15 de febrero de 2012

Girar



Soy un hombre que intenta hacer girar muy rápido el mundo, todo lo que cae entre mis dedos de una forma u otra acabará girando sea cubo o esfera. O un simple papel. Los cuerpos…
Deseo que todo rote a gran velocidad, que todo salga disparado al espacio, al vacío asesino donde solo respiran planetas y cometas.
Ha de haber movimiento para que el tiempo corra más veloz y salir cuanto antes de este círculo vicioso que es la vida.
Para que ocurra el fin del mundo más angustioso que se me pueda ocurrir ha de girar La Tierra a una velocidad tres mil veces mayor.
Un tiempo rápido. Porque lentamente nadie se va. Siempre están delante de uno, molestando, dejándose ver sin que podamos hacer nada para apartarlos de nuestro horizonte, pudriendo la imaginación, clavando en una cruz la libertad y la creación.
Los nichos son inamovibles, ellos los enterrados, siguen ahí durante siglos y milenios. Quietos y demostrando que en la vida hay escaso movimiento, ergo un tiempo demasiado largo.
Quieren descansar de pudrirse y simplemente desintegrarse con rayos gamma en algún lugar del cosmos. Alguna novedad no puede hacerles daño.
Si el tiempo del placer es breve. ¿Por qué el del dolor dura siempre?
Hay un error con la concepción del tiempo. Dios es un hijoputa que lo ha hecho mal. Si existiera, le metería mi reloj por su Sagrado Ano.
Este tiempo que me pudre con su inamovilidad…
¿Por qué vive tantos años lo que no me gusta? ¿Por qué se reproducen? Una fuerza centrífuga los tendría que arrancar de su coito mutilando los genitales y que se congelen o ardan por los rayos cósmicos en el espacio.
Veo cosas que son peonzas en potencia; seres racionales e irracionales. Se me ocurren innumerables formas de hacerlos girar. Si les pego un buen tiro con postas del doce en un hombro, girarán sobre sus pies. Rotarán entre sangre, carne y huesos destrozados. Si los tiro por un barranco rodarán alcanzando cada vez más velocidad. No importa que giren alejándose o a mi alrededor.
Quiero un tío vivo girando con mil cadáveres ensangrentados subiendo y bajando en los caballos.
Soy un sol en busca de su sistema planetario, localizo planetas vulgares y apagados para que giren en mi poderosa atracción. En mi locura.
Podría cortar las cabezas y meterles un grueso palo en el muñón para hacerlas girar como trompos.
No es por asesinar o por odio. Son imágenes que me pudren el ánimo con su necesidad de hacerse realidad.
Pudiera ser que el amor fuera una frecuencia del movimiento, como lo es el tiempo. Un efecto-causa-efecto-causa-efecto-causa... No entiendo, no soy cuántico.
No necesito amor, lo hago por moverme más rápido.
Sin movimiento no hay tiempo y los segundos cuelgan pesados de mis párpados, solo sé eso. Eso ocurre en mi mente, a mi alrededor.
Cuando todo gire no me sentiré tan decepcionado con la vida. No observaré lo que me irrita por demasiado tiempo. Seré libre de ellos y permaneceré tranquilo en el vórtice del ciclón de seres y de cosas deformadas por la velocidad del movimiento que me dará armonía con el planeta. Con lo que quede de él.
En lugar de hastiarme, me veré reflejado en las pupilas de los rostros que giran asustados y congestionados por una sangre con demasiada aceleración.
No basta que solo los objetos se muevan, los edificios son espectaculares desintegrándose con la velocidad de la rotación; pero no sienten vértigo y dolor. Los gritos y los temores imprimen más velocidad rotativa-creativa. Cuando se vacían de sangre dejando rojas coronas circulares en el suelo, la belleza se suma a la velocidad giroscópica. Y si hay belleza, mi muerte será más soportable.
Es hora de girar, de morir. De salir expulsados de la vida por una potente fuerza centrífuga.
Que giren cuerpos y cabezas con pasión.
Hay que amputar extremidades para que el giro sea uniforme y elegante.
Los perros tienen demasiadas patas. Una vagina es un buen agujero para clavar un pivote al cuerpo, siempre y cuando cortes las piernas. Los cuerpos no son perfectos, tienen cosas molestas innecesarias. El tiempo no las usa para correr más deprisa.
Los anos también son un buen alojamiento, pero requiere cortar el pene para lograr simetría.
Lo que no gira está muerto, congelado. Como mi pensamiento en el filo de un vaso con agua que se mantiene inclinado y no se decide a derramarse. Es horrible…
No hay desenlace y observo el mundo detenido, las horas enmoheciéndose en el filo de la saeta de un reloj. Tal vez se haya agotado la batería…
Tal vez mi imaginación es inmensa para un mundo tan vulgar y decadente.
Tengo un dado que hacer girar y demasiado tiempo para hacerlo, no es bueno vivir tanto. No es bueno para la humanidad, un día podría hacer girar cosas y seres.
Y no les gustaría.


Iconoclasta

Ilustrado por Aragggón



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