1 de junio de 2010

Viejo animal enamorado



¿Por qué cojones tienes que enamorarte, animal?
¿Por qué buscas el dolor y el tormento?
¿No sabes ya, viejo animal, que el amor está en la última milla del mundo, allá donde tus viejos huesos apenas van a llegar?
Tus ojos secos y resecos, ni lágrimas brindan.
¿Era necesario enamorarse?
Cobarde. Hay lejías, hay venenos, hay cuchillas, hay alturas.
Hay pastillas del sueño eterno.
Cobarde animal enamorado.
Ya es tarde para aprender, no tenías que someter al cuerpo y a la mente a este juego. Tu cerebro lerdo y gastado no puede abarcar lo que ella ofrece. No te queda vida para tanta belleza.
¿No lo entiendes viejo carcamal? Eres patético.
¿No te enseñaron a cerrar los ojos, viejo y puto animal?
Jódete y traga todo ese amor, que te sangren las encías.
Cabrón...
Tira. Tira de esa alforja de amor, desgraciado.
Patético...
Toda la puta vida sin sentir más que un asomo de cariño si acaso, y ahora has clavado tus viejas rodillas en el barro del amor.
Porque el amor es un montón de tierra mojada de lágrimas.
Y ya no te quedan en los ojos.
Sólo orina en tu ridículo pene.
Los jóvenes amasan el barro, los viejos se hunden y nadie les da una rama donde asirse. Tampoco la verían.
Das pena, viejo animal.
Porque no tienes fuerza ni elegancia para levantarte.
Te crujen los huesos de tanto amor y tus pellejos se tensan en bolsas vacías.
Eres un triste boceto de una desleída acuarela. Una vieja tela manchada que quiere un marco hermoso.
Margaritas a los cerdos.
Y si fueras cerdo, lo entendería, un animal sano.
Pero eres un hombre gastado. ¿Qué coño te has creído, viejo animal?
¿Acaso esperas aplausos del respetable cuando tu pene cuelgue lacio y arrugado?
¿Quieres un espejo, viejo cabrón?
¿Quieres unas gafas, viejo miope?
¿Qué haces, viejo loco, usurpando edades que no te corresponden?
Sé hombre y no te enamores, ni lo pienses. Ya es tarde.
Tus putos dedos retorcidos tiemblan.
¿De verdad vas a hacer el ridículo?
Pobre viejo enfermo de amor.
Tanto tiempo vivido, tanta experiencia malgastada.
Tu perro es más inteligente, ese perro viejo como tú que ni al culo de las perras se acerca ya, tiene más dignidad.
Vamos viejo, que alguien te sacuda con una vara en tus viejas costillas porque eres un burro tirando de algo demasiado grande.
Una mula con la pata rota.
Una polla muerta.
Unos testículos enormes que cuelgan herniados.
¿Quieres que te siga denigrando, viejo loco enamorado?
Que te follen el alma, idiota.
Tarado.
Triste.
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El hombre se lleva un cigarro a los labios, y lo enciende mirándose aún frente al espejo del recibidor. Aspira el humo deseando ser viejo, ser anciano.
Buscando razones válidas para no amar, para dejar de sentir esa ansiedad angustiosa.
A veces es necesario denigrarse uno mismo para recordar que la vida es una puta enferma que te contagia gonorreas y toda clase de mierdas.
Cuanto más te sonríe la vida, más has de desconfiar.
Sus músculos pectorales llenan la camiseta con la bocanada de humo.
Y con un rictus cínico de madurez, exhibe una sonrisa predadora.
—Viejo loco...
—Pero mi polla aún funciona.
—Y al planeta, que le den por culo, con todas su focas y pingüinos en peligro de extinción.
—Maldita envidia...
Acabado el entrenamiento de angustia existencial cierra la puerta con rabia tras de sí. Su bella le espera.
La ama incansablemente.
Denodadamente.


Iconoclasta
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