácido delirio.

Pero a veces el celoso viento la quiere para él y me la roba. Y al igual que la montaña abandonada, espero con melancolía mi otoño.

Nada dura tanto en la Tierra como este eterno romance de nubes y cielo.

Qué hermoso…

Y yo tan nada.



Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.



23 de noviembre de 2024

lp--Si no quedara nada de esa brutalidad…--ic


Sólo la violenta y real brutalidad instintiva del ser humano puede resolver los problemas de fascismo y su esclavitud que padecen miles de millones de ilusos seres humanos ignorantes de ser mero ganado (la globalidad) a los que son sometidos por unos pocos de miles: el estado/dios.

Si no quedara nada de esa brutalidad, la especie humana debe considerarse extinta sin supersticiones de cambios climáticos, ella solita se ha extinguido por indolencia degenerativa.

La violencia es la fuerza que hizo inteligente al ser humano permitiéndole evolucionar en el hostil y competitivo planeta. Y es la única fuerza que puede salvarlo de la extinción total, antes de que los miles de millones de seres humanos se auto perciban convencidos de ser cucarachas o incluso amebas.

Y es fácil: unos miles de millones deben cazar y matar a unos pocos de miles que forman el estado/dios. Sería la batalla más corta y menos cruenta de la historia del planeta Tierra.

Porque hoy, en este instante, las pasarelas de reses de los mataderos del estado/dios no cesan de acarrear seres humanos hacia las salas de despiece, las que con sus ilusos votos “democráticos” han elegido, también ignorándolo por esa indolencia degenerativa en la que han caído.



Iconoclasta

21 de noviembre de 2024

lp--Los rotos--ic


Esperanzas impávidas, sin emociones visibles, son las que mantienen los rotos que conocen la frustración y las imposibilidades de las cosas, donde cosas = humanos.

Los humanos son cosas porque son ajenos a la esencia natural del resto de las especies animales.

El humano, mayoritaria y secularmente, es una especie animal de mente insectil y cuerpo de mamífero.

¿Qué animal se puede permitir unas vacaciones y no morir de hambre?

O peor aún ¿qué animal es capaz de vivir esclavo toda su vida? Excepto los de explotación ganadera que nacen muertos o temporalmente vivos.

Dios creó a los animales y ya harto y hastiado, al ser hombre y a la mujer como su esclava.

No me invento nada, está en las sagradas mamadas.

Datos, datos, datos….

Pero existen las cosas rotas, los humanos rotos que fuerzan la pasión más allá de lo que la lógica y mediocridad pueden entender. Se fragmentan, desgastan y agotan la vida con muy pocas esperanzas de ganar.


Hay una voluntad de trágico romanticismo en romperse una y otra y otra vez.

¡Qué valientes son los seres que se dejan rasgar el alma y la piel por la pasión de amar!

Por deseo.

Por trascender.

Por sentir.

Por existir.

Por un amanecer con su amante.

Porque se equivocaron una vez e insisten en volver a equivocarse.

Se parten en dos mentes, una es para quien desean y la otra sobrevive en la realidad en la que son presos.

No existe el amor perfecto y eterno; pero no se rinden acunando su fragilidad, protegiéndolo incluso de la propia química de sus biologías.

Y temen lo peor: que cuando el amor se haga tangible se infecte de mediocridad, de la realidad.

La realidad es un lugar hostil para algo tan etéreo como el amor. Lo saben y por eso han partido su mente en dos pedazos, en dos dimensiones, en dos universos: en un sueño de acceso restringido que los hace únicos y abandonados. Y una praxis que les permite las elementales tareas de supervivencia.

El sueño al que asisten cuando la realidad los aplasta y les roba la alegría tan poca.

No dan consejos de amor y pasión aunque son ingenieros doctorados en arquitecturas oníricas del amor y la pasión.

Seres que escriben metáforas arcanas, indescifrables para los intrusos y otros hongos.

Se abrieron el pecho con sensualidades y construyeron dentro una cámara acorazada de seguridad contra la vulgaridad para su tesoro de amor.

A veces divago… Me gustaría ser un superhéroe del amor; pero es tarde. Mis fracturas no se regeneran ya no cicatrizan.

Un día con una tos, se me escapó el amor de mis pulmones rasgados.

No puedes romperte continuamente y pretender salir ileso.

Quedan secuelas.

Al final de la fortaleza, sólo queda un eco de amor que podría derivar en locura.

El amor nos degasta porque es su función, se alimenta de ilusiones de nuestro pensamiento, del cerebro, del alimento, de nuestro tiempo…

El amor es frágil, pero exige fortaleza para resistir sus embestidas.

Os veo sangrar por dentro y llorar quedamente por fuera con una sonrisa que no engaña.

¡Cómo os admiro, mis apreciados quebrados!

El amor debe ser violento en su pasión y demoledora exclusividad; pero al igual que con una tormenta, no se puede luchar contra él. Sólo soportarlo y que su viento no te arrebate de la realidad y te precipites a un purgatorio donde nadie tiene la posibilidad de hacer tangibles los deseos mínimos.

Donde no es posible dar o recibir y colapsa la mente.

Una vez experimentado el amor, no sólo se pierde el miedo a la muerte. Hay momentos de angustia que te preguntas dónde está esa hija de puta para llevarte lejos de tu tragedia de amor.

Lo peor de un tiempo sin amor es la visión de un horizonte vacío.

Los rotos sois unos privilegiados de la tragedia.

Puedo escuchar vuestros corazones forzados y buscar el aire del amor dibujando sus labios en el aire con un dedo que gotea la esperanzas muertas.

Vuestra agonía es la más hermosa, fascinantes vuestras fracturas y la determinación de no curarlas.

Y lo más increíble es que toda esa épica, un día la volveréis a vivir.

¡Qué locos mis rotos!

Qué generosidad derrochadora de vida.

Alguien os aconsejó prudencia y dijisteis: Y una mierda.

¡Bravo, mis ensangrentados seres admirados!

Mujeres y hombres rotos derrochándose, dándose a sí mismos como materia combustible.

Regalándose a pesar de la realidad que los somete con su vulgaridad, cotidianidad y banalidad. Un cártel de mafias que como la banca, siempre nos vence.

La cuestión es cuánto tiempo aguantar.

Por ella o por él, bien vale una fractura ¿verdad?

Y otra más…

Qué delirio y privilegio ser uno de los pocos rotos que habitan en la Tierra.

Nadie contará vuestra historia porque el amor no es un libro, es un vapor, una emotividad, un padecimiento y placer que escapa a toda lógica, mesura, planificación y voluntad.

Si el amor dotara de una visión superior a los amantes se verían como hermosos zombis con rosas clavadas profundamente en el pecho y los sexos palpitantes porque no hay pasión sin una carne que la contenga.

No en esta dimensión.

Guardáis silencio porque no os fiais de mí, que sólo soy una gris realidad.

Tan solo ejerzo de notario, sin afán de lucro.

Gracias por mostraros abiertos, sólo pretendo admirar lo que ya no puedo sufrir porque ya no hay tiempo y un ataúd es el aislante perfecto del amor y su desproporcionado voltaje.

Cortocircuitos neuronales, fisuras entre el tejido muscular, roturas óseas, hernias y corazones al límite del fallo cardíaco; son las patologías de los rotos por amor y la pasión en un lugar donde un liquen mezquino lo cubre todo.

Los puedes distinguir porque sus miradas están saturadas de curiosidad y determinación, como si miraran a tus espaldas cosas invisibles.

Captan las invisibles e inaudibles frecuencias del amor.

Yo mismo soy un roto; pero ya desgastado, apenas tengo una poca carne para el amor y ningún hueso que ofrecer. La pasión es una droga degenerativa para el organismo.

Soy un yonqui con las venas podridas.



Iconoclasta

13 de noviembre de 2024

lp--Miniatura de amor--ic


En el aire había una distorsión, parecía un torbellino de agua flotante. 

Siempre la busco y ubico en todos los lugares y tiempo de mi cotidianidad y de esa deformación del aire, aunque fuera una espejismo de mis ojos gastados, me permití la ilusión de que podía ser un portal para llegar a ella en un instante. 

Y entré en el torbellino como un adulto que no cree en lo extraordinario, pero nada ni nadie le impide soñar. Una solitaria y secreta travesura más de amor, no podía hacer daño... Era sólo un espejismo, una avería de mis ojos.

Me hice pequeñito como los niños de algunos cuentos de la infancia. 

Me sentía turbado, alterado por un temor extraño que corría bajo la piel, como cuando la tierra se mueve por un terremoto y te das cuenta con un escalofrío de la enorme magnitud de la fuerza del planeta. No volví atrás, si en el mundo grande no te encontraba, la buscaría en un mundo en miniatura.

A veces hay intuiciones...

Comencé a caminar esperanzado en un bosque en el que las cosas mínimas formaban otro bosque, tal vez mágico como ella, mi hada amada.

Avanzaba penosamente entre una selva de altas hierbas y flores grandes como árboles.

El mundo era, al mirar al cielo, terroríficamente grande. Los árboles colosales parecían no tener fin y perderse sus copas más allá de lo azul.

Y no sé el tiempo si también se encogió, porque agotado me senté a descansar bajo el sombrero de una seta y en un instante de lucidez fui consciente de estar loco de amor. Y tuve miedo, temí lo peor: ¿Quién va a amar a un loco?

Deseé que estuviera loca también para no ser ajeno a ella.

No soy un ingenuo; pero cuando eres miniatura piensas como tal, sencilla y pequeñamente sin alejarte demasiado de lo que eres, sin sobrevalorarte, esperando lo peor.

Respiré hondo, me serené y tuve la certeza de que fuera adonde fuera, al mundo más grande, al profundo, al etéreo, al líquido, al de piedra… No la encontraría porque está en todo tiempo y lugar. Es sencillamente inabarcable, sólo puedo sentir una fracción de ella. De la misma forma que le preguntas a alguien en qué piensa y se bloquea porque no hay suficiente vida para traducir a palabras el pensamiento.

Bajo el sombrero del hongo lloré secamente esta verdad revelada. Purgué mi incapacidad hasta que una oruga voraz erizada de gruesas espinas me comió en dos segundos el meñique, anular y corazón de la mano izquierda que acariciaba la tierra cálida y húmeda. Con la derecha fumaba un micro cigarrillo.

Y escapé lejos de la monstruosa oruga sintiendo una inmediata añoranza de mis dedos más que dolor.

Ahora entiendo porque los cuentos infantiles no tienen final feliz o les pasan cosas malas a los pequeños. El problema es que cuando te encoges, el mundo se hace colosal e insensiblemente cruel. Sólo eres un microbio…

Y tal vez el amor se torne también monstruosamente voraz.

Me come ahora que soy pequeño.

Sentía angustia, ¿cómo iba a ser mi vida sin mis dedos, cómo explicar la mutilación? ¿cómo un día acariciarla con la mano mutilada, fea, horrorosa? Y aun así, en otro alarde de locura pensé que era un precio razonable por buscar a mi amor en otra dimensión como he soñado tantas veces.

Comenzó a oscurecer a pesar de que a miles de kilómetros arriba se podía ver entre las lejanas ramas el azul del cielo. El miedo se apoderó de mí, no quería que la oruga me comiera también la cabeza.

La oscuridad se llenó de ruidos, de amenazantes chirridos, algunos tan cercanos que me llevaron a correr a oscuras y caer y caer y caer…

Y la aguja de un pino se clavó en mi muslo como una lanza. Conseguí extraerla, pero manaba tanta sangre… En la última luz que quedaba vi una hebra de telaraña vieja y rota prendida en las púas bajas de una zarzamora y me hice un torniquete.

Se me cerraron los ojos de agotamiento, miedo y dolor. Cuando encontré fuerza para abrirlos, un disco de plata iluminaba suave y gélidamente el bosque. La luna llena era demasiado lejana y pequeña a mis ojos, me costó identificarla.

No tenía frío, la tierra me transmitía su calor vital.

No podía dar un paso más, notaba un corazón palpitando en mis heridas y me negaba a examinar la mano mutilada.

Y otra aberración óptica apareció como un pequeño sol ante mí. Un burbuja dorada que se estiraba y contraía, como el cebo de un anzuelo para atraer a los peces. Avancé lentamente hasta ella y cuando miré dentro, me succionó.

Imaginé que era una alucinación, una metáfora de mi muerte por desangramiento.

Y ahora soy donde nada duele, donde no hay sonido, ni orugas. No siento ni siquiera necesidad de amar porque soy una partícula, un pensamiento inmaterial que no precisa respirar. Una conciencia eterna, un quark indivisible donde el amor ya no es deseo, sino serenidad. Y sin cuerpo, el amor es una obra de arte de mi conciencia, un orgullo de sentir.

Fue importante amar, la ilusión no fue una pérdida de tiempo al final.

Soy una partícula subatómica indivisible sometida a las fuerzas y corrientes de la materia oscura de un cosmos tan grandioso y tan inabarcable como tú, mi lejano amor.

Soy una mínima y completa estructura de pensamiento puro que cobija infinitas ideas.

Así son los dioses que pueblan el universo: partículas indivisibles que guardan la memoria vivida y contemplan y se llenan de experiencias. Ahora sé que todo mi pensamiento, no ocupa espacio ni tiempo. Soy un pensamiento libre de materia y estoy en todo lugar y tiempo expandiéndome a mi interior.

Hace unos segundos la oruga casi me devora y me he emocionado con la formación de una estrella que se ha convertido en una agujero negro a lo largo de millones de años en la escala temporal de la carne sufriente.

Sin cuerpo, en la dimensión cuántica el tiempo pasa tan veloz que puedo ver estrellas formarse e implosionar en un instante y tan lento como para reírme de la angustia que sentí en aquel bosque en miniatura hace unos segundos.

Todo ocurre al mismo tiempo, en un caos fascinante.

Soy un fenómeno cuántico producto del amor y la imaginación, de alguna forma me convertí en lo que buscaba. Y dentro de un millón de años o de una trillonésima parte de un segundo, no habrá variado nada, de lo que siento, lo que amo, temo y admiro. De lo que experimenté y descubrí. Soy un proceso libre.

Lo que importa es que ya no hay búsqueda y no es necesaria la esperanza. Soy un todo consciente liberado de toda carga, incluso atómica.

Y mi amor será eterno e indivisible como mi naturaleza cuántica.

Bye, amor, todo irá bien, te lo juro.



Iconoclasta

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11 de noviembre de 2024

lp--El caballo y el cautivo--ic


El caballo no está en un cercado, soy yo el que nací dentro.

Me observa desde fuera.

La alambrada la instalaron para mí y unos miles de millones más que no la perciben.

El tan cacareado “pecado original” es nacer en cautividad.

Puede parecer desolador; pero a todo se acostumbra o sensibiliza uno.

La libertad sólo se puede obtener viajando a un lejano planeta decente que puede que ni siquiera exista.

Así que no hay otra que habituarse a las alambradas y los hijos de puta que las tendieron y siguen tendiendo.

Me mira con indiferencia, tal vez con cierta compasión de ver a un animal incapaz de ser libre. Y debe concluir, como yo tras años de cautiverio, que visto uno vistos todos.

La especie humana cayó en manos de un timador y la libertad se fue a tomar por culo, incluso la del puto estado de mierda.

No sé a qué viene eso de la inteligencia de la especie humana.

Y mucho menos su valor.

Hay que escapar de La Tierra como sea, porque esta tristeza vital desarrolla tumores malignos que extingue a los humanos dentro de sus cercados.




Iconoclasta

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4 de noviembre de 2024

lp--Hay ternuras…--ic



Hay repentinas ternuras que estremecen las emociones y te hacen perder un par de latidos del corazón.

Con las que ya no puedes teorizar sobre la existencia de los sentimientos en los animales no humanos.

Y eso me lleva a pensar en la angustiosa y peligrosa inocencia que los desprotege tanto de los animales humanos. La inocencia es lo que realmente los define como no humanos.

¿Cómo no contagiarse de ellos repentinamente?

¿Cómo no sentirme de pronto un cabrón?




Iconoclasta

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3 de noviembre de 2024

lp--El húmedo y gris otoño--ic


El otoño es el Sr. Melancolía que suaviza las estridencias de nuestra vida para prepararnos a la crudeza del invierno.

¿Qué sería de la cordura humana si pasáramos de la calidez a la gelidez al instante, sin tener tiempo de evocar y añorar tiempos amables; consolarse de que llegará la templada luz y su color de nuevo?

Tiempo para crear esperanzas y despedirse un poco más relajados.

Y pienso que algo falló en mi concepción porque siento la tristeza de que el otoño es tan breve…

Saludo al Sr. Melancolía con un “¡Al fin, jefe! ¿Por qué ha tardado tanto?”.

Nací gris y quiero mi mundo gris.

Soy congénitamente melancólico, es posible que naciera un poco muerto.

Un ser de sangre fría…

Son cosas que no se pueden elegir. Y está bien, no me molesta.



Iconoclasta

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2 de noviembre de 2024

tg--En vivo y en directo--ic


Asistir, ver en directo un golpe de estado como el de España que pasa de la libertad a la dictadura, a pesar de su hediondez, es fascinante.

No puedes apartar la vista de toda esa mierda que como un cáncer pulsa a cada momento todos los días.

En España hoy se puede ver con todo lujo de detalles la mezquindad, la podredumbre ética del gobierno que da el golpe mortal a las libertades y el conocimiento. Y un estado degradado, inoperante e imbécil lo permite.

A pesar de esa repugnancia no puedo quitar la vista de esos políticos fascistas estalinistas, homosexuales con vicio, carceleros y supremacistas con un nivel de ignorancia que sólo se da en la endogámica España, oscura y obscenamente retrasada genéticamente.

Nazis estalinistas parasitando ministerios y tribunales con ansias de totalitarismo islámico y corrupción sudamericana babean con codicia haciéndose ricos en todos los estamentos. Perros sedientos de la riqueza que exprimen con su corrupto poder tras crear leyes que los hacen impunes a los crímenes cometidos, a los que ahora cometen en este mismo instante y los que cometerán.

Es asqueroso escucharlos mentir analfabetamente, salivando sin cesar con la nariz a punto de desmoronarse deshecha por la cocaína.

Con su falta de inteligencia y una nula cultura se plantan ante sus votantes como ilustres palurdos que no conocen siquiera la palabra “ciudadanía” y repiten subnormalmente como cotorras el “todas y todos”. No pueden unir más de tres palabras sin errar.

Esta fascinante repulsión me lleva a preguntarme con incredulidad lo que ya sé: ¿Cómo es posible que tales seres inmundos y venenosos puedan tener la simpatía y voto de la chusma o plebe? No puede ver lo cerdos que son, como si necesitara esta chusma un colirio para limpiar sus ojos sucios, empañados.

Tiene una explicación: la chusma ibérica quiere ser así de puerca, como sus jerarcas votados. Vivir de robar sin dar un palo al agua.

Y para ello no es necesaria la libertad ni la inteligencia, sólo codicia y bestialismo.

La chusma sueña con ser como el corrupto Sánchez y los fascistas racistas vascos y catalanes.

Los podridos de fascismo son los héroes seculares de una población endogámica en las dictaduras.

Los niños en el colegio ya deben jugar a ser cerdos hijos de puta impunes a todo crimen y viajar en avión a todas las regiones del mundo, como si vivieran en el País de Nunca Jamás. Unos juegan a ser jueces, fiscales y abogados corruptos que cuidan de la riqueza y comodidad de los puercos en el gobierno. Los niños ibéricos sueñan con ser estalinistas islámicos corruptos como si de superhéroes de una película censurada de toda verdad y decencia se tratara.

Cuando observo a estos carroñeros del estado español sin más inteligencia y conocimiento que la podredumbre y codicia animal llevar a la humillación, ruina y esclavitud a su masa votante que los jalea y aúpa; doy por extinta a la especie humana, al menos la ibérica.

Y nadie cuestiona a los puercos, o muy pocos, una minoría en extinción también; porque el estado tiene la justa correspondencia con el pueblo, ambos son una simbiosis de podridas ambiciones y codicias irracionales.

Los cerdos del estado son el paradigma de ideal social. Cerdos que ni siquiera se pueden correr al follar porque la codicia pudre el placer. Incluso se enriquecen sin alegría enfebrecidos de corrupta ambición.

Y cuando crean tenerlo todo, incluso el amor incondicional de su pueblo retrasado mental, con el estado parasitado como perro por las garrapatas; morirán. Porque siempre hay otros puercos pulsando con las codiciosas manos sudorosas para ocupar y administrar la eterna corrupción española y su podredumbre institucional. Y robarles lo robado.

Porque el cerdo ibérico copa el poder del estado como un aristócrata impune.

Es absolutamente hipnótico presenciar cómo los excrementos del estado corrupto se expanden como colosales edificaciones de oficinas recaudadoras arruinadoras pudriendo la libertad, el conocimiento y la alegría.

Es pura cátedra de Antropología del Hijoputismo Español. Una clase magistral que sólo se da cada medido siglo y aporta un conocimiento útil para unos pocos inmunes a las retóricas del fascismo parroquial y fariseo, del paternalismo mafioso del bienestar.

Un máster para impedir que te conviertas en otro gilipollas más bajo los palurdos zapatos de un estalinismo cocainómano y maricón.



Iconoclasta


1 de noviembre de 2024

lp--El día de los muertos, los no santos--ic


Hoy es el día de los muertos, otros lo llaman el de todos los santos.

Sinceramente no creo que hasta la fecha, desde que surgió el primer primate humano, se haya muerto ningún santo y mucho menos lo hayan enterrado; o como se dice hoy día: “reciclado”.

La verdad es que tanto me da, a pesar de tener una buena colección de muertos en mis recuerdos. Mi madre reiría por esta ocurrencia; pero no era santa.

Los santos son paradigmas de pobreza y humildad que el estado/dios inventó y sigue creando para que los pobres sientan orgullo de serlo y, no dejen de alimentar y cebar al estado/dios.

La chusma no piensa o no sabe que el cerdo o estado/dios tras haberse cebado debe ser degollado porque sigue comiendo mucho más de lo que ofrecerá ya muerto.

Pero la chusma no ve al cerdo, ve al caudillo, al presidente, al ministro, a un general, al rey, al papa/rabino/ayatolá.

Y el cerdo engorda y lo aplasta todo porque los santos no degüellan a nadie, sólo quieren vivir míseramente orgullosos, cobarde e inmóvilmente humildes y celebrar a sus “santos” con ese infantilismo adulto tan propio del retraso mental o enfermedad neurodegenerativa.

Así seguirán con su orgullosa y patética humildad hasta que sea perentorio matar al cerdo o morir de hambre; pero en ese instante será tarde porque serán demasiado pobres y débiles para resistir el peso del cerdo.

Está bien, nada nuevo bajo el sol. Es algo cíclico, las guerras llegan, mueren los que deben y vuelven a adorar y cebar a un nuevo cerdo.

He visto a un árbol solitario alzar sus ramas esqueléticas al cielo otoñal, clamando la desdicha de su desnudez. Otro invierno que llega, otra prueba de muerte.

Tal vez no sea capaz de cubrir con hojas sus ramas en la próxima primavera.

Está muy lejos de pensar en los santos y el cerdo.

Le he deseado buena suerte aún que está vivo.



Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.