24 de febrero de 2011

Lo que debe hacerse



Yo no quiero morir; pero hay cosas que deben hacerse.
Porque morir no ocurre, morir es algo que hacemos.
No me da miedo, no tengo miedo al dolor; pero ¿sabes? No quiero volver a sentir que no estás. Quisiera morir y que el espíritu se pudra con el cuerpo. Tengo miedo de que el pensamiento sea otra cosa, otro ente. Y que sobreviva al cuerpo estropeado.
No quiero ir solo a cruzar el Aqueronte. No sin ti.
Tengo miedo; si la vida sin ti ha sido insufrible, la eternidad me matará día a día.
Muerte sobre muerte… Da miedo, da terror.
Pudrirse no importa, lo que importa y hace mucho daño es no tenerte a las mañanas, que anochezca sin ti.
Tengo un miedo que me muero.
Mi vida, destruye mi alma cuando haga lo que debo hacer. No quiero un óbolo en mis párpados. No quiero que Caronte me guíe por el Hades. No quiero que haya ojos que cubrir ni espíritu que guiar.
No quiero paraíso ni infierno.
No quiero estar solo, no quiero saber que sufres.
Tengo que morir, es mi deber, no hay problema con ello.
Soy valiente.
Pero asegúrate que muera completamente, dame el tiro preciso en la nuca para que ni una sola idea pueda sobrevivir a mi cuerpo.
Asegúrate, mi amor, que cuando me entierren mi alma no pueda salir, que no haya resquicios por donde evaporarse. O mejor que me incineren hasta la emoción más pequeña.
Y perdona que me vaya antes que tú; pero no puede ser de otra forma. Ni soportaría que fuera de otra forma. Los que nacemos antes nos vamos antes; es estúpido afirmar lo obvio; pero amarte confunde y me he de repetir lo más básico. Soy un deficiente mental cantando repetidamente en voz alta que ha de comprar una barra de pan.
Morir es algo que tenemos que hacer, no podemos dejar que ocurra. Tenemos que vivir intensamente con ímpetu. Y al final marchamos solos.
No quiero, otra vez solo no; por favor.
No sé si nos encontraremos; pero no quiero que duela el alma, tengo bastante con el dolor del cuerpo.
No quiero sobrevivirte, ni tampoco quiero sentir el horror del tiempo sin ti.
Tiene que existir el tiro justo y cabal que acabe con mi pensamiento cuando mi puto cuerpo deje de funcionar.
No dejes que vague solo sin ti.
No quiero otra eternidad esperándote, ya soy demasiado viejo, mi amor.
Y si algún dios, por alguna razón estúpida, existiera; blasfema en mi nombre, cágate en él y que mate lo que queda de mí.
Haré lo que debo hacer sin miedo al corazón reventado, a los pulmones sin aire.
Pero tú, mi amor, haz lo que sea por no dejar que mi alma sufra otra vez.
Hasta nunca, mi vida.


Iconoclasta
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