8 de junio de 2016

Tenías que existir



Hay un cansancio, hay un dolor
y hay un estado nervioso alterado;
pero nada de eso evita que te impongas
a todo ello.
Que estés intrincadamente presente
entre mis redes neuronales
y mis conexiones sinápticas.

Eres superior a la angustia y a la fatiga.
Y entonces llega la gran pregunta:
¿Cómo he conseguido sobrevivir sin ti en el pasado?
Y yo digo que mi alma,
mi pensamiento,
sabía de tu existencia.
Tenías que existir...

Hay tantas palabras escritas al viento, al vacío...
Y ahora fibrilan tu corazón
y se meten obscenas
por tus muslos dioses.

Si antes debía localizarte
en algún lugar del planeta,
ahora tengo que llenarte de mí.
Que colmarme de ti
a pesar de los momentos
aciagos.

No soy incansable,
no tengo valentía.
No soy irrompible.
Solo soy suicidamente tenaz.

A veces sueño
que se me desprenden
las piernas del cuerpo
y continúo arrastrándome
para beber de ti,
aunque sea solo una vez.

Y si fueras el diablo,
te regalo mi alma
agotada.

Mi vida exhausta
a cambio de tres palabras
que me liberen por fin
de la angustia,
de la necesidad de tomarte:
"Llegaste, mi amor".

Te amo por encima de todo dolor
y miedo.
Fatigadamente.
Corto y cierro,
he de llorar en un rincón oscuro,
donde nadie me vea.

¡Shhh...!
Los hombres no lloran si no están hechos mierda.
Tengo secretos...



Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Shhh, no hables. Deja que te roce lento. Siente el sosiego y sonríe para mí. Seré superior a la fatiga. Estás cansado, lo sé. Te arrancaré una carcajada. Así está mejor, ríe. La vida es un irrefrenable desasosiego. La refrenaré para ti. ¡Mira cómo se lentifica todo! Mira como se hace eterno, demasiado humano o pedestre.
Un beso, mi Iconoclasta

Pablo López dijo...

Con ese roce lento, el sosiego puede convertirse en una suprema rigidez con una rapidez asombrosa.
Y está bien, quiero esa paz y la piel que la lleva.
Besos.