26 de julio de 2011

Muérete humanidad



Me encuentro cercado por mala gente en un planeta pequeño, caliente y apestoso.
Nadie puede sentirse tan contaminado, sucio e infectado como yo.
No puedo alejarme del planeta, mi puerca naturaleza no me deja volar al espacio, no puedo respirar vacío, mi porcina piel no puede tolerar los rayos gamma que vienen de esa asquerosa estrella que llaman sol.
Siempre hay un roce de alguien en la calle que molesta. No tengo escapatoria. Estoy tan prisionero y condenado que mejor sería estar muerto.
No hay suficientes muertes que me satisfagan.
Imagino un mundo cuya tierra está plagada por fin de muertos. Camino sobre cuerpos corruptos y estoy maravillosamente solo.
No camino descalzo, llevo botas de pescar que he encontrado en una tienda a cuyo dependiente muerto se le escapa su hígado negro por la boca.
Mis botas me mantienen a salvo de la corrupción, necesito cosas artificiales porque mi repugnante naturaleza no es suficientemente fuerte.
No hay suficientes muertos cuando abro los ojos…
No siempre estoy a salvo de los infecciosos humores de los muertos, cuando piso sus vientres siempre les rezuma por la nariz un líquido venenoso que es sangre, mocos y vísceras. Me da mucho asco que salpiquen mi pantalón los muertos.
He deseado tanto sus muertes… La humanidad aniquilada es mi gran ilusión.
Y en este bendito mundo no lloro de felicidad porque no soy demasiado sensible; pero me encuentro en paz a pesar de esta peste que desprende la carne muerta.
En fin, no hay nada perfecto…
¡Me cago en la virgen! Todos los muertos huelen de forma repugnante por muy buenos que se hubieran creído en vida.
Incluso odio que estén muertos porque no puedo reprocharles lo apestosos que son.
Incluso muertos son molestos.
Los niños pequeños deberían oler mejor.
Sólo los viejos tienen un aroma a podrido algo más suave. Es normal, están más secos.
Sus tórax no crujen, no se rompen al pisarlos (los piso porque ellos me pisaron a mí, soy rencoroso), tiene que pasar más tiempo, se han de pudrir mucho más. Quiero tener tiempo para verlo.
La serosidad ambarina de sus bocas es una constante en sus rostros.
No hay cuervos ni buitres comiendo de ellos, en mi mundo perfecto nadie quiere comer tanta mierda.
Estoy seguro de que este repugnante hedor con el tiempo desaparecerá. Es muy reciente.
Estoy lo más cerca de la felicidad que puedo estar.
No quiero abrir los ojos, no quiero volver al planeta que me mantiene prisionero. Quiero aspirar el olor a carne podrida antes que sentir el roce de los vivos.
No quiero estar con ellos, entre ellos. No quiero respirar parte de lo que sus mediocres pulmones expulsan.
¿Tan difícil es que ocurra una catástrofe?
No quiero morir, me conformo con la aniquilación de la humanidad. Son odios que me mantienen vivo e ilusionado.
Si pudiera crear de la nada como Dios, regaría la tierra con muerte, con mi orina ácida y que sus vapores mataran y corroyeran hasta el último hálito de vida.
Pero si no hay más remedio, si no puedo mantener esta ilusión y tengo que volver a despertar en este planeta inmundo con la humanidad como plaga, mejor me arranco los pulmones con un gancho.
No quiero volver aquí, no hay libertad, no hay espacio ni para el pensamiento.
Muérete humanidad, ten piedad.
Moriros todos antes de que deje de imaginar y así se haga realidad mi sueño.
No tenéis mucho valor y yo necesito espacio.
Por una vez en tu puta historia, humanidad de mierda, haz realidad mis sueños y déjame cerca unas botas de pescar para no ensuciarme.




Iconoclasta

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