14 de mayo de 2006

El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo

Hace unos días vi este engendro de película. No era una atrocidad normal, es la obra de un grupo de amigos aburridos que con el pretexto de hacer un cine transgresor, crean una mierda en la que el guionista flipa en colores.
Y la banda sonora es pura basura.
Una película tan mala como abofetear a una madre porque la sopa está fría.
De tantas ridículas escenas, alguna grosería consiguió hacerme sonreír; es una cuestión de mera probabilidad, no de aciertos. Pero esta ligera sonrisa me daba esperanza y pensaba que pudiera ser que toda esa mierda que estaba viendo, sirviera para un fin coherente, un desenlace rompedor.
Y una mierda…
Esto es lo que ocurre cuando gente acomodada, con demasiado dinero para mi gusto, se dedica a malgastar celuloide.
Los pijos, los niños bien no deberían rodar películas por el simple hecho de disponer de unos miles de euros para derrochar (lo poco que cuesta este engendro).
El cine español se empobrece día a día alardeando de una creatividad provinciana.
De puta pena. Y encima se inventaron los premios Goya como una forma de masturbación colectiva y para eternizar la pobreza.
El Segura es un petardo de cuidado.
Margaritas a los cerdos…
Buen sexo.


Iconoclasta

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