28 de febrero de 2008

Coagulando que es gerundio

Vaya, parece que no es buen día para morir, todo me ha salido bien y cosa rara: hoy precisamente, no detesto la vida.
Las cosas como son: es un error pensar que las flores existen para adornar las tumbas. Hay belleza filantrópica, desinteresada y generosa en el planeta. La prueba de estar vencido es no saber paladear lo dulce y lo amable que nos ofrece la vida.
Por eso, hoy camino saltarín por la calle, cuasi alegre, ledo, emocionado y un poco empalmado.
Porque al fin y al cabo, la euforia sexual es un buen síntoma de alegría y optimismo. El deseo reproductor instintivo y todo eso. Algo connatural al ser humano.
Dijéramos que en mi básica y primitiva cultura, el pene es mi tótem y a él me consagro.
Es del único de quien me puedo fiar, porque si por el médico fuera, ahora estaría calvo y vomitando un líquido amarillento en la sala de tratamientos oncológicos de algún enorme hospital.
A algunos médicos les deberían quitar los vasos de café de la papelera para que no busquen entre los posos los diagnósticos de los pacientes con un dolor de cabeza muy particular y muy doloroso.
Resulta que no es un tumor lo que tengo en la cabeza, no hay metástasis.
Es que se me suelta el vientre y todo de la alegría.
Es un simple coágulo que presiona en el mesencéfalo y me va dejar muerto en cualquier momento dentro de los próximos veinte días. Pero coño, me libro de la quimio y de un largo proceso de degeneración física y psíquica.
El optimismo allana el camino hacia una vida más intensa.
Claro, que muy intensa ha de ser para disfrutarla en apenas tres semanas.
Dice el matasanos que antes de morir padeceré perturbaciones en mi estado de ánimo y que tendré que pasar por la consulta dentro de una semana, me recetará ansiolíticos para paliar un poco toda esa locura que poco a poco se desatará en mi cerebro. Ahora no es buen momento porque me ha colocado un parche de morfina en la nuca para sedarme y evitar los inevitables dolores. También hará más suave la rampa que me llevará a la depresión que he de padecer durante las próximas semanas.
Veinte días de vida está bien; cuando uno ve a su padre morir con cuarenta y cinco, el hijo piensa que la muerte precoz es algo congénito. Hay momentos en los que piensa que hasta la mala suerte es congénita.
Y te comes el coco y te acuerdas de tu padre con ese tacto frío, como el de la carne en el mercado. La piel cerúlea que te hace dudar de si de verdad es a quien has amado o te lo han cambiado por un tosco maniquí, una broma de mal gusto.
Y saltarín camino con alegría, porque seguramente llegaré a cumplir cuarenta y seis, mi recelo se ha esfumado.
Estoy deseando llegar a casa y decirle a la familia que estén tranquilos, que es posible que llegue a los cuarenta y seis, casi seguro. Aunque me cague y me mee encima.
Anda que no van a dar saltos de alegría, llevan unos días preocupados por los comentarios ambiguos del doctor sobre estas punzadas que me dejan clavado en el sitio y por un llanto que intempestivamente derraman mis ojos, sin previo aviso. Sin sentirme triste especialmente.
Eso sí que me sabe mal, es una mierda esto de tener algo malo en los sesos. Te esfuerzas por sonreír, te muestras fuerte. Se habla de ánimo y superación y por sorpresa una ráfaga de dolor parece atravesar la zona tras las orejas de lado a lado y las lágrimas, como una presa reventada, anegan el rostro. Y es triste reír llorando, ellos sufren, no les gusta, por decir algo, por decir lo mínimo.
Me hubiera gustado ver como le sale la barba a mi hijo, estoy seguro de que en un mes ya deberá afeitarse, está a punto.
Cuando me muera, a los pocos días, se afeitará y yo no estaré tras él, vigilando que lo haga bien y evitar que se irrite demasiado la piel.
Mi mujer me preocupa un poco más, porque cobra una mierda y sin mi jornal, la cosa va a pintar muy negra.
Me acaban de aclarar por teléfono que si me suicido, no cobrará la indemnización del seguro y en caso de deceso por enfermedad, no se contempla indemnización alguna.
— ¿Para cuándo dice que va a causar muerte? —me pregunta astuta la agente de seguros.
Son listas como ardillas las aseguradoras.
También me dice, que a partir de este momento si me atropella un coche y me mata, seguramente será porque yo habré propiciado el accidente para cobrar la prima. La conversación ha sido grabada por mi seguridad y la de ellos.
No lo entiendo, los hay que tienen suerte para todo en el mundo y yo, hasta para palmarla he de hacer cuentas.
Para lo que me queda en el convento me cago dentro.
Acabo de anular la póliza y mira por donde: vencía en tres días, cuando me pongo puedo ser muy hostil y agresivo.
He de mantener la calma, no me gustaría morir loco y sin saber quien o que soy.
El otro día, me encontré con dios en su cielo y me dijo que hay cosas que no tiene porque explicar a ningún humano. Que aquí, a esta vida se llega para acatar sus órdenes.
Y que me olvide de tirarme a todas las tías que encuentre en el cielo, que no son para mí. Como mucho, me dejará tocarle las tetas a un ángel un tanto defectuoso que está bien para los que han muerto con el cerebro hecho papilla y que seguramente no se recuperarán jamás. No puedo dejar preñada a alguna santa o angelita y prolongar mi estirpe de corta vida también en el cielo.
— ¿Quieres decir que a mi hijo le he legado una vida corta como la mía?
No me contesta, ha girado la cabeza hacia la ventana que da al noveno coro, el de los arcángeles tenores y rehúye mi mirada.
— Está bien, tienes permiso para gozar con la santa o angelita que elijas si ella te acepta. Puedes marcharte. Bienaventurado seas. Amén. —dicho esto, tarareando el irritante salmo de los ángeles y girándome la cara, me indicó con la mano la puerta de salida de su cámara.
— ¿Vas a dejar que mi hijo muera tan pronto también? —le pregunté angustiado.
Nunca había sentido tanto miedo. Quiero a mi hijo tanto que me abriría el vientre para darle calor si fuera necesario.
Tengo la sana costumbre de llevar siempre una navaja encima. Salté hacia su trono de mierda lanzando un grito de combate y se lo clavé en el ojo derecho. Tendríais que oírlo gritar, menudo dios cobarde y quejica.
Anda que si tuviera un coágulo como yo…
Tengo que comprar el pan, dos barras de cuarto y ochocientos cruasanes bañados de chocolate.
Qué ridículo he hecho, me han dicho que para ochocientos cruasanes, me vaya a la fábrica, que no tienen tiempo para bromas. Y hemos llegado todos a la conclusión de que lo que necesito llevarme, son ochocientos gramos de cruasanes.
Es que mi mujer es una despistada.
Nos hemos reído todos un rato con los…
¿De qué me reía?
Aún llevo la receta del médico en el bolsillo, dice que el diazepán, en estas dosis, pega fuerte. Que vaya con cuidado.
— ¿Me he de preocupar de que me pueda quedar dormido, doctor? ¿Quiere que le ponga la comida aparte al coágulo? Tal vez así se conservará más tiempo y engordará más rápido.
Cuando te vas a morir y sólo te quedan dos semanas de vida, toda conversación tiende a ser larga, odiosamente larga e infructuosa. Y la verdad cuanto más hablas con los médicos, más se acelera la muerte. Es como si su voz estimulara a los tumores y coágulos a desarrollarse más y más rápido. El médico, a mayor es el tumor, más importancia tiene. Cuestión de proporciones directas, supongo.
Es la última vez que vuelvo, me deprime más él que el coágulo.
De vez en cuando nos encontramos en una plaza en el centro, lejos del barrio, hablamos, nos besamos y pronunciamos confidencias de amantes. Le hago bromas sexuales.
Está mal engañar a la esposa, pero yo no pedí enamorarme de Ester. Y aún quiero a mi esposa. A Ester le pasa igual con su marido. Y aún así, a pesar de tantos engaños, es hermoso como nos amamos. Somos adultos patéticos, adultos usurpando la edad de los jóvenes. Pero no lo hacemos a propósito, no queremos ser jóvenes, amarse es sencillo y fluye como agua mansa con ella. No quisiera volver a ser joven nunca.
Le he escrito un mensaje en el móvil:
“Me muero cariño, tengo el cerebro podrido, te quiero aunque ya no recuerdo tu cara”.
Duele mucho escribir esto y la verdad es que su cara se ha difuminado en mis recuerdos y tengo miedo.
Siento náuseas.
Si hablo con ella, no querré morir y me aferraré a una esperanza que no existe y se multiplicará el dolor por mil, pero para ella.
Encima de estar jodido, uno ha de ser cuidadoso.
En teoría, a partir de ahora, todo segundo que pase, es un poco de tiempo que le he robado a la muerte.
Me despido cada día de mi hijo como si me fuera de viaje. A veces me tiene que repetir que aún no me voy y me seca lágrimas que no sabía que corrieran por mi rostro. Yo creía que sonreía.
A mi mujer le doy las gracias por todo, no sé porque lo hago, no sé… Pero me abraza y me quiere. Y no quiero separarme de ella, hoy no, ni mañana.
Cada día al despertar, me recuerda quienes son, mi cerebro está cada vez más oprimido y si duermo sin pesadillas es porque ni yo mismo me recuerdo.
Cuando despierto, nervioso y desorientado, me dice que es mi esposa, que llevamos viviendo muchos años juntos, y él es mi hijo.
Y poco a poco durante los primeros minutos de la mañana, recupero fragmentos de la vida de alguien.
En mi teléfono hay muchos mensajes de una tal Ester; se debe haber equivocado, seguro.
“¿Por qué no me contestas, Teo?” “¿Qué es eso del cerebro podrido? Ya no me quieres.” “Me estás haciendo mucho daño Teo”
He tirado el teléfono a una papelera, no quiero que mi mujer se crea que le he sido infiel, yo sólo la he amado a ella. Esa mujer se ha equivocado de número.
Yo a lo mío, que me queda poco tiempo. Como diría un médico: coagulando que es gerundio y el movimiento se demuestra no muriendo.
¡Ja! Se me ha olvidado lo que tenía que hacer.
Maldito coágulo, ya no me acordaba de él.
Tengo mucho miedo a dejar de andar, porque cuando me detengo, se me oscurece la visión y me duermo siendo consciente.
La muerte no es tan mala como dicen.
A lo mejor era eso, necesitaba descansar, un poco.
Soy Alicia en el País de los Coágulos Sangrantes.
Le iba a comprar a mi hijo su primera maquinilla de afeitar, pero me ha dicho que no la quiere, que usará la mía. En lugar de sonreírle y abrazarle, me he puesto a llorar. Y he salido a la calle y…
Lo que me faltaba ahora, se me ha roto una venita en la nariz.
Tengo que comprar dos barras de cruasanes y ochocientos gramos de pan, como cada día.
Antes de morir si puede ser.
Que día más bonito…
Joder se me ha cagado la puta palo…

Fin.


Iconoclasta

26 de febrero de 2008

Crispación y tensión

El Zapatero ya tiene mi voto, lo tiene desde que ha prometido pagarme cuatrocientos euros por él. Me da igual que la peña millonaria también los cobre y los Albertitos se puedan fumar medio puro de los suyos gracias a la paga del Zapatero; pero lo cortés no quita lo valiente, el Zapatero es un ser sin apenas velocidad en sangre. Y me da un mal rollo que te cagas. Es de esos que se ríen y te desean paz mientras te estás ahogando y es incapaz de mover un dedo para tirarte una cuerda.
Es de esos ricachones de mierda de buen vivir, que como ellos nadan en la abundancia, piensan que todo está bien y que el currante se queja por vicio y por incultura.

El Zapatero, debería aprender de Rajoy, porque lo menos que pueden hacer estos vagos políticos, es crisparse. Su obligación es crisparse por nosotros, joderse a trabajar porque para eso cobran una pasta que aunque nazcamos mil veces, no cobraremos jamás.
La mierda de talante de Zapatero en el puto debate (otro reality show como otro cualquiera), lo hacía parecer un estúpido mesías. Un hombre santo que hablaba y gesticulaba como un misionero de los cojones.

Los políticos a crisparse y luchar para el pueblo; ya se relajarán cuando les toque y sobretodo, cuando de ellos no dependa la economía y el bienestar de otros.
Muchos de los que le votarán no lo harán por la pasta prometida lo harán deslumbrados por su optimismo y su buen talante (de aquí a unos años, habrán apostoles y una religión nueva surgirá); sí, esos mismos desgraciados que por mil euros al mes trabajan como cabrones y soportan empresarios y encargados que hasta les dan por culo y los esclavizan sin ningún tipo de optimismo ni buenas maneras. Que soportan la crispación de la empresa.
Esos mismos son los que no tienen conciencia de su propia existencia, y miran con desconfianza al político que habla crispado de la carencias económicas y ven en el beato e insustancial Zapatero, una especie de padre que nunca tuvieron. Si es que al pueblo bajo hay que hablarle como si fuera subnormal para que se meta él solito en la picadora de carne.
Pobre de espíritu tiene que ser el que no exige que se le trate con la misma atención y esfuerzo con la que ha de trabajar cada día y cuidar así de su sueldo.

Yo lo que quiero, es que un cabrón de presidente rabie como a mí me han hecho rabiar en el trabajo cobrando una mierda. Que rabie y se crispe como cuando no he tenido trabajo ni dinero; solo que ellos rabiarán en algún club o esnifando coca de la buena. Hasta para eso son bien nacidos.

Tampoco soy idiota, sé que no me va a pagar ese dinero, que se inventará alguna mentira para quedárselo él y su cohorte de chorizos, pero me haré el tonto a ver si por casualidad, cae esa pasta.
¿Crisparse? Que se crispen hasta que les revienten las venas del cuello, que cobrando una infinitesimal parte de lo que ellos cobran, he tenido que vomitar bilis.
No te jode con la crispación... A lo mejor les tendremos que chupar la polla para que se relajen.

Si el Rajoy me hubiera comprado el voto como lo ha hecho el Zapatero, le hubiera votado a él tan sólo por su crispación. Al menos aparenta que se preocupa, no como el otro que ni levanta sus deformes cejas de troll.
Que se crispen y se arranquen los ojos, nada de optimismo ni besos de mierda con mi dinero.

Que curren un poco, coño.
Necesito dinero y unas vacaciones, menuda crispación tengo.
Es una mierda ser tan macho, demasiada responsabilidad reproductora.

Buen sexo.



Iconoclasta

17 de febrero de 2008

Todos por Zapatero y sus cuatrocientos

Vale, he de reconocerlo, no me importa en absoluto la tendencia homosexual del presidente Zapatero.
Y hablando en serio, siempre se ha considerado a los homos como personas más inteligentes, más sanas, más buenas, y mejores que los heteros.
Zapatero es la prueba de que un presidente julandrón es capaz de ganarse mi respeto.
Por cuatrocientos euros, le votaría aunque fuera heterosexual. Lo juro.
Y no es broma, tengo a mi madre colgada en E-Bay por trescientos cincuenta.
A mi hijo por doscientos y a mi mujer no, que la necesito para que limpie la casa. No me puedo quedar solo.
Si es que es lo que necesitamos: dinero.
Lo demás son cosas secundarias, porque ya está bien; hasta ahora, los gitanos y los seres más bajos de la escala social se podían ganar la vida follando y teniendo hijos que luego vendían. A partir de ahora, los ciudadanos y obreros normales, gozaremos de una paga, aunque sea única, de cuatrocientos euros.
Todos deseábamos poder comprar ese Ipod metalizado que nos encogía el alma al verlo tan inaccesible dentro de las vitrinas de las tiendas de electrónica hortera y por fin podrá ser nuestro.
Y todo gracias a nuestro homo cejipuntas y generoso presidente Zapatero.
Ni se os ocurra votar a esos rancios del PP, que no regalan ni una mierda y encima aburren a las ovejas. No vayamos a joder la marrana, que con estas cosas no se juega.
Además, el paro no es para tanto, al fin y al cabo, hay más de cien mil obreros que están haciendo cursos de formación para poder trabajar de presidentes de gobierno y mientras estudian ni necesitan trabajo, ni comer ni vestirse.
Por lo tanto, una mierda: lo del desmesurado índice de paro es una falacia de los fachas para joder a nuestro julandrín y cejipuntas Zapatero.
Y ya me estáis pillando doble papeleta del psoe para que vuelvan de nuevo, no me vayáis ahora a joder con los fachas o nacionalistas (son lo mismo).
Buen sexo
¿De verdad no os interesa una vieja para limpiar? Mi madre aún se apaña. ¿Y un niño para fotografiar o simplemente usar de repuesto para transplante de órganos?
Pujad en E-Bay, a ver si con su venta y la paga de ZP, me llega también para un cámara digital de una cojonada de megapixels.
Hasta luego, chatos y chatas, si me vierais... Estoy con el dedo en ángulo encima de mi ojo, como Bosé y Sabina...



Iconoclasta

10 de febrero de 2008

Blasfemia

No soy blasfemo, amo la blasfemia, Soy blasfemia, una blasfemia pegada a otra.
Y blasfemia eres tú que ridiculizas a los dioses con tu existencia.
No los maldigo, no los mento en vano, simplemente están muertos; murieron cuando tus pechos se desarrollaron, cuando te hiciste mujer.
Cuando de tu coño manó la primera sangre sacrificaste a los dioses. Las vírgenes murieron entre alaridos de envidia cogiéndose con las manos crispadas sus coños inmaculados ante la blasfemia hecha cuerpo.
Tu cuerpo.


Puta Diosa que haces de mí un animal baboso y arrastrado.
Me cago en dios, me cago en todas y cada una de las deidades que han usurpado un lugar que no les pertenecía, que han evitado por todos los medios tu advenimiento durante tantas eras.
Me llaman blasfemo, degenerado. Dicen que mi cerebro es una papilla larvaria, pútrida.
¿Por qué? ¿Por qué deseo follarte? ¿Por qué tengo la firme creencia de que estoy enamorado y quiero joder tu coño divino y sagrado?
Envidiosos de mierda.


Que ellos amen al clavado en la cruz, que imaginen la felación de un buda eunuco gordo y repugnante. Que babeen ante el sexo inmaculado de las santas.
Yo te rindo misa y sacrificio ante un altar de satén negro y humo de tabaco. Yo te entrego mi pene endurecido y arrogante. Mi pene incrustado en tu cuerpo dios, mi pene en tu boca húmeda, mi pene en tus pechos, reptando el glande por tus pezones y dejando espesos rastros brillantes en ellos.
Yo te ofrezco la misa de mi polla, y me clavo en ti como aquel se clavó en la cruz.


Blasfemia… Yo te contaré mis blasfemias contra ti, por ti.
Esta es mi misa:
La hostia es mi pene penetrándote, embestidas desbocadas. El vino es la sangre que derramo clavándome las uñas al cerrar los puños deseándote. Mi confirmación es un semen abundante, blanco y espeso arrojado a tu entrepierna, a tu vientre, a tus labios.
Me cago en todos los dioses. ¡Qué cojones entiende nadie de blasfemia! Si no puedo pensar en otra cosa más que en ti. Te amo entre lágrimas de puro de deseo frustrado, me masturbo entre muerte y hambrientos. Te amo a pesar de la enfermedad que me pudre la sangre. Te amo como jamás podré amar a mi madre ni a mi padre.
Te jodo ante las miradas muertas de los agonizantes. Sólo pienso en ti y mi miembro está tan duro que mis manos no prestan ayuda a nadie; se aferran a esta carne dura y pulsante como única salvación. Mi polla es tu cruz, te clavaré a ella.


Por lo que más quieras, mi Diosa: abre tus piernas y que tu sagrado coño se me revele como la luz divina se reveló a apóstoles y mártires.
No quiero corderos ni palomas, no quiero tus manos alzadas rogando por mi salvación.
Quiero tu cuerpo entre mis brazos y tus manos en mi polla, en mi blasfema polla.
Te amo como ningún dios ni humano pudo ser amado jamás.
Con toda locura, con toda ponzoña.
Eres la Blasfemia hecha Mujer. La diosa que acabó con el Mal y con el Bien y ha esparcido el Deseo por toda la humanidad.


Bienaventurado sea tu coño.
Maldigo mi polla dolorosamente dura.
Como te amo, mi Diosa.
Mi Puta Diosa…



Iconoclasta
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