8 de septiembre de 2010

Muerte de una ratita



La ratita, lanza sus patitas adelante, agitándolas. Muy rápidamente.
Es graciosa, parece que pide que vaya. Que la ayude. Me mira a mí, es espeluznante.
Parece ella acariciándose los pezones cuando mi lengua trabaja su sexo, cuando mi pelo acaricia sus muslos de tan postrado que estoy ante ella.
Pero la ratita mueve muy deprisa sus patitas, porque se vacía de vida rápidamente entre espumarajos sanguinolentos. No puede estar cómoda en el gris pavimento duro y ardiente por un sol que la descompone en vida.
La miro con curiosidad, y su boca rota boquea espasmódicamente, como si le faltara aire. Sus incisivos están rotos.
A veces cuando la follo, boquea así. Mi miembro entra y sale empapado de su humor sexual, me baña en su coño y boquea como la rata intentando adaptarse al ritmo del placer que nace en su vulva mojada y sus tensas ingles. Boquea tocándose el clítoris como la rata muere.
Yo la miro gozar sin amarla. La follo sin ningún tipo de alegría. La embisto con más fuerza para hacerle daño, pero sus pechos se agitan violentos y sólo consigo darle más placer. Gime.
Boquea como la rata.
Sólo que sus patas, en lugar de intentar atrapar la vida que se le escapa, acarician su clítoris con violencia y deja que mi pene roce sus dedos allá abajo.
Mi polla late como un corazón fuerte y duro, mi glande es un centro sensorial que recoge el más nimio de los placeres y me los lleva directamente al cerebro a través de los músculos, tensándolos, crispándolos. Soy un esquizofrénico sufriendo-gozando. Hay partes de mi cuerpo que no son de mi pensamiento.
Me da pena la rata, suelen ser repugnantes; pero cuando un animal te pide ayuda, cuando intenta coger aire y no puede y te pide misericordia con sus pequeñas patitas, es que me parte el corazón. Es tierno ver morir a la ratita.
Ella me pide más, que se corre ya. La penetro por el culo, para que se retarde, para que le duela. No es suficiente, no le duele, sus fluidos han regado el esfínter; abre sus nalgas con ayuda de las manos y la penetración es profunda y rápida. Su músculo aprisiona con fuerza mi glande y el placer me lleva a lanzar con furia mi pelvis, me duelen los cojones de embestirla. De azotar su vulva abierta y palmearle sus labios mayores desplegados y viscosos.
Me tiemblan las piernas por la potencia de mi polla.
La rata sólo pide aire, sólo pide ayuda. Tal vez un pisotón que le aplaste la cabeza y acabe su intensa agonía.
Sus cuartos traseros están destrozados y sus tripas, como un pequeño chicle mascado, posan en el suelo para vergüenza de ellas mismas. Las entrañas siempre dentro, nunca fuera. Por eso se las llama entrañas.
Es indigno morir así.
El pene hace lo mismo, meterse dentro, desgarrando paredes y agujeros. Arrastrándose entre tejidos resbaladizos. Ella no tiene los cuartos traseros destrozados, me aprisiona la cintura con las piernas y me introduce más adentro.
Yo clavo los dedos en sus areolas, se levanta la piel y pide más dolor.
La ratita pide sólo que eso se acabe. Con sus patitas pequeñas e inocentes que no comprenden porque han de morir.
Perdóname rata, no quiero aplastar tu cabeza, no me gusta el ruido a huesitos aplastados. Tengo experiencia.
A ella no le tengo pena, la jodo para sentir yo mi placer. El que ella lo sienta no es de mi incumbencia. Ella es un agujero algo que follar, algo que despreciar escupiéndole mi semen en una eyaculación que no lleva su nombre ni mi amor.
La rata muriendo pesa más en mi mente que los gemidos de la que no amo. Se me escapa un lamento ante la imagen de la ratita muriendo. Soy un cabrón, no la ayudé.
Ella ahora extiende mi semen, que por error está en una piel que no amo, que no deseo, que me da asco. Lo extiende por sus tetas, por todo su coño empapado mientras los últimos orgasmos aún la contraen como un ataque epiléptico.
Sus ojos están en blanco como los de la rata.
Camino hacia el baño para lavarme de la humedad con la que me ha pringado la polla. Me siento como la rata, me siento morir. De asco.
Dejo gotitas de semen en el suelo hacia mi camino. Necesito lavarme la polla de la esencia de su coño, necesito lavarme la cara asqueada, necesito lavar la pena de la rata.
Necesito salir de aquí.
Un cigarro incinera ahora toda pena y asco.
Es hora de pasear, escribo de lo puta que es la vida. Los hay que piensan que hay que sonreír y ser positivo. Que la felicidad hay que buscarla.
La rata buscaba otra cosa, yo también.
Los enviaré a todos a la mierda y gritaré el nombre de la que amo.
Sólo quiero correrme en la piel que amo.



Iconoclasta
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