12 de octubre de 2009

Mi vida como oso hormiguero



¡Hola! Soy un oso hormiguero.
Soy simpático y tengo una trompa y una lengua muy larga.
Zzzzzzz... Y muy rápida... ¡Qué buenaz laz hormiguitaz, laz termitaz...!
Indecentemente larga y voluptuosa.
¿Los osos hormigueros son tan salidos como me siento yo ahora mismo?
Esto tiene que ser un sueño, fijo. Me gustaría saber de donde coño ha sacado el subnormal de mi subconsciente la idea de convertirme en oso hormiguero. Joder, si no he visto documentales de naturaleza en varios meses. Y seguro que no hay referencia alguna al oso hormiguero en el libro de los sueños, es un asco ser tan profundo.
Venga, a disfrutar, no te jode...
Debo ser un oso hormiguero extraño y neurótico, porque los osos hormigueros no miramos el culo de las humanas pensando en que nuestra lengua es algo más que una tira insecticida para atrapar hormigas o termitas, o algún que otro coleóptero de pequeño tamaño, pocket-coleópteros para ser más técnicos.
Y tampoco es lógico que un oso hormiguero sienta asco de comer hormigas. Es más, me apetece un bocadillo de tortilla de atún con queso, patatas fritas de luxe con salsa de ajo, kétchup, coca cola y un batido de chocolate con mucha nata por encima y pasarle la lengua por el coño a la camarera que está como un queso de buena.
Vaya mierda; esto debe ser uno de esos sueños que se intuyen largos. La gilipollas de mi mujer me despierta cuando estoy soñando con la del tercero, como si lo supiera. Y cuando me ha de pegar un codazo para sacarme de una pesadilla angustiosa, no hace nada.
No pienso meterle mi larga lengua y mucho menos mi nariz entre las piernas, ella se lo pierde por borde.
De momento el sueño no está mal, tiene sus ventajas ser oso hormiguero. Cuando soy hombre y me levanto de la cama, tengo que hacer a un lado mi órgano genésico por lo erecto y lozano que está, es difícil doblarse con aquella obscenidad dura entre las piernas. Es una pesada carga la erección matinal.
Tampoco hay que exagerar, al menos ayuda a llevar la toalla mientras te enciendes un cigarro camino de la ducha.
En las patas de atrás el dulce báculo del amor es mucho menos molesto.
Me siento lírico, imagino que los osos hormigueros son seres sensibles. Porque normalmente lo llamo polla.
Y los cojones quedan mucho más recogidos, donde vas a parar.
¡Me cago en dios! A la mierda las nike de ciento cincuenta euros, con esta mierda de uñas...
Es muy dura la vida de un oso hormiguero. Malo si andas sobre dos patas y malo si andas sobre cuatro. ¡Qué asco de vida!
Y de fumar rien de rien, acabo de destrozarme un ojo con estas garras.
Me parece que no soy tan simpático. Ya lo dice el refrán: el ojo del culo del amo es más gordo que el del caballo y lo engorda.
Los osos hormigueros no sabemos de refranes.
Me voy a pasear a ver si pillo unos escarabajos para desayunar. Hay que ver como tira el instinto, cómo los animales nos adaptamos con suma efectividad a un nuevo medio. Empiezo a sentir asco por la salsa de ajo.
Y si de paso me puedo cepillar a una osa hormiguera... ¿Estamos en peligro de extinción los hormigueros osos?
No, no quiero ser un oso amoroso, no jodamos, que ya bastante cruz arrastro con este pedazo de rabo peludo que ya ha roto toda la colección de cajitas de música del recibidor. Que se joda mi mujer, que sólo me quiere por mi cuerpo.
Anda que no gritan los humanos. Los niños no tanto, los niños más que nada son molestos porque me tiran las envolturas de las golosinas que sus madres les compran para librarse de hacerles la merienda, y las cáscaras de las pipas. Son unos hijoputas. Las madres gritan y cogen a sus hijos como si yo fuera Godzilla.
— ¡Qué asco de bicho! —gritan.
—Seguro que es un ornitorrinco.
Está visto que ser inculta no es ningún obstáculo para ser madre; si fuera humano les diría que su madre sí que es una mala bestia.
Hay que estar en el lado de la irracionalidad para darse cuenta de la cobardía y la falaz personalidad intrínseca íntimamente ligada e intrincada en el tejido espiritual del ser humano.
Está visto que me he convertido en un oso hormiguero con estudios. Con lo anterior he querido decir que menuda caterva de subnormales son los humanos.
Sin embargo, me limito a soltar con total tranquilidad un buen chorro de orina perfumada en la arena donde juegan los niños. Tengo la esperanza de que haya una osita hormiguera por aquí cerca.
Una mujer con gafas negras y un bastoncito blanco, sentada en el banco frente a una valla de cemento (mira que hay sitio para dirigir la vista y ésta mirando al muro... ¡Qué bueno Pink Floyd!) pregunta en voz alta que es lo que está ocurriendo, se parece a aquel negro cantante, el estiviguonder moviendo la cabeza de un lado a otro. En el bolso lleva pegado un posit que dice: Ojos que no ven, es que además de ciega eres tonta.
Seguro que si fuera humano, me reiría, porque se me ha escapado un aire extraño por esta larga nariz, como una leve ventosidad; pero exenta de porcentaje alguno de metano.
La observo con curiosidad y lanzo mi lengua entre sus muslos porque me ha parecido ver que le sube una hormiga por las piernas.
Yo que estaba preparado para el grito... No entenderé nunca a los humanos.
Se ha quedado callada y con la boca abierta mientras rebusco con mi larga lengua entre su falda la apetecible hormiga.
Yo diría que le he tocado algún punto nervioso y las convulsiones le hacen castañetear los dientes. Me he de dar prisa en encontrar la hormiga. Yo diría que se está meando. Y que espeso...
La gente, a prudente distancia, nos mira en silencio; algunos mascan chicle rápidamente y otros se mojan los labios con la lengua.
— ¡Joder con la ciega! Pues no es puta... —dice una madre que protege con sus grandes tetas a su cría redonda y oronda, con evidente envidia.
Yo no sé a que se refieren, pero mi instinto me lleva a buscar ositas hormigueras, la orina de la ciega debía estar cargada de feromonas y ahora mi naturaleza animal ha adquirido pleno esplendor. Incluso he de ser cuidadoso al trotar, ya que las largas uñas arañan deliciosamente mi hermoso dolmen de la fertilidad.
¡Y ahora me pica!
Un momento... Tengo una lengua larga, una nariz larga y como hacen los perros, yo también puedo hacerlo en mitad de la calle.
La ilusión de mi vida se ha hecho realidad, al fin puedo pasarme la lengua para limpiar la dura y cremosa protuberancia del amor. Me gusta este romántico vocabulario. Los osos hormigueros somos en verdad seres sensibles donde los haya.
¿Es normal que los osos hormigueros tengamos tal riqueza léxica?
¿Qué dice la güiquipedia al respecto de la psicología de los osos hormigueros y su afición por lamerse continuamente su dulce bastión del placer voluptuoso?
Tendré que meterme en un cibercafé, esto de ser culto como oso hormiguero empieza a angustiarme, a llenarme de inquietudes.
No puede ser...
Una osa hormiguera acaba de cruzar la calle, la gente no es discreta, cacarean como gallinas asustadas.
—¡Osita hormiguerita! No corras.
—Hola Oso de gran pseudo-probóscide —me saluda esquivando un envase vacío de yogur que por el color de los restos, debía de ser de menta.
Empiezo a estar cansado de los académicos de la lengua.
— ¿Quieres que ejerzamos nuestro derecho a la reproducción mediante el cortejo pre-nupcial, un dulce cunillingus y una felación con nuestras largas lenguas para después pasar al coito directamente?
¿He dicho que estoy hasta los mismísimos de los académicos de la lengua?
¿Por qué tienen que ser tan complicados los sueños? Ahora sí que se empieza a convertir esto en una pesadilla.
— Preferiría que me lamieras el coño y me la metieras —respondióme sutil y con vivo ingenio sorprendiéndome así.
Joder, ya era hora...
Madavillozo...
— Icono, cariño... Despierta tienes una pesadillaaaaghfffff
La osa hormiguera se está transformando en algo enorme y sin pelo, como el muñeco michelín, a medida que su lengua acaricia mi membrillo de la fertilidad...
Mi mujer, a la cual quiero y que no quepa duda (obsérvese como silbo a un lado distraídamente ante la flagrante mentira) siempre me tiene que despertar en el momento más oportuno, mira que ha tenido rato para hacerlo, no te jode.
Pues ahora no se la saco de la boca hasta que sufra mi dulce petit morte acompañada de cremosa erupción pseudo-láctea enriquecida con aminoácidos esenciales sin que se le derrame una sola gota de la boca.
Esto sí que es enseñanza inducida durante el sueño.
Si va a vomitar...


Iconoclasta

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