4 de marzo de 2011

Tinta roja



Me gusta la tinta roja porque nadie escribe con ella.
De pequeño me decían aquellos profesores de cerebro podrido, que era para corregir y para subrayar algunas cosas.
Y una mierda. Escribo con tinta roja los nombres de los muertos y de los coños que amo. Escribo de todo lo que conozco, desconozco, amo y odio.
¿De verdad no puedo escribir con tinta roja, profesores y educados ciudadanos integrados?
Hay que ser mucho más convincente y pagarme muy bien si queréis que os haga creer que aprendí algo de toda vuestra inmundicia cultural, de toda esa doctrina de moral y costumbres con la que intentasteis educarme.
La follo por el culo tan profundamente, que siento sus excrementos en la punta de mi pene.
Es como escribir en tinta roja, no es aconsejable joder así. No os gusta.
¿No lo debería haber escrito en rojo? ¿Es eso?

¿Cómo llamaríais al niño de seis años que mira excitado las mujeres desnudas de una baraja de cartas? Porque los niños se excitan, yo me excitaba…
¡Qué gusto tan misterioso en aquella pequeña polla que creció y se hizo un Jesucristo que ahora me redime con cada lechada que lanzo a presión!
Y ahora me diréis como si fuera verdad, que nunca os hicisteis una paja recordando la mata de pelo que a vuestra madre se le escapaba de las bragas cuando se abría de piernas sentada frente a vosotros para ayudaros a comer.
¿No os la pelabais? Por eso no usáis tinta roja. Prohibido decir secretos.
Me daban asco los muslos rozados y ennegrecidos de mi abuela.
¿No es correcto escribir con tinta roja?
No jodáis.
¿De verdad os gustaban esos muslos? ¡Qué asco!
¿Es mejor que me justifique diciendo que escribo en rojo porque corrijo tareas escolares?
Me masturbé desde el mismo momento que me llamó la atención la poderosa raja de mi madre cuando un día la vi meterse en la bañera.
¿Puede ser pedófilo un niño consigo mismo? Me tocaba impunemente.
¿Es mejor escribir con tinta roja o tocarse de niño?
No me excitó ver el culo de mi padre subiendo y bajando entre las piernas de mi madre.
A los padres les gusta follar; aunque luego, los muy hijoputas nos digan que eso no se hace y a sus hijas las protegen en nombre del puto dios de la decencia. Los padres no son tan especiales. Son campo abonado para la vulgaridad.
Mejor sigo cagando con la tinta roja.
A mí también me gusta follar, sólo que yo, además escribo con este color porque me sale de los huevos.
Porque en algún lugar, algún imbécil me reprendió por usar esa tinta cuando era pequeño.
Si yo hubiera sido mi padre, antes que metérsela a mi madre le hubiera mamado el coño, luego se la meto y me corro en su vientre.
Hay hijos que saben más que sus padres: YO.
En la primera comunión me dijeron que la hostia se debía dejar deshacer en la boca.
Yo mordí el estúpido, insulso y reseco cuerpo de Cristo con desdén. Aquella hostia sólo era una oblea con el mismo sabor insípido que los alimentos dietéticos con los que se atiborran las gordas y gordos.
Tengo mi propio misal escrito en rojo con palabras que hieren y desangran todas esas ideas podridas que me quisieron enseñar.
El coño de mi hermana era pequeño, el de mi madre enorme y de vulva abierta (posiblemente un exceso de hijos). Es mi lección de Barrio Sésamo: coño grande, coño pequeño.
Con las pollas pasa igual, la mía creció y ahora mi padre se avergonzaría de su tamaño mirando con tristeza la suya.
Tal vez no sea muy agradable leer esto, tal vez sea por culpa de que escribo en color rojo. El color rojo no os gusta salvo en los coches deportivos.
Los coches deportivos no tienen pollas grandes ni pequeñas, ni rajas de coño cerradas y abiertas.
El color de estas letras jode a muchos lo sé. Es el color de las correcciones, no debería escribirse con él.
¿No es hermosa la palabra “correcciones”, que en este contexto indica revisión y moralidades? Me paso las correcciones por los muslos repugnantes de mi abuela.
Soy inteligente y sexualmente rojo.
Escribo en rojo.
Soy la aguja que se clava en el iris.
Y tengo una erección.
Y el sabor levemente salado con restos de orina y viscoso fluido de su coño en mi boca.
El coño que amo es más grande que el coño de mi madre. Barrio Sésamo hoy escribe en rojo su guión.
Si os molesta, podéis “twitearme” el nabo. Con corrección, por supuesto.
¿Era grande el coño de vuestra madre? Cuando era pequeño aún no había cámaras digitales. Lástima… Me hubiera gustado subir su foto al “twiter” para que la votarais.
Escribo en rojo y no respeto nada. Tampoco hago daño, desgraciadamente.
La tinta roja no hace daño, descerebrados.
Lo que duele es mi bálano profundamente clavado en su ano. Y aún así gime la muy perversa pidiendo más.
Se os escapan los detalles importantes por culpa de vuestra aversión a la tinta roja.
Porque nadie debiera escribir con tinta roja.
No vosotros.
De hecho sólo se usa la tinta imbécil.


Iconoclasta
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