13 de septiembre de 2010

Algo de consuelo



Tengo ganas de llorar.
¿Existe alguien por encima de los humanos capaz de consolarme?
Estoy dejado. Muchas veces he sentido pena de los seres que mueren solos, como yo arrastrándose a una sombra.
¿Por qué no se me tiene la misma pena? Quiero ser consolado.
Tampoco he sido tan malo.
¿Estáis ahí? Porque la tristeza me hace arder, os aviso.
Si os arrepentís de no darme un abrazo y consolar mi espalda sacudida por el llanto, si tardáis demasiado, me convertiré en ceniza.
Y os pesará como a mí me pesa la vergüenza ajena.
No quisiera ser sensiblero, pero si supierais lo que duele...
No soy de lágrima fácil, de hecho creí no tener lágrimas. Si lloro es porque la desesperación de la soledad me desgarra en mil pedazos. No lloro por cualquier cosa, lloro porque el miedo y la soledad me parten los huesos.
Quise estar solo, me equivoqué.
¿No podéis aunque sea acompañarme a la hora de morir? Joder... He movido cadáveres de lugar para que se sientan cómodos.
¿Ni siquiera vais a hacer eso por mí?
Yo no pido que me deis la mano cuando escupa la bocanada de mi última sangre.
No quiero ensuciaros, ni contagiaros mi miedo que me congela las manos y no puedo darme calor al corazón yo mismo.
He pinchado un ojo para lanzar un grito atroz y que sepáis donde estoy.
No tenía bengalas para señalar mi posición.
Miradme con pena al menos.
No quiero pincharme otro ojo, quisiera ahorrarme dolor mientras muero.
¿Estáis ahí? Pues yo pienso llorar de todas formas.
Es un torrente de pena que no puedo parar.
Yo sólo quería ser valiente a la hora de morir, demostrar que un cáncer o una hemorragia interna no me causan temor.
Pero si me dejáis solo aquí muriendo, lloraré desconsolado, y toda la valentía que en la vida acumulé, morirá antes que yo.
Y moriré triste y cobarde.
Solo, solito.
Yo no quiero eso.
No he sido malo, no demasiado.
A veces he sido bueno.
¿Estáis ahí?
Me pincharé el otro ojo...
Aún me queda valor.
Sólo un abrazo, me duele la espalda del llanto.
No quiero morir así: cobarde.
Llorando sin que unos brazos me cubran a los ojos del universo.
Un poco de calor, nunca he pedido, nunca se me ha dado.
Una caricia en mi cabeza, con el rostro mirando el suelo avergonzado.
Eso no es nada para vosotros.
Vamos, tenéis que existir. Aunque sea, crearos para este instante.
No dejéis que nadie piense que soy un cobarde.
No me dejéis morir frío.
Os arrepentiréis, habéis llegado tard...


Iconoclasta
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