31 de marzo de 2010

La vida es bella, the movie

Uno pasa el rato viendo una película en principio amable y distendida, y no hay forma de relajarse. Es un tanto dramática, muy dramática; pero vale la pena pasar un mal rato para disfrutar del arte.

A veces sueño que pulso el botón rojo, que arderán millones de cuerpos gracias a mi acto de poder y no sentiré más que una sensación de alivio. Odio a la especie humana tanto, que les arrancaría los pulmones metiendo mis puños en los millones de bocas hipócritas, envidiosas, enfermas, insanas...

Es un error el podrido cerebro en el hombre.

Ocurre que las películas afables, sencillas y emotivas provocan en mí sentimientos encontrados. Porque hacen mundos mejores o realmente peores, tan malos que uno siente pavor de imaginarlos. Y así el mundo es más interesante.

Disfrazan la realidad de fábula y todo adquiere una trágica ilusión que nos enseña a dar importancia a una bocanada de aire

Pues no hay forma de relajarse ni con la Barcarola de Offenbach. Odio tanto a la humanidad que ni la música me amansa. Soy demasiado bestia.

Otros me podrían llamar misántropo, pero la semántica me la paso por el forro de los huevos.

En ocasiones escribo de un dios malvado que mata niños, que descuartiza seres y se los come si es menester, que clava el dolor en el dolor. Es literatura.

La vida es bella es cine basado en un tiempo y una situación real.

Y eso me hace pensar en los cerebros podridos que me leen torciendo el gesto con disgusto y sus delicadas tripas que se revuelven con asco porque hay pasajes de sexo y violencia ficticia. Y yo que pensaba que era algo divertido mis historietas... Soy tan cándido.

Es lo peor que pueda haber para vosotros, mis detestados ignorantes: una palabrota, un taco, una expresión soez. Una imagen de sexo crudo.

Preferís mil veces el pequeño y pálido pene de un cadáver judío. ¿Correcto?

¿No os apetece una vitamina para fortalecer vuestro cerebro? Id al médico y me ahorráis un ardor de estómago cada vez que penséis.

Es mucho más soportable abotonarse la camisa con un hueso de judío o gitano y pensar que era historia y que ya pasó. O como no lo habéis visto, no ha pasado. Al fin y al cabo, mis lerdos ignorantes, si no veis, no sentís. Eso sí, si os ponen unas bonitas imágenes que no sean demasiado escabrosas, podréis filosofar sobre la conveniencia o la sinrazón de una exterminación con una taza de café en la mano. Y sin fumar que es mucho más sano.

La literatura es horrible, una maldición cuando habla de sexo y sangre. Hitler y sus maricones asesinos fueron algo a estudiar y sobre lo que discutir en una agradable tertulia. Ellos no decían palabrotas, simplemente y con todo el respeto, quemaban a los judíos, que tanto odiáis, intelectuales fariseos; pero con las puertas cerradas, sin decir palabrotas. Para que no os sintáis ofendidos ante la violencia y el desnudo.

¿Os gusta más así, mis delicados fariseos?

No debería ser necesaria la hermenéutica para entender un simple texto. Eso es para las cosas sagradas que son confusas y mentirosas. No hay que desentrañar grandes misterios cuando la comunicación cumple su función.

Os dan más miedo las palabras que los muertos, os ofende más una ficción sexual que el asesinato y la esclavitud real.

Es que es muy feo decir que un hombre le mete su polla a una mujer en el coño y esta rabia de placer. Es mucho mejor y más sano, más catártico el que quemen de verdad a unas mujeres y niños; que de haber vivido, habrían ocupado más sitio en Israel y jodido más a Palestina.

Y quien habla de judíos, habla de las distintas culturas que han sido extinguidas en nombre de la civilización y la religión.

Podríamos tomar de ejemplo de cerdos a los españoles en Sudamérica y a los ingleses, franceses y holandeses en Norteamérica y África. Así citados de una forma somera, no hiere la sensibilidad ¿verdad, cretinos?

Vamos, mis psicoanalistas filósofos baratos de pavoroso miedo a la sangre de la literatura. ¿Seguro que no habéis soñado con follar a vuestra mujer por el culo arrinconándola en la cocina?

¿O es menos ofensivo el cadáver de la mujer judía tirada en un rimero de cientos de muertos manchados con cal viva?

¿Por qué no vomitáis por los quemados y quemadas? ¿Sabéis que sus coños estaban hinchados como los de una vaca por el raquitismo? No es culpa mía, no lo hice; simplemente lo comento.

Os llamo la atención sobre el dato, mis detestados hipócritas de mierda; y si queréis podéis tachar coños raquíticos para no sentiros ofendidos. Y luego os hacéis una paja soñando que os folláis ese coño enorme. Os conozco hasta el vómito.

Hasta el asco.

Os repetís en la historia, vuestro mensaje genético se itera generación tras generación y no hay predadores que os devoren. Ni otro asesino de masas conseguiría acabar con vosotros, degenerados hipócritas.

No se trata de literatura, fariseos. Era gente que vivía y respiraba, no había un dios satánico que diera algo de emoción e importancia a la muerte. Eran tarados como vosotros que leéis palabras y os asustáis de la iniquidad imaginaria que hay en ellas. Es mucho peor la muerte de un ser humano que la violación de un personaje en una novela.

Y os sentís peor con lo último.

Os haría arder hasta que vuestros huesos se hicieran ceniza al viento. Puritanos.

¿Os lamentáis de la violencia en el cine? ¿Qué os creéis que es La vida es bella? Una fábula donde se demuestra el coraje y el valor humano.

Y una mierda para vuestra puta boca infecta y llagada de moralina. Esa película es una pesadilla en la que buscamos una escena en la que poder reír para escapar de la verdad. Sólo que hay una bonita banda sonora y no dicen palabrotas.

Queman a la gente y no se ve. Es importante que no se vean esas cosas ¿verdad, piara de hijos de puta?

Para que lo sepáis: una piara es una manada de cerdos.

Lo que vosotros necesitáis, es un brillante y amable diálogo donde no hayan palabras como follar o cojones. Y si las hubiera que salieran de boca de un escritor bien publicitado con la venia de vuestros amos, los que os dictan el pensamiento.

Os conozco tan bien, que vuestra desaparición sólo constituiría una ligera arritmia de alivio en mi corazón.

Odio la inevitable tautología.

Vaya, vaya, mis idiotas... ¿Queréis cuentecitos donde a los muertos se les mata tras el telón y no digan cosas sucias? ¿Que os pinten el puto botón de la camisa de color verde para que no parezca el hueso de una judía que antes de ser carbonizada tenía un coño desmesuradamente desarrollado?

Yo no quisiera ser grosero, entendedme. Pero tampoco quisiera ser como vosotros, fariseos.

Hacéis daño y me ofendéis la inteligencia con vuestra existencia.

Prefiero coger por el coño a mi reina y decirle que la quiero más que al puto dios y follármela en el altar de la Catedral del Mar que lavarme la cara con la grasa jabonosa de un judío.

Es la diferencia entre la humanidad y yo: la humanidad detesta las palabras y los sueños retorcidos, prefiere la tranquilidad de los inocentes incinerados en hornos crematorios para después llorar su muerte con bellas bandas sonoras y películas que exaltan el inconmensurable amor de un padre por un hijo.

Yo solo fumo y odio lo banal y lo hipócrita.

Ojalá os quemen la lengua que os mordéis al ver como penetro a mi reina en la iglesia.

No sabéis la suerte que tenéis de que sienta tanto asco de pensar en vosotros, que ni siquiera quiera ensuciarme los dedos con vuestra muerte.

Puritanos de mierda. Maricas de culo sucio...

A mí no me jodáis con la blasfemia y la falta de gusto. No os masturbéis mortificándoos, soñando como yo o mi diablo penetramos a la mujer de enormes tetas y la hacemos gozar a pesar de la navaja que corta sus pezones.

Porque mientras tras el precioso decorado queman a un niño, vosotros, hijo putas, os tomáis un café pensando en el ingenio de la fábula narrada.

Y no tenéis suficiente cerebro para llegar a sentir el verdadero mensaje y la ira encerrada en esa buena película. Os falta sensibilidad, os sobra envidia y os sobra podredumbre mental.

¿Por qué os creéis que en las películas todos los exterminados son cobardes disfrazados de ingeniosos y de gran corazón? Para que os sintáis identificados, tontos del culo. Para que la tan cacareada catarsis de consuelo a vuestro cerebro aborregado.

Dejad pues, que para que yo pueda relajarme os insulte. Como en una película, si queréis, mientras os llamo hijos de la grandísima perra, podéis escuchar alguna canción amable.

Porque mis odiados enemigos: el mal lo tenéis detrás de vuestros pequeños penes, de vuestros perfumados y rasurados coños bien aromados. Sois vosotros.

Es para daros con una vara, piara de cerdos.

Yo no quemo judíos, ni negros, ni maricas. Sólo invento mentiras sangrientas y sexuales con el único fin de molestaros. Porque los cadáveres a los que no se ve el pene o el coño, no os molestan. Y si no os molestan los muertos no han servido de nada.

No como palomitas con el holocausto, o con los soldados valientes que desactivan minas en películas oscarizadas.

La verdad es espantosamente horrible, porque los asesinos son gente como vosotros.

Os debería de enseñar algo de ética y moralidad. Os debería extirpar el cerebro.

No al son de Offenback, sino escuchando a Iron Maiden y su Run to the hills, es maravilloso.

Sacudo los brazos como si destruyera los platillos y tambores de la batería porque son vuestros cráneos falsos y piadosos de mierda.

Me cago en la madre que os parió.

Claro que podría haber hablado de vuestro comportamiento condicionado, de vuestra nula capacidad para ser imaginativos, sólo sois buenos ciudadanos de pensamientos limpios. De esos que no huelen el olor del culo tan cercano a los sexos.

Gilipollas.

Deberían nacer más Freuds para que disculparan con filosofías de feria vuestra aleatoria inteligencia a veces funcional. Las más de las veces: anodina.

Soy yo quien corre a las colinas con Iron Maiden, soy yo el que corre huyendo de vosotros, infecta plaga, para salvar mi vida. Para resguardar mi ánimo.

¡Bum! He apretado el botón.

Y fumo tranquilo.

Ahora sí que Offenbach en la película cumple con su función de aflorar toda la tristeza en mis ojos ante esa temible y real aniquilación contada con bellas palabras, una hermosa fábula para mis ojos, captada con toda su intención e intensidad.

Lo ocupáis y ensuciáis todo con vuestro pensamiento hipócrita.

Hasta siento haber perdido el tiempo escribiendo esto.

Coño.

A quien corresponda.

Buen sexo.

Iconoclasta

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