15 de diciembre de 2009

Hasta luego mi amor


Perdona que te deje sola un tiempo.
Tengo que morir.
Todo ha salido mal.
No te preocupes, cielo; me mato y enseguida vuelvo.
No estoy bien, cielo.
Ha sido mucho tiempo. Pesan todo esos años sin ti.
He oído que podría reencarnarme. O sea: me enchufo veinte minutos a la toma del gas y ya soy libre.
Y ahora que te tengo grabada en mi pensamiento, ahora que sé quien eres y lo que me haces sentir; buscaré un cuerpo cercano a ti.
He leído que estas cosas pasan. Y es la única forma posible de estar más tiempo contigo. De recuperar lo no vivido a tu lado.
Y tú estate quieta ahí, no te muevas hasta que te bese. A ver si vamos a estar dando vueltas sin encontrarnos otra vez.
Ni se te ocurra moverte.
No me llores, sonríe mi reina. Dentro de un rato estaré contigo.
Tardaré a lo sumo, cinco o seis tic-tacs en estar contigo.
Y me los comeré de tus labios.
No hagas caso del mensajero que cantará mi muerte.
No llores, no abofetees al mensajero, él no sabe que voy a ti.
A veces hay que romper para enmendar lo erróneo.
Sonríe, mi amor. Y cuando te comuniquen mi muerte guarda el secreto para que nadie pueda hacernos lo mismo que en esta vida. Si escucharas el sonido del gas sabrías que es el zumbido que provoca mi alma viajando veloz a ti.
¡Shhhhh!
Un chistar pidiendo silencio.
Hasta luego mi amor.
Chao.

Iconoclasta

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