7 de enero de 2015

Vacas y humanos


Ya no existen seres solitarios, se han extinguido.
Ahora los creadores, en realidad, son simples colectivos. Los "creadores" precisan de compañía y halagos. Justamente lo contrario de lo que significa crear.
El miedo a la soledad define a la humanidad de la misma forma que define a los rumiantes como especie.
Seres cobardes que no soportan una horas de soledad. Se ha convertido en vergüenza tomar a solas un café.
Se ha creado en la población una necesidad de constante comunicación, no dejar tiempo para la soledad. Y es que no existe nada tan peligroso para el poder como el individualismo.
Nadie disfruta de la soledad (no son representativos los escasos humanos que puedan disfrutar de ella), la cobardía y la vanidad se han convertido en forma de vida.
Hasta tal punto que mueren en grupos, en manada.
La humanidad ha sido dominada con espectáculos masivos cada vez más elaborados, llegó la televisión, luego internet, y por fin el golpe maestro: el teléfono móvil. La razón de sus vidas, la tabla de salvación de un intelecto pobre.
Las distancias se han acortado y las capacidades individuales de supervivencia, cultura y criterio, se han retraído hasta tal punto, que apenas hay diferencia entre las expresiones de los adolescentes y los adultos.
La manada se retroalimenta de emociones que no son suyas, porque es necesario tener amigos como sea, con total hipocresía.
Se identifican los seres entre ellos por miedo, por desesperación a caminar solos, sin que nadie los vea teclear mensajes.
Follan y se reproducen por una conveniencia de compañía. Porque ser un mediocre, es una mala compañía para uno mismo.
El amor ha retrocedido entre los idiotas como lo hace el mar al anochecer.
Los asesinatos, las desigualdades sociales y la pobreza se han convertido en temas que exponer en las redes sociales como escaparate para ser admirados; pero no saben lo que es una simple devaluación monetaria.
Ya no hay creación, porque en algo íntimo no hay nadie que presione el botón de "me gusta".
Se acabaron las cartas escritas a mano íntimas y discretas, desde lugares lejanos.
Se han globalizado los idiotas, y ahora tienen todos la misma identidad, las mismas esperanzas y sueños, los mismos gustos, las mismas quejas...
Mientras se odia a los judíos por defenderse de los palestinos, se toman cervezas durante horas. A veces ni siquiera hablan. Los ves en grupo llevarse la botella a la boca, como las vacas comen forraje, en silencio y observar si la pantalla tiene un aviso de mensaje.
Se calientan porque no tienen otra cosa que decir, porque no les gusta discutir; es mejor estar de acuerdo en la ignorancia y el miedo. Y follan rápidos; porque al final, comen la misma mierda, son la misma cosa vacía y pretenden olvidarlo con un sexo aburrido, rápido y de aliento apestoso.
Los gobiernos y las grandes multinacionales han conseguido llevar a la manada humana justo al punto y momento que siempre han deseado.
Han convertido a la chusma en seres predecibles y sin opinión, de sexo fácil; como animales de granja.
Alimentados con mierda, chat y videos.
Se recrean en sí mismos pensando que son guapos e inteligentes, el celular es un espejo que no funciona bien y les lleva a sobrevalorarse.
Gentuza que se conforma con  un "me gusta" que ponga a salvo su vanidad. Y que les tengan por autores de algo. Comparten la misma basura, de tal modo, que internet es una gran repetición de todos los tópicos y toda la ignorancia planetaria.
Al mirarse en el espejo todas las mañanas, no puedo explicarme como no se suicidan al ver lo que son. Imagino que la ignorancia alimenta una injustificada vanidad.
La tristeza de todas esas mentes debidamente acotadas, sus incapacidades para sostener criterios y su cobardía hacia la soledad se ven compensadas y consoladas con un zumbido en el bolsillo, un sonido que anuncia un chat de otro ser que come mierda como ellos en ese mismo instante, en un trabajo similar, y por ello precisa decir obviedades y banalidades que lo salven de la imbecilidad propia.
Perros que se lamen el culo el uno al otro.
Todo está controlado para que los más pobres y los ignorantes (no necesariamente pobres) hagan héroes  de asesinos millonarios que son igual de mediocres y lerdos que ellos mismos; porque les da esperanza ver que un subnormal pueda ser millonario.
Me da vergüenza como hombre que suene mi teléfono en público, que alguien me vea teclear con expresiones idiotas ante la pantalla; tal y como yo los veo.
Mi libreta y mi bolígrafo salvan mi dignidad y me dan ese precioso tiempo en soledad necesario para reflexionar y concluir que ahora, el hombre como especie, solo se diferencia de las vacas y ovejas por una cuestión de peso y volumen. En lo demás, follan y piensan igual que esas bestias.
Esto está mal, cada día se hace más difícil encontrar seres humanos a los que no quemar.
Y no me puedo quejar, conozco unos pocos a los que admirar; pero moriremos y no quedará nada.
Cosa que me alegra, porque el hombre debería extinguirse cuanto antes como medida de dignidad y supervivencia del planeta.










Iconoclasta

4 comentarios:

Anónimo dijo...

"¿Os habéis preguntado alguna vez suficientemente cuán caro se ha hecho pagar en la tierra el establecimiento de todo ideal?", eso cuestionaba Nietzsche. Leerte me lo recuerda, siempre me lo ha recordado.

La moral del esclavo lo llamaba, siembre hay un pastor (religión, política y moral)dispuesto a mandar sobre los otros.

Nos habla de un odio a la singularidad nacido de una escinción forzada de su pasado animal, de una declaración de guerra a los instintos, a los instintos del otro, los nuestros se anulan: Dos formas solapadas de atacar la singularidad.

Yo creía en la solidaridad, la fuerza del grupo, pero me enfrenté a la manipulación, la falta de solidaridad, la envidia, "el quítate tú pa' ponerme yo", el no reafirmar las diferencias, el mundo laboral y el otro que es tan similar.

La soledad, me lleva a cambiar postulados, a reeplantearme algunas cosas, siempre hay personas especiales con las que tenemos coincidencias de criterio, pero no son rebaño, son ovejas apartadas, lobos solitarios, suricatas con un gran sentido de su singularidad.

Sexo perverso, Pablo

Pablo López dijo...

Mejor y más elegantemente razonado no puede ser tu comentario y conclusión.
Tal vez, he sido siempre, incluso de pequeño fatalista (no derrotista), pero las miradas de la gente me calaban hondo, y siempre empleé tiempo para saber que significaban.
A los doce años escribí una redacción para la clase de lenguaje. En aquellos tiempos estaba de moda la saga de películas de los Doberman, perros que atracaban bancos.
Los niños disfrutábamos de esas malas películas.
Mi redacción habló de los doberman, de sus inicios como raza, de las leyendas que se contaban. No me lo esperaba, pero mis comopañeros, tras haberla leído en voz alta, aplaudieron y pedían que la leyera otra vez. El profesor de lengua me envió al pupitre y me dijo que lo mío no era escribir, que había hecho una pésima redacción sin base real, sin datos científicos y me suspendió el trabajo. Mis compañeros dijeron un: ¡Ohhh...! de decepción y fuimos castigados a permanecer una hora más en el colegio como castigo.
Vi la envidia en aquel profesor tan clara como la sangre que mana de un corte.
Esto lo cuento, porque jamás albergué esperanza respecto a la solidaridad, sabía con plena certeza, de que me encontraría con gente como ese profesor.
Me alegra sobremanera tener coincidencias contigo, es un descanso, es la única solidaridad, la de seres excepcionales como tú, que no representan en absoluto a la humanidad.
Y tampoco hay demasiada soledad cuando dos lobos solitarios pueden encontrarse de vez en cuando, es un respiro.
Que viva Nietzsche.
Y que sea muy perverso ese sexo, tanto como se han empeñado en menospreciarlo.

Anónimo dijo...

Extrañaba mucho el encontrarnos de vez en cuando.
Siempre aprendo mucho de nuestras conversaciones.

Pablo López dijo...

Pues imagina lo que yo aprendo de tus conclusiones y argumentaciones. Son oro puro.
Gracias por ello.