31 de mayo de 2015

Mírame ahora


Ven, cielo.

Ha llovido y el agua ha arrastrado mi hostilidad y frustración. Ahora soy un animal empapado entre la vegetación buscando algo de calor para que la noche no me congele.

No te pido misericordia, no es interés por sobrevivir, mi amor.

Ocurre que tan pocas veces me siento limpio y libre de desasosiego y rencor, que quiero que aprecies ahora todo el amor que siento por ti.

Ahora que estoy limpio.

Es tan poco habitual, mi diosa, que sería injusto no abrazarte, no robarte un beso de amor en este preciso instante que la lluvia ha arrastrado mis miserias y siento unas incontenibles ganas de llorar.

Me siento como un soldado sin guerra.

Quiero que sepa tu alma que no te equivocaste al amarme, que bajo toda esta decepción y letras escritas entre rabias y dolores vitales que hacen de mi cuello y hombros un amasijo de músculos en tensión, hay un amor incondicional, tierno y emocionado.

Y que me siento indefenso cuando esas cargas dejan de gravitar en mí.

Temo cuando estoy tranquilo, cuando estoy bien, que algo salga mal. Tengo miedo, mi amor.

Está resultando una vida dura, cielo.

Solo abrázame ahora y recuérdalo cuando mi mirada y mis letras sean tristezas y frustraciones.

Mira como te amo, mi diosa: empapado y limpio.

Por favor, la lluvia me ha deshecho, me hace humano, protégeme ahora con tu cálida piel, mi amor.

Porque cuando sea fuerte de nuevo, no tendré el valor de pedírtelo.



Iconoclasta

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La lluvia catártica entra por todas las rendijas y arrasa con todos los miedos: animales y humanos.
Una lluvia que es como una avalancha, que limpia todo a su paso.
Líquidas imágenes que dan un vestigio de tu sensibilidad, prosista.
Siento una paz infinta al leerte y si de algo te sirve ten un abrazo.

Pablo López dijo...

Gracias por sentir esa paz, haces que valga la pena escribir.
Y sí que sirve el abrazo, ahí va otro.