3 de diciembre de 2005

Desbocado

Soy lascivo, no me queda apenas amor. Soy pura maldad sexual, soy una bestia babosa que te mira desde un oscuro rincón.
Mis ojos brillan, no lloran, están húmedos como mi polla.
Te miran mis ojos (no soy yo, ahora) con el pene en la mano, goteando... Sudando humores por ti.
Te deseo tanto que he destrozado cualquier asomo de ternura. De amor.
Follarte, joderte, penetrarte.
Metértela hasta que tus uñas se hundan en mi carne.
Te deseo voraz, deseo enterrar mi carne dura en la tuya blanda. Huyendo de tu mirada cálida que enternece y pulveriza mi lascivia, mi deseo de follarte.
De joderte.
Mira mi pijo reventando de sangre, late por ti. Late cuando tu ropa interior se insinúa y asoma al exterior. Cuando te agachas.
Mi pene parece un ariete incontrolable.
Violarte haciendo salir de lo más profundo de tu coño mil gemidos. De sentir tus dientes destrozando mi carne con cada embestida.
Abrazarte y empaparte con mi sudor.
Morderte el vientre, el coño...
Tu coño abierto y empapado...
Desbocado...
Agarrar tu cabello con fuerza y obligarte a mirar al techo cuando muerdo tus pezones duros.
Deseados.
Te follaré desbocado, penetraré hasta en tu mente para que te sientas poseída por mi maldad sexual. Por mi total ausencia de amor.
El amor en la espera se rompe, se deshace.
Se pervierte, se cuaja cuando la carne recibe la sangre excitada.
Cuando el glande se ensancha entre el puño crispado, goteando; como el animal sediento se deshace en saliva.
Así me tienes allá, lejos.
Desbocado...
Un día saldré de la oscuridad y mis ojos miraran los tuyos sin amor, sólo con un voluptuoso deseo. Mis dedos dejarán huellas en tu carne mientras te sobo, te abro.
Te la meto.
Te beso y te muerdo.
Así estoy: Desbocado.
Una bestia en un oscuro rincón.


Iconoclasta

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