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21 de marzo de 2026

lp--Murf el milenario--ic


Me asusta Murf cuando lo observo pensativo.

Me asusta cuando comprendo con un vértigo su ancestral y pura sabiduría milenaria. Su naturaleza pura e inviolada.

No como la mía, castrada e imbécil.

Lo quiero más que a mi puta vida.

Pierdo dos latidos del corazón ante la posibilidad que un día pudiera morir y abandonarme a mi solitaria y anodina idiocia.

Si dios existiera y yo fuera crédulo, le rezaría algunas jaculatorias para que me matara antes que a él.

Murf no me necesita, es pleno y sabio. Es de naturaleza libre y autónoma.

Cuando lo observo ensimismado en su pensamiento, su grandeza es aplastante como la ternura que desata en mí.

Soy un mierda, no tengo nada que mostrarle.

Jamás seré una pérdida.

Él sí.

Mi hijaputa pérdida.

No quiero sobrevivirlo. Sin él perdería el contacto y concepto de la libertad y sabiduría innata.

El conocimiento es sólo un maquillaje hortera que cubre la soriasis de las incapacidades e imposibilidades de los que hemos nacido en cautividad, en las ciudades y bajo las leyes que nos convierten en cerdos de granja revolcándose en su mierda con indolencia.

Y si dios existiera… Bueno, ningún dios/muñeco tiene poder sobre Murf; su sabiduría rechaza toda superstición humana.

Toda piojosa mentira.

A lo sumo, Murf es poesía orgánica.



Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

18 de abril de 2020

Lo que Murf atisba


Pienso en los seres que más quiero y en todo lo que haría por ellos.
Y en los que odio y las mil formas que imagino de masacrarlos.
Murf me observa con cierto interés, intuye la gran tensión que hay entre el odio y el amor en mi cerebro eficaz y peligroso.
Todos los bordes son peligrosos, cortantes.
Y si caminas por un filo, acabas herido tarde o temprano.
Bueno, más temprano que tarde.
De hecho estoy tocado desde hace mucho.
Y si ya lo estoy ¿qué puedo perder con un acto abominable?
El dolor te hace insano, ergo osado; el hastío, simplemente peligroso.
Y puede que algún día, si antes no muero, tenga que hacer algo por ellos por los poquísimos seres que amo con toda mi alma (si tuviera); como masacrar a los que detesto con una cólera controlada, fría y tóxica. Sistemática como un campo exterminio.
E inevitable.
Tal vez les deje un mundo mejor si descuartizo a cuantos pueda.
Extrañamente, puedo amar y odiar con idéntica pasión. Al mismo tiempo en cualquier lugar.
Algunos dicen que no es posible, pues sí lo es. Perdónales, Dios, porque no saben lo que dicen.
Soy el fracaso de Jesucristo.
Las tradicionales mentiras y leyendas religiosas siempre ayudan a dar más dramatismo a mi pensamiento incierto e inapropiado. Y por otra parte, las irreverencias son fuente de satisfacción.
Cuanto más quiero a esos pocos, más odio a esos millones. Amor y odio son directamente proporcionales y residen en el mismo lugar.
El lugar que mi Murf atisba.




Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.