25 de octubre de 2009

Un día de risas y amor



Es normal esta voz torpe, mi bella.
Se han liado mis cuerdas vocales por todo este torrente de amor que se atropella y agolpa por decirte al oído y al espacio lo que te quiero.
Son pólipos de amor, deseo y ternura que hacen de mi voz algo parecido al graznido de un cuervo. Nada inusual.
El pato Donald estaba enamorado.
Y puedo parecerte fatigado, pues no. Tampoco es por el tabaco, listilla. Simplemente me cortas la respiración cuando ríes o cuando cierras los ojos llevada por un placer, por un beso de mis labios o por una promesa de amor eterno.
Y es por eso que lagrimeo tanto. Todo este amor pesa en mi pecho y requiere un gran esfuerzo respirar contigo. Es entonces, cuando me concentro en atrapar aire bendito, que los ojos se escapan a mi control y los muy bastardos buscan el ébano de los tuyos; emisores de rayos de luz de una arrasadora sensualidad. Deslumbrante.
No es un lagrimeo triste, mi bella. ¿No ves mi sonrisa de Cheshire? Es que la luz de tus negros ojos me somete, me esclaviza. Si no fuera por mi férrea voluntad, desearía seguir mirando hasta quedar ciego y guiarme por el mundo sólo con tu mirada.
¡Vaya, cielo! Debería hacer algo, mi bella. Entre mi tartamudeo, la dificultad respiratoria y esta pequeña alergia que provoca un ligero lagrimeo en mis ojos, te debo parecer de lo más patético. Si tienes paciencia, dentro de otros mil años conseguiré arrebatarte el control de mi organismo.
Y sólo me falta dejarme vencer por el peso de tus palabras, para caminar un poco doblado y así ser el vivo retrato del corcovado Quasimodo.
Y tú la hermosa Esmeralda, que me quiere a mí, no a Febo.
¡Vaya amante te has buscado, mi bella!
Mi vida, tus ojos son preciosos; pero necesitas gafas.
No es un día para hablar de ausencias y de encuentros, ni de tiempos de desolación. No es el momento de pedirle cuentas a la puta vida; que explique esa furcia porque nos ha hecho esto.
Hoy sólo quiero arrancarte sonrisas a puñados, mi bella.
Amada, amada, amada...
Quiero ser el motivo de tu sonrisa, seré una fresca brisa que acaricie tu piel y te haga cosquillas de amor.
Una palmada en el culo: ¡Pero qué buena estás cordera!
Soy tu rústico patán y estiro las mandíbulas como un auténtico cro-magnon, pensando en cosas profundas, tan metafísicas como darte con una porra en la cabeza, gritarte: ¡Ujungo bongo! (te amo, maciza) y hacerte madre en una caverna con una gran hoguera y una luna llena gigante en el cielo.
Me he comprado unas gafas de broma, de su montura dos grandes ojos cuelgan de unos muelles. Me las colocaré cuando estés mirando a otra parte y te diré un dulce “te amo” mirándote fija y tiernamente con esos ojazos.
Necesito tu risa, mi amor.
Hoy llenas mi corazón, soy tuyo. Estoy en ti, sólo necesito tu reír.
Porque ya te tengo toda.
Te contaré un chiste de tontos enamorados. Otro de los que se confunden enamorados con enanos morados. Blancanieves besando a Gruñón de forma obscena. De locos; pero no tontos.
De sordos; pero no ciegos.
Tengo tantas cosas para hacerte reír...
Me tropezaré con la raya de un lápiz marcada en el suelo, seré un tosco Charlot para arrancarte tu sonrisa, mi premio de vida.
Y astuto yo, aprovecharé para abrazarme a tu cintura y darte un beso serio como un cáncer, grave y profundo. Sin asomo alguno de chanza, como el universo negro sin estrellas.
En ningún momento dejaré que aflore la tristeza de casi una vida entera sin ti.
No te contaré de las tristes mañanas en las que despertaba sumido en una profunda pena que no entendía, no podía identificar. Al abrir los ojos me cubría una capa gris, fría y desabrida que me torcía la boca en una mueca de náusea. Me faltaba algo que no supe lo que era hasta que vi tus ojos.
Cada amanecer sin ti, me sumía en una profunda melancolía.
Mi vida, ya no podía seguir acumulando tiempo sin ti. Vivir a duras penas era viable.
Cuantas veces, durante cuantas horas he mirado mis pies buscando pistas sobre el amor, sobre tu existencia. Alguien por quien vale la pena vivir.
Alguien por quien me despelleje la piel por arrancarle unas sonrisas.
Miles de ellas a ser posible.
¿Sabes el chiste de Caperucita Roja?
Iba por el sendero del bosque a casa de su abuelita, cuando aparece el Lobo:
-¿Adónde vas Caperucita bonita?
Y Caperucita, que parecía no haber tenido un buen día ya que iba dando patadas a las piedras, le respondió:
- ¡A rascarme el coño!
Dime que es gracioso y ríe mi bella
Ríe mi vida, hasta parar mi corazón.
Es un día de amor y risas.
Nos lo hemos ganado, cielo.
Ha sido tan largo vivir sin ti, tan triste...
¿Sabías que las brújulas son las que montan en escóbulas?
Una risa más...



Iconoclasta
Nota del autor: el chiste de Caperucita Roja, aunque versionado a mi gusto, no es de mi invención y como de tantos otros chascarrillos, desconozco al autor. Igual ocurre con el chiste de la brújula.

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