20 de agosto de 2016

Divina Fetidez



¿Lo hueles? Hueles eso?
Es la fetidez de Dios, su aliento inmundo insuflado por todo el planeta, penetrando en todos los agujeros de todos los seres.
En todos los cerebros.
El corrupto aliento de Dios...
Pero a ti no te afecta. No sé porqué...
Tal vez, sea porque eres la más amada del mundo y te otorga inmunidad a la Divina Fetidez.
Te amo y te deseo.
Te amo y te jodo.
Te amo lamiéndote el coño.
Tu coño hermético a la Divina Fetidez...
Y tu coño es mi oxígeno puro.
No sé si lo hueles, mi amor de vagina salvadora.
No sé si eres consciente de la humana y divina fetidez que me asfixia. No sé si eres capaz de sentir su hedor en algún momento de la vida.
Eres mejor y más adorable que Dios, que cualquier divinidad. Y ello te otorga el privilegio de no sentir y así, que tu sonrisa sea eterna.
¿Es eso, verdad amor?
¿Hueles eso? Es el corrupto aliento de las bocas que infligen sus plegarias contra la inteligencia y a la libertad.
Por ello mi pene bombea fuerte en la sacristía que hay entre tus muslos.
Mi polla encaja perfectamente en tu coño, el único lugar donde se siente a salvo.
Nos sentimos a salvo en tu piel.
Porque tu coño es  salvación y tus pezones los clavos a los que me aferro para no sucumbir a la Divina Fetidez.
Me asfixio, sin ti me pudro.
Mi nariz está saturada de hedor y mi semen solo entre tus muslos es blanco.
¿Me explico con claridad, amor?
Eres mi heroína, mi salvadora: el Obsceno Perfume.
El que emana de tu coño como un hálito de vida.



Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

17 de agosto de 2016

Una imagen divina


Incluso le da cierto asco la puta que orina un caño inverosímil de orina contra el pene de un macho de mirada idiota en la película porno; pero su polla no tiene reparo alguno y se mantiene dura y latiendo en su puño.
Eyacula, suelta su carga de semen y deja que le resbale por el vientre, por las ingles y gotee lentamente enfriándose en la sábana.
Se enciende un cigarro, su pene late perezosamente con los últimos ecos del orgasmo; pero no hace caso.
Es salvaje e inmoralmente libre. Inmoral para el punto de vista de la chusma, el no cree en leyes o pautas morales, hace lo que debe sin tener en cuenta a nada ni nadie.
Le apetece un café; pero no quiere preparar una cafetera. Su vientre aún está húmedo de semen, no se limpia. Es suyo, no hay nada de él por lo que sienta asco.
En el café se sienta en la mesa más apartada y escribe cosas en un cuaderno que ofenden al mundo entero.
Y está bien, le viene a la cabeza esa cobardía tan generacionalmente insertada en los cerebros idiotas: "Un día puedes necesitar a alguien, sé cuidadoso". Hace tiempo que se limpió el semen de una paja con aquel consejo. Porque es mejor morir que necesitar a nadie.
Y concluye que muchos están respirando un aire que no debieran, por lo tanto.
Así que escribe y ofende. Así que escribe y se caga en dioses y leyes.
Observa que es el único que está solo en el local, en las mesas charlan, hay un barullo caótico que lo aísla aún más de todos.
Alguien le saluda y le habla del tiempo, el responde con una sonrisa, pero su pensamiento es un nudo de cólera: "Ojalá te parta un rayo, cabrón ".
El hombre le da una palmada amistosa en el hombro, él se caga en "su puta madre"; pero le sonríe y le dice: "Hasta luego".
Observa con desagrado a las pocas parejas que ocupan mesas. Su tiempo de errores ya pasó, ya no necesita ni quiere a alguien a su lado. El tiempo lo ha curado de cobardía, si alguna vez la tuvo.
Una vez la masturbó, le metió los dedos en el coño mientras ella conducía el coche, hizo que se corriera y sus dedos se crisparan al volante; luego no quiso que se la chupara: sentía asco por la zorra. Solo pretendía hacer su toma de posesión: él hace lo que quiere con quien quiere.
Y la vida se torna tristemente predecible, más de lo mismo cada día.
Escribe en el cuaderno que follar ya no es la cuestión: se trata de hacer lo que quieras con alguien. Usar personas...
Y eso ofende la moral y las ideas del amor y el respeto.
La familia es un asco y hace de la libertad un excremento cuya montaña gana altura con los años.
Son cosas que no se dicen, solo se escriben en la intimidad que proporciona la chusma parlante y gritona.
Sale a la calle y llueve, los hay que corren, los hay que ríen por lo divertido de mojarse por un repentino chaparrón.
Él usa el agua de lluvia para refrigerar su cerebro demasiado recalentado, demasiado potente para tanta banalidad.
Llega de nuevo a casa, se sienta en el sillón frente a la televisión apagada, se observa reflejado en la pantalla: y le gusta lo que ve.
Hubo un tiempo que no había intimidad para observarse, para oírse a sí mismo.
Ya todo está bien, vivir más sería estropearlo todo, acabar con indignidad.
El filo de la navaja se hunde en la carne de su muñeca con sorprendente facilidad, pero se le escapa de las manos por el trallazo de dolor cuando los tendones se seccionan.
El cigarrillo está sucio de sangre y crepita al aspirar.
El gato se acerca a él y lame la sangre, se sube a su regazo y se acurruca entre sus piernas. Él apoya su mano ensangrentada y deja que la sangre corra por el pelaje de su único amigo.
Observa la pantalla del televisor con el corazón a punto de fallar por falta de sangre: es tan sórdida la imagen... Casi como lo que él escribe.
Sonríe ensangrentadamente y el gato ronronea tranquilo, ajeno a la muerte que le gotea.
Fin.



Iconoclasta

24 de julio de 2016

Indigentes de la Vida S.L.



- ¿Hay algún momento especialmente bueno para morir?
- No. Siempre es un buen momento para morir. Porque malvivir no es una opción, no hay momentos buenos para malvivir. Morir es todo ventajas.
- ¿Morir duele?
- Por supuesto que sí: los pulmones y el cerebro piden oxígeno y el corazón detenido es un instante angustioso y eterno. Aún así, no es más doloroso que malvivir.
Y es más digna la muerte que una vida como... pongamos por caso, la nuestra. Somos... como lo diría... alérgicos a esta vida.
- ¿Qué ocurrirá luego?
- Vamos, hombre, lo tengo por alguien inteligente. No me venga con esas... Es lo mejor de todo: no ocurrirá nada, no hay consecuencias. Y si las hubiera, que se queden para los vivos. No responderá de nada.
Así que antes de morir sea malo, deje deudas.
- ¿No es triste morir solo?
- No es triste, es de una admirable valentía, libertad y elegancia. Morir debe ser un acto íntimo. Imagine que le filman en plena agonía y se cuelga el video en internet. Recuerde la única ley inviolable en el planeta: cobardía con indignidad se paga.
- ¿Y qué será de los que me quieren?
- Nadie le quiere, no quiere a nadie. No estaría aquí si así fuera.
- Es cierto, solo quería parecer importante por un momento.
- Es usted un gran tipo, pero no es importante para nadie; ni falta que le hace. La importancia está basada en el interés y es precisamente por ese interés por lo que sentimos una náusea crónica al despertar. La tristeza de un nuevo día es un cáncer que nos come. No se trata de ser importante, lo que cuenta es ser único. Y le aseguro que usted lo es. ¿Qué decide: veneno, gas, cuchillo, disparo o lanzamiento desde gran altura? Todo está al mismo precio, al menos esta semana. Porque está a punto de subir el precio de los venenos y no sé si podré mantener la tarifa.
- Me quedo con el disparo.
- Quinientos euros y firma del documento de consentimiento.
- Me parece bien... Aquí tiene.
¡¡¡BANG!!!



Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.


17 de julio de 2016

La Sierra del Silencio


Tienen miedo, se sienten vergonzosamente inseguros.
Por eso gritan y demuestran euforia entre risas.
Son cabezas de ganado de sus poblaciones limitadas por hormigón, ladrillo y asfalto, por falsas arboledas debidamente urbanizadas.
Están tan adaptados a su entorno, tan necesitados del roce de sus congéneres, que gritan y jalean continuamente en sus bicis o marchando en grupo para alejar el temor que les inspira un lugar que no es habitual.
Ellos mismos marcan su libertad a unas horas, unos días. Sobrepasado los límites, necesitan volver a su redil, a sus ruidos, a sus fétidos olores.
Tengo una maravillosa carencia: no siento afecto por el lugar en el que nací. El lugar en el que nací se convirtió con  la edad en una celda de muros enmohecidos.
Porque yo no pedí nacer allí.
Quiero lo que busco, no lo que me dan.
No quiero patria, con el tiempo me aburren todos los lugares, todas las gentes.
Necesito amplios espacios para mi animalidad.
Para orinar en libertad o regar con semen el pie de un árbol cuando estoy en celo.
Caminar en silencio me da paz, me llena, reafirma mi libertad. Me molesta la cháchara humana, la que hace mierda el silencio, la magia de la soledad.
Están cagados de miedo porque no es su lugar, donde nacieron. Donde viven sus papás y mamás. Pobres hijitos que en su madurez aún necesitan los mimos maternos.
Caminantes parlanchines en multitud...
Siento vergüenza por los humanos y su necesidad de consuelo mutuo.
Quieren vivir y morir en grupo.
"Voy a morir (o a mear). ¿Me acompañas?", dicen, piden, ruegan...
Mierda, yo no quiero eso, me da cólicos el trabajo en equipo.
Doy gracias al azar por haberme hecho valiente. Por haberme hecho solitario. Cuando ellos lloran, yo fumo tranquilo paso a paso cerrando los ojos de placer por el aire frío que da consuelo a mi hostilidad.
Adoro la luna que saca lo mejor de mí en noches solitarias de silencios letales.
Doy gracias al azar por mi vagar tranquilo, por mis certeras palabras que toman forma en la intimidad de una montaña.
Doy gracias a la suerte por no ser un cobarde en crisis de euforia. Por mi capacidad de hacer de las personas vidrios completamente transparentes, trozos de carne alimenticios.
Tal vez, estoy viviendo una edad, unos años que no me pertenecen. Debería haber muerto hace tiempo, cuando sentí la aséptica mordida del hastío.
No soy un Bukowski o un Kafka, no soy alcohólico, no estoy loco.
No tengo excusa ni perdón por mi pensamiento gélido hacia la especie humana, soy cien por cien un descontento nato, sin aditivos, sin llantos narcóticos.
Poco a poco diluyo el mundo que me dieron y le doy forma al mío. Cada vez más solo, cada vez más sólido.
Y sin darme cuenta, he medido los tiempos por la aparición de animales, por la floración, por el calor y el frío.
Olvidé que una vez los tiempos los marcaban los colegios, las vacaciones, las festividades. Todo eso está tan lejano, es tan borroso. Como si no hubiera existido.
Lo hermoso tiene un contundente poder y barre las miserias con una facilidad pasmosa.
Encuentro rincones donde escribir sobre cobardes y ganado humano, y el tiempo se pierde sin que me pese.
El rumor de hojas y agua, el trinar de mil pájaros, el lejano pitido de un tren...
Todo ello me hace saber que estoy muy lejos de todo, al fin.
Estoy en la Sierra del Silencio, donde las reses humanas gritan su inseguridad de vez en cuando.
Soy un hombre lobo, un error: solo debería ser lobo.
Bien, nada es perfecto, soy tolerante.
Pronto se irán a sus queridos lugares de mierda.
Y los pocos que queden, serán mi alimento.
Me tranquiliza.



Iconoclasta

15 de julio de 2016

666 y la tentación



-No naciste, nunca exististe.
-Solo eres unas horas de insomnio, una carne triste e inmaterial.
-Eres solo tiempo perdido entre fatiga y frustración.
-Mejor muerto que vivo. Mejor la sangre fuera que dentro.
-Morirás. Lo que sea que queda de ti, morirá triste e ignominiosamente en el Vertedero de los Nadie.
-Una bolsa de basura que roen las ratas.
-Acaba con esta mierda.
-Acaba contigo.
- ¡Acábate!
-Toma la navaja, bebe lejía, respira gas, quémate, lánzate a las vías... Pero acábalo.
-No hay quien aguante tu existencia, si así se le puede llamar a tu respirar.
-Ni tú mismo te soportas.
666 aspiró una profunda bocanada de su habano Cohiba y observó al hombre fijamente, esperando una reacción. La Dama Oscura abrazaba su brazo y observaba con ojos brillantes de expectación acariciando los seises escarificados en el antebrazo, eternamente sangrantes.
El mendigo, sucio, con una barba que negaba sus cuarenta años y le otorgaba los sesenta. Lloraba con una arrugada foto de un niño en su mano.
Los dedos de sus pies desnudos e infectados, estaban contraídos en un dolor constante.
Se encontraban bajo el puente de una autopista y se sobresaltaba cuando un camión provocaba un rugido grave y profundo en la estructura de hormigón y el aire. El alumbrado de la carretera, creaba penumbra amarillenta allá abajo.
El hombre y la mujer lo despertaron en plena madrugada, hace apenas unos minutos.
Y la maldad con un cuerpo más ancho que alto y vestida con pantalones caqui, camisa holgada y botas, hablaba como una serpiente sibilante preñada de veneno. De un odio viejo como la tierra misma.
Hipnóticas, cadenciosas eran sus palabras...
La mujer frotaba obscenamente sus pechos en el brazo que era más grande que sus musculado muslo.
-No puedo, no tengo fuerzas para matarme ni para vivir -le respondió con la voz rasposa. Hacía semanas que no pronunciaba palabra.
666 cambió repentinamente su tono para pasar a expresarse coloquialmente, como si no hubiera existido toda esa malicia susurrante.
- ¿Lo ves, mi Oscura? No sé quien inventó esa patraña de que yo podía convencer con engaños a los primates. Puedo invadirlos y obligar a su cuerpo que haga lo que yo quiera, desplazar su alma a un rincón de su mente; pero no puedo, no quiero, me aburre convencerlos. No soy tentación, alguien se equivocó miserablemente en las Sagradas Escrituras.
El mendigo notó la muerte como un escalofrío en la nuca.
-Sé que debo suicidarme, estoy a punto de hacerlo. Créame, señor.
-Ya es tarde, me he aburrido -respondió 666 con el puro en la boca, mordiéndolo.
Un hilo de baba manchó su camisa.
Como una bestia sedienta.
Llevó la mano por encima de hombro y sacó el puñal clavado en vertical en la carne de sus omoplatos.
- ¿Te lo distraigo? -le preguntó en un susurro al oído la Dama Oscura.
-Sí... Vamos a darle algo de morbo al mono. Que el primate muera sin entender.
La Dama Oscura avanzó hasta el mendigo sentado entre cartones que olían a orina. Se colocó frente a su rostro, con las piernas del hombre entre las suyas y levantó su pequeña falda para mostrarle su vagina brillante y húmeda.
- ¿Quieres lamerme?
Una mano estaba hurgando en la bragueta de sus pantalones rotos y la mujer avanzó su pelvis hasta hacer que sus labios rozaran el monte de Venus rasurado, perfecto, suave...
El hombre sintió algo cercano a la excitación; pero duró un segundo.
666 le cortó el pene con un tajo rápido, no le dio tiempo a reaccionar. La Dama Oscura se situó a la espalda del mendigo sujetando firmemente su cabeza con las manos aprisionando sus mejillas.
666 metió el pene en su boca y le acuchilló los ojos.
La Dama Oscura dejó escapar su orina en la espalda del mendigo que no podía gritar; pero era todo él una convulsión absoluta, casi ingobernable.
-Te he dado la oportunidad, mono de mierda. No deberías haber vacilado tanto - le decía cortando la nariz y las orejas.
-No soy una puta tentación, no tengo que convencer a nadie. Estoy aquí para mataros a todos, primates. Porque sois el error de ese dios maricón. Y al final, lo mataré a él y les pudriré el ano a sus ángeles con mi pene maldito. No quedará nada de lo que un día ese anormal creó.
La Dama Oscura ya no tenía que mantener al mendigo sujeto, se encontraba en estado de shock.
666 acabó el trabajo abriendo la pared intestinal del mendigo y sacando sus vísceras para colocarlas a un lado, perfectamente amontonadas.
Luego, clavó certeramente el puñal en el pecho partiendo el corazón.
-Estoy muy caliente, mi dios... -le dijo la Dama Oscura mostrándole en la penumbra su vagina empapada.
La tomó por su negra cabellera y la obligó a ponerse a cuatro patas, con las rodillas en el vientre abierto del primate. La penetró con fuerza y ella gritó como una hiena en la noche cuando el negro semen hizo regueros en la piel de sus muslos perfectos.
-No soy tentación, mi Dama Oscura. Soy directo, soy la verdad oculta. Soy un acto imparable, soy la decisión implacable. Soy una polla que mata, mata, mata, mata...
-Eres mi tentación -dijo ella arrodillada, acariciando su pene, besándolo, limpiando con la lengua el semen que aún escupía.
La Dama Oscura hizo una foto con el teléfono móvil al primate descuartizado.
-Es para instagram -dijo con voz traviesa, con la falda aún levantada.
Y ambos rieron.
666 conjuró cerrando sus puños con fuerza y volvieron al infierno.
A su oscura y húmeda cueva donde las almas aúllan de dolor desde la creación y jamás tendrán consuelo.
Siempre sangriento: 666.



Iconoclasta

13 de julio de 2016

Rodilla de goma



Ella dice que es de goma, que no aguanta. Que tiene miedo.

Como no tiene boca, la hija puta lanza dolores.

Las rodillas deben ser firmes, es razonable que proteste.

Es legal.

Pero no le puedo hacer caso, ni decirle que se encuentra en el filo de una sierra de un cirujano indiferente.

Se deprimiría.

Tenso los ligamentos de la rodilla. Requiere esfuerzo, requiere sudor, requiere determinación y obviar el miedo.

El resultado es bueno y la sensación de que tiembla, de que desfallece en su paso firme, pasa a ser responsabilidad de la tierra.

Es el planeta, el mundo, el que no soporta nuestra firmeza.

Es el mundo el elástico, el que cede bajo el peso de mis cojones.

Así tranquilizo mi rodilla de goma.

Porque un día no estará al final del muslo.

No quiero ser sincero, no es necesaria la crueldad con quien amas.

La verdad es un mierda que no aporta nada bueno, para eso se inventaron dioses, budas, alás, cristos, zeus...

Y por otra parte, en un mundo de mentiras y cobardías, las verdades son como echar margaritas a los cerdos.

Mi rodilla de goma solo quiere ser una buena rodilla.

Así que la verdad, la mía y la del planeta, me las paso por el culo.

Y caminos mi rodilla de goma y yo destrozando la hierba para que no crezca jamás, como Othar el caballo de Atila.

Aunque duela.

Aunque el sudor haga cráteres en el polvo del camino.

Mi rodilla es de goma, mi hostilidad de acero.

Inquebrantable...




Iconoclasta
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12 de julio de 2016

Seremos sepulcro



No sé como será nuestro amor y nuestra pasión en los próximos años, no sé como nos besaremos y donde te follaré. No sé ni siquiera lo que ocurrirá dentro de un minuto.

Pero sé cual es el final.

Formaremos el obsceno sepulcro donde los afables abuelos y los buenos padres, se masturbarán. Donde las madres apretarán fuerte sus muslos estimulando su clítoris mal usado.

Seremos La Meca, la negra piedra de los hipócritas, de los que sudan pensando en cosas que no harían jamás porque no pueden, porque no saben, porque sienten asco de sí mismos.

Porque no son hombres, no son mujeres. Son rodillas gastadas de silenciosas mamadas sin luz, sodomías del alma y el ano que gozan de sus amos, de sus dioses.
Seremos los amantes muertos en un sepulcro con doseles de terciopelo rojo burdel y manchas pecaminosas en las sábanas.

La Santa Sábana Carnal, en la que la mariposa de tu coño dejó una huella indeleble, donde tu boca aloja mi polla y mamo tus pezones hasta el dolor de mis dientes, hasta el agua que brotará por tu coño.

Se masturbarán regando nuestras flores marchitas con el semen de los idiotas, con el semen corrupto de los fariseos que desean follar a sus hijas y nietas y callan y sudan la mierda de su cerebro, como un alquitrán pútrido que cubre las calles de sus ciudades.

Porque no encontraron la pasión, no encontraron la mujer, el hombre.

Se quedaron con lo que tropezaron, perezosos malos folladores, malos amantes. De negros pensamientos, de nulos actos.

Seremos mármol en el mausoleo sexual, donde te besaré cubriendo con la mano tu coño hambriento, y tú aferrarás mi polla goteante, ansiosa de ti.

Ante ellos, ante el mundo. Ante los enfermos y los locos.

Seremos el infierno en la tierra.

A pesar de la muerte.

A pesar de los puercos que orinan y piensan que eyaculan.

A pesar de los hijos que son de mierda, engendrados por sodomías esclavas, por sodomías cobardes.

Por narcóticas y alcohólicas frustraciones de un sexo que no comerán jamás.

Solo sé, amor, el final; lo que hay en medio, antes de la muerte, es maravillosamente ignoto.

Porque contigo no hay años de días iguales, contigo me espera el sepulcro de la lujuria. Morir clavado a ti.

Hundido en ti.

Ante ellos, ante su vergüenza y envidia, ante sus sexos húmedos de podredumbre.

La eternidad es tu coño.

Descansen sudando en su sepulcro los obscenos amantes.



Iconoclasta