25 de agosto de 2010

De la humillación y el amor



Es una extraña mujer de parcos mensajes de aberrante amor y necesidad. Ruega castigos y humillaciones.
Cansada de amabilidades ha perdido la esperanza de encontrar la pasión en el amor. Pide un maltrato, un insulto que la haga sentir que importa. Aunque sea para ser humillada.
Busca lo abyecto.
–¡Maltrátame, véjame!
Afirma ser sumisa.
Desconfía de la palabra amable y cortés que pinta su piel de gris. No quiere palabras tiernas que la condenan a la mediocridad de los días iguales. Tiene piel sedienta y un sexo húmedo.
Busca la humillación para importar a alguien. El amor que han pretendido darle mata el ánimo y la ilusión, la hacen madre y sirviente. Un jarro de agua fría en su ardiente corazón.
Un corazón cubierto por unos hermosos y pesados pechos de pezones que se erizan ante la palabra obscena, que responden instantáneamente a la boca que saliva obscena por mamarlos.
Ser succionada un poco más allá del límite del dolor.
Importar. Importar aunque sea para ser odiada.
Trascender con su coño húmedo y los dedos mojados.
Cualquier cosa por ser ella, porque los ojos la miren, porque sepa el mundo que su coño arde, que se masturba furiosa enterrando el puño entre sus piernas.
–Yo te maltrato, puta –susurraré en tu oído tirando de tu cabello.
Voy a llenar ese coño blasfemo.
Eres una puta.
Una golfa que me excita con su lacónica tristeza, con su amor frustrado.
Te joderé hasta el alma, morderé tus muslos hasta marcarte.
Escupiré mi esperma en tu pubis y lo extenderé por tus pechos.
Meteré los dedos en tu ano de zorra cuando te corras.
Abofetearé tu rostro obsceno de placer y perversión.
Y cuando respires cansada, con las manos sujetando tu coño dolorido, mientras tus pezones se relajan del dolor de mis dientes; invadiré tu mente idiota.
Y te diré que te amo, que eres preciosa.
Te lo diré con mi pijo aún mojado de semen y de ti, rozando tus nalgas, acostado a tu lado.
Y te haré el animal más importante de La Tierra.
Porque hay un momento para el amor puro, y es cuando los cuerpos están derrotados y la piel ha dejado de exigir. Cuando el cansancio es tal, que no permite al pensamiento usar falsos amores para arruinar el desesperado amor con el que te jodo.
Y ahora, zorra melancólica, bésame los dientes que te harán sangrar los labios de hambre y deseo.
Olvida humillaciones y castigos, y abre tu mente al amor de verdad como tus piernas se han abierto para recibir mi falo duro y doloroso.
Porque la vida es tan simple, hermosa mujer triste, que no merece la compleja tortuosidad de tu deseo.


Iconoclasta

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