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14 de agosto de 2026

tg--Una pierna podrida--ic



No hay modo alguno de evadirse, de relajarse cuando arrastras una pierna casi en descomposición que pesa como el plomo.

No es sólo por el calor y la fatiga.

Es el dolor y el desánimo.

El dolor y los recuerdos.

El dolor y lo que no pudo ocurrir.

El dolor y lo que te resta de vida.

El dolor y la vergüenza de un mal caminar.

Y el dolor está intrincado en el cansancio, intrincado en el miedo en mis huevos.

Y en la memoria.

La cochina memoria...

Y otra vez intrincado en el propio dolor.

No hay forma humana de sonreír cuando arrastras una carne cadáver.

Aunque no sonreír hace tiempo que dejó de preocuparme.

Esa cosa, esa pierna, te infecta todo quieras o no.

Y aún así, las células insisten en dividirse y multiplicarse; como si el dolor no fuera con ellas. Ni la memoria, ni el cansancio, ni el desánimo.

Ni la puta que me parió...

He aprendido de una forma natural, intuitiva que es más fácil odiar que amar.

Maravillosa e impúdicamente fácil, incluso a uno mismo.



Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

18 de febrero de 2020

Trozos de cosas


Tengo un cajón en mi puta cabeza lleno de trozos de cosas. No son cosas rotas, son solo restos.
No sé porque los guardo.
Posiblemente para, como Frankenstein, hacer un collage triste con los desperdicios; a pesar de que son trozos que no sirven como repuesto a nada. Aquello que un día existió, hoy no tendría utilidad alguna, ni sentido.
No soy artista, los trozos son solo tumores infectando el cerebro y sus consecuencias.
Tengo un síndrome de Diógenes infectando la memoria con deshechos de lo que un día fui.
Y la memoria hija de puta me dice: ¿Esto es lo que fuiste? ¿Dónde quedó lo que querías ser?
Y yo le digo que nunca quise ser nada, no planifico jamás, hago lo que debo cuando me apetece. Fui lo que debía en cada momento. No le veo el drama, sinceramente.
No quise ser más que lo que deseaba en ese momento. Y los momentos murieron y yo con ellos.
Nunca quise ser explorador, o médico o una celebridad de mierda. Quise siempre estar lejos de todo lo que no me gustaba, con eso me conformaba. Cuando no lo conseguía, me convertía en un ser detestable, cosa de la que no me arrepiento a pesar de esos trozos rotos que hay por el cajón.
De hecho, seguro que en las últimas horas ha ido a parar a ese cajón de putadas de mi cabeza, algún otro resto apestoso de lo que fui hace unos días, o unos segundos.





Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

1 de julio de 2019

Una bestia


No puedo evitar evocar mis dedos acariciando lo más profundo de tus muslos y esa magia que es caballo en mis venas: cuando los separas y tu coño se torna indefenso y lujurioso, cuando mis dedos extienden por tu piel la baba que dejas ir sintiéndote deseada y puta.
Y mi cochino glande dentro de ti, buscando con violencia más profundidad, follarte la mente, y más adentro…
Follarme a la diosa… Rendirle mi semen como sacrificio cruento, porque cada vez que escupo mi leche en tu piel, muero un poco.
Cuando tu coño derrama mi semen siento deseos de asesinar furioso y violento. Desciendo hacia una animalidad desbocada aferrándome a mí mismo.
No puedo evitar estrangular mi polla soñando que tu coño palpita hambriento ante mi boca.
Evocarte es escupir mi semen sin control. Adoro la bestia que hiciste de mí.
Un asomo de lujuria, un dolor de cojones, un infarto no definitivo.
Amarte y follarte… Deberían estudiarme en los colegios, para que los hijos de mediocres no lo sean.





Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.