21 de junio de 2015

La mano fría


Era tan sencillo, tan posible.

He soñado amarte.

Te tomaba la mano que estaba fría de tristeza. Y respondías con calidez.

Por favor, qué hermoso.

Un acto tan simple, tan tranquilo.  De una hermosa ejecución.

Tenía horror a que de verdad fuera un sueño. He fracasado y he despertado.

Yo decía: No, no, no... (yo digo).

Contigo los sueños pierden la magia de lo onírico para hacerse táctiles. Me engañan como si fuera un niño. Amarte es tan natural que la mente rechaza cualquier otra consideración de soledad y abandono.

Y envía mensajes reales a mis fibras nerviosas. De ti.

Al despertar, he comprendido que la frialdad de la tristeza estaba en mi mano aún cerrada en el vacío.

Que es tarde.

Y he rasgado el sueño al subir la persiana y he blasfemado contra mí mismo.

No puedo permitirme tanta tristeza al despertar, parezco un cadáver.

Es premonitoria la frialdad.

Tristeza con muerte se paga.

El humo de un cigarro templa pulmones y corazón, pronto llega a la mano helada.

Es hora de salir al sol y que acabe de incinerar el sueño.

Sin comentarios.




Iconoclasta

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