17 de mayo de 2011

Asfixiante amor



Me asfixia, me ahoga con sus labios que me inundan.
No vivimos un orgasmo sincronizado; es asfixia conjunta.
Es la estrangulación de cuerpo y alma.
No sé donde empiezo ni donde acaba ella.
Me roba el aire que debería respirar.
Me ahogo en sus abrazos ante la presión de su carne, su piel...
Suave, densa.
Los poros tampoco pueden respirar.
Sólo puedo sudar.
Los besos... Amar nunca ha sido como respirar aire libre, no con ella.
Es mentira: el amor no hace un mundo nuevo y feliz. No hace el aire puro.
Amar es respirarla. Y su bendita carne no puede asimilarla los pulmones.
Es hundirse en la mismisima sima de su placer sin aire.
Todos los pulmones desean respirar aunque estén enamorados.
Y ella es una aberración de la supervivencia.
Ella no es vida, da su vida, es un suicidio a dos.
A veces se para el corazón pensando en ella.
No hay tiempo para aire, hay que sorber la vida misma; su coño, sus pechos, su piel a tiras si es necesario.
El centro del universo es pesado como un agujero negro y ahí todo es absorción.
Y me hundo en ella buscando un fondo que no hay.
Lamo entre sus piernas, con los dientes asomando. Es la furia de amar a tumba abierta; no hay consuelo.
Los dedos...
Mis dedos están untados de ella, se han hecho dependientes de su piel.
Tienen el estigma de su amor metido entre las uñas.
Y mi pene está gélido fuera de ella; necesito su coño profundo, caliente.
Asfixiante.
Nos derramamos entre gemidos que nadie podría decir que es placer. Hay angustia de épocas de soledad y ausencia.
Cicatrices...
Nadie podría decir si es placer la entrega es dolorosa porque nos hace olvidar la respiración. Parece agonía liberadora.
Como si la vida también pesara demasiado.
Resisto la carga de profundidad que es la contracción de su placer y mi espinazo parece partirse por el esfuerzo. Deseo que se parta, ser una serpiente rota a sus pies.
Deseo mi piel entre sus uñas cuando dobla el universo en dos con sus gemidos. Cuando de su vientre nace y alumbra el placer puro: un bebé que se derrama entre muslos y pubis al ser parido.
La vida misma se autofagocita y la puedo lamer entre sus ingles. Restos frescos de amor.
Benditos los niños del placer asfixiante. Somos los padres carnales de niños sin pulmones.
Amar agota.
Amar dando la vida es agonía hermosa.
Hay que ser valientes; pero la valentía es una opción. Con ella no hay alternativa, es el único camino: asfixiarse en su amor.
No hay voluntad de heroísmo.
Morir en ella, con ella, entre ella y dentro de ella.



Iconoclasta
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