1 de septiembre de 2005

Oda a la furia



Nadie lo sabe, nadie consigue imaginar a veces lo que siento cuando todo esto que tengo aquí dentro, como un cáncer caliente y viscoso pugna por salir.
Es una infección; un peligro biológico.
Es que no le temo a la muerte porque temo ser ella. Porque temo matarme a mí mismo de un ataque de furia que nace de millones de cosas que escribir, cosas odiosas.
Como una lepra del alma que me desintegra.
Creo que me transformo, creo que mis dedos se retuercen y sangran las uñas por toda esa ponzoñosa sangre que impulsa mi corazón insano y llagado. Hipertrofiado.
Porque hoy estoy furioso de una forma totalmente descontrolada.
¡Que poco me importa nada ni nadie! Sangre y destrucción. Esta presión aquí, en mis sienes... Nadie canta a la furia ni a la ira que no comprendemos; que nos lleva su mensaje de destrucción. ¿Y entonces cómo se hizo el hombre amo y asesino del resto de especies ¿De la suya propia?
Adoro la furia que me hace superior. Soy el puto dios Iconoclasta y matador. A veces creo que alguien se pasó con mis genes. Que mi cerebro primitivo es demasiado grande. Que estoy loco. Maravillosamente loco. Que la sangre arrastra aromas de carnes abiertas, de hombres gritando. De hombres luchando por la hembra.
Como animales-hombres. Follando sin placer, disfrutando con el dolor de ella. Animales...
Y de pronto, todo esto se diluye, me quedo más tranquilo. Como si hubiera cagado ¿a que soy un puto loco sincero?
Toda la mierda en el blanco, sin pudor. Sin rubor. Aquí está el prodigio de la escritura. Como el cabrón que soy.
Soy un mierda.
Algo de furia... Estoy hasta las pelotas de exquisiteces.
Que la destrucción me lleve.
Y la sangre.

Iconoclasta

1 comentario:

Iconoclasta dijo...

Revisado y editado el 29-11-09.