19 de mayo de 2011

Madre puta querida



Yo no celebro el día de la madre. Celebro el de mi madre puta.
¿O acaso te has pensado, mi puta madre, que te voy a amar por el simple hecho de que me escupieras por tu coño?
Las cerdas también paren hijos. No te creas tan especial por haber dilatado tu coño durante unas horas.
Eres especial, mamá de mierda, porque cuando el perro de mi marido me partía los huesos, cuando yo llegaba a tu casa amoratada, dolorida y llorando de miedo, ni siquiera me mirabas.
Es el día de mi puta madre; todos los días recuerdo llorar con mi coño sangrando y escuchar tus palabras y consejos: “Es tu marido, el padre de tus hijos. No lo dejes”.
Y yo me iba a mi casa de nuevo a meterme agua fresca en mi chocho violado. Me preguntaba como corregir mi comportamiento para no ser violada y golpeada.
Podía ser perra o cerda como tú, hubiera hecho cualquier cosa porque no me partieran más la madre; pero no supe más que tener miedo y sentirme sola.
Madre puta de mierda, no me dolía la cabeza por una depresión; me doblaba de dolor por los golpes que me daba tu yerno de mierda.
El cerdo padre de tus nietos.
Hoy, como cada día, mi vieja y puta madre; escupo en tu coño piojoso. Y te digo mientras tus nalgas se pudren de llagas creadas en ese pañal que nunca te cambio, que tu hija se divorció del perro que la mataba a golpes. Que tuve al final, un coño más grande y más valiente que el tuyo.
Tus pañales huelen a muerte lenta, vieja y puta madre.
Madre puta querida: te oí hablar a menudo con el criminal que le rompía la madre a tu hija (yo), día sí y día también.
Le decías que me perdonara, que con el tiempo yo aprendería a ser una buena esposa: a fregar el suelo de rodillas, planchar calcetines y dejar que me metiera su ridículo pene en mi reseco coño sin llorar.
Eso es lo que debería ser una buena madre y esposa, ¿verdad madre puta querida?
Cuando me divorcié con la nariz rota y mi mente desvencijada y humillada, me reprobaste con la mirada.
Y algún día, madre puta querida, dijiste que debería volver con él por el bien de mis hijos, por mantener una familia como debe ser.
¿Te das cuenta, madre puta asquerosa; de que ese cáncer que obligó a que te extirparan la lengua, nació de tu ser de madre puta, de tu repugnante comportamiento? Estabas y estás podrida, madre puta querida.
Te hiciste amiga de mi enemigo y lo llamabas para conversar con él. Con el que me follaba haciéndome sangrar el coño. El que me hacía vomitar con su olor.
Pretendías que volviera con mi asesino, madre puta querida. Te avergonzaba que tu hija fuera una divorciada más.
Por eso eres madre puta. Y ahora inválida.
Dejaré que tus propios excrementos fermenten tus nalgas y lo infecten todo hasta llegar a tu cerebro que ya hace años sólo sirve para que te mees con más incontinencia.
Ni tus nietos voy a dejar que te visiten, vieja inválida y muda puta madre.
Dile a tu querido yerno de mierda, que te los traiga él, díselo con tu voz muda de mierda. De puta sifilítica. Que se presenten ante ti tus nietos para que vean a la abuela más puta del mundo pudrirse en vida.
Vamos, no llores madre puta querida, este puñetazo que te he dado en esas mamas secas e inservibles no duele comparado con un buen puñetazo de un macho en el cuello.
¿No me decías que me aguantara? Aguanta ahora tú, mi puta madre querida, al fin y al cabo es el dolor de tu hija, sangre de tu sangre.
Al fin y al cabo a ti no te meto nada en el coño a la fuerza.
¿Por eso lloras, puta madre querida?
¿Quieres que tu yerno de mierda te llene el chocho como a mí me lo llenaba?
Con aquel cerdo pasé cinco años, tú llevas ocho conmigo; pero yo soy tu hija.
Yo a ti nada tengo que perdonarte y cuidaré así de ti cada día.
Y tus otros hijos, mis hermanos, seguirán diciendo que soy la mejor hija y hermana que pudiera desear madre. Que de no ser por mí, te verías en un asilo.
Madre puta querida... ¡No llores!
Yo sí que te hago caso, te entiendo.
Cada día, cuando te doy de beber vinagre y sal, me doy cuenta de tu dolor y angustia.
Te miro directamente a los ojos y te digo que tienes razón al sentir dolor y miedo.
Jamás te ignoraré. Hasta que te mueras, madre puta querida.



Iconoclasta

El montaje de la imagen es de la autoría de Aragggón


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