29 de febrero de 2012

La mujer de la mala suerte


No es de risa, no tiene gracia.
Encontró a un hombre que casi la mata a palos.
Y a otro con el que tuvo un hijo producto del amor; pero fue efímero.
Y duele el recuerdo de lo que no fue.
Otro cabrón la robó, dejó huellas en su cuello con sus manos obesas, la engañó y la embarazó de algo que casi la mata.
¿Por qué llueve sobre mojado? Siempre…
No es justo, hermosa mujer, que haya tanta mala suerte en tu vida.
Un día creyó ver un príncipe azul; pero solo era un espejismo en sus ojos anegados de anhelos y lágrimas desesperadas.
Y con su flamante “príncipe azul”, descubrió algo atroz: la cancerígena mediocridad. El hastío de los días iguales. De sueños que se hicieron grises lienzos sin relieve y sin movimiento.
Días lisos…
Vida apagada…
Mujer de mala suerte, si no te rasgan el coño, te rasgan el alma.
Y otro desengaño más.
La desesperación y la soledad no son buenas para elegir un amor.
Se equivocó.
Es normal equivocarse cuando el miedo y la soledad es una atmósfera de la que no hay más remedio que respirar. No tiene que pagar culpa alguna.
No es mala, es demasiado buena; ahí radica el error, la envidia de ellos. La nuestra.
Tampoco es buena la madre que es mala.
¡Qué mierda! Bella mujer de mala suerte.
Nunca juegues al azar, no lo hagas, valiente señora. Solo los idiotas ganamos algo en las apuestas.
Lucha.
Tenía razón aquel idiota que dijo: “No existen los príncipes azules”.
Toda la sangre es tan vulgar, la mía. La aristocracia es un peluca llena de piojos y chinches.
Sé que sus deseos de amar son comparables a su belleza. Su mala suerte es de idéntica proporción. Las proporciones a veces son peores que la desproporción.
Los seres excepcionales no son afortunados y los mediocres los intentamos anular.
Mediocres y avaros.
Yo tampoco tengo suerte con mi idiosincrasia. Me veo en el espejo y sale vómito de la boca de la imagen. Supongo que es la mía, a veces no me conozco.
Lamento la nueva piedra hiriente en tu camino.
Otra llaga más en el cuerpo, otra en el alma.
Los príncipes azules humillan. Y humilla al propio príncipe que no lo es. Humilla al hombre mediocre cuando cierra los ojos y escucha su propia respiración. Hace mierda su orgullo, lo que quede.
Ni siquiera tienes una madre medio mala que te sirva de consuelo.
Pobre mujer de mala suerte…
Hay en tu horizonte heroínas muertas con las que sueñas ser como ellas y escapar de esta vida vulgar y banal.
Pero sobre todo dolorosa.
Necesitas vivir sus intensos amores, tan lejanos de los que has conocido. Vivir con trágica intensidad.
Y la vida solo te ha dado la tragedia, se ha olvidado de la intensidad.
Caímos en los lodos movedizos y sin fondo de una ilusión formada por frustraciones, por faltas.
No podía acabar bien este viaje.
Y el desierto se extiende ante mí. Es lo que busco, mi destino. Una soledad que me haga arder de una vez por todas. Me ha tocado un premio en la lotería de la mierda.
No tengo tan mala suerte como tú, mujer hermosa. Porque ante ti se extiende aquello de lo que huyes: la soledad.
Cuando el desierto me calcine, y si hay dioses; intercederé por ti, para que te otorguen un beneficio, un amor que no sea un error.
Muerto no seré mediocre y seré un ectoplasmático príncipe azul del color de la arcilla sucia y un cuerpo que se pudre. Tendré más suerte que tú, o al menos la mía llegará más rápida.
Mantente firme, no te rindas, bella mujer de mala suerte.
Hay tiempo regado con lágrimas; pero tiempo al fin.
Que la suerte te acompañe, es un deseo tan banal y adocenado, como sincero y triste.



Iconoclasta

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