23 de diciembre de 2007

Violeta

He cargado la pluma con tinta violeta. Dicen que es un púrpura azulado, un azul rojizo. Ambigüedadades cromáticas, imprecisiones que hoy, no importan. Es un color sereno.

Una serena pasión. Lánguida y perezosa, persistente y cálida.

Sonrío sin más, porque estás, porque te siento. Hoy tengo bastante con ello, no deseo devorarte como si viviera mi último día. Busco tu risa feliz.

Y no es por cansancio, es que me apetece dejar la espada y el escudo. Bañarme por los invisibles violetas del sol y que se caliente la piel. Que arda el sol lejano y me irradie de serenidad lumínica. Me he propuesto estar en paz con La Tierra.

Estar en paz en ti.

Rayos invisibles como el color de tu alma clara; violetas serenos como tus ojos observando mi vida con un parpadeo lento, íntimo.

Que se temple el espíritu y la vida se sature de un azul púrpura. Que la sangre corra tranquila por las venas como dulce es la vida cuando me guías.

Cuando ciego llego a ti.

Tinta violeta que he sacado de mis ojos, de mis lágrimas hoy raras, y serenas y felices. Te ungiré con ellas como un sacerdote pagano a la mujer desnuda. Escribiré de la paz y del amor en tu vientre.

Y evocaré tempestades en tu piel como recuerdos, como futuros.

Certezas de que te amaré por siempre.

Son descansos líquidos que gotean de mis labios a tu vientre trémulo.

Premios de la vida a un exceso de lucha, de pasión.

Borrones como violetas sobre tu piel.


Iconoclasta

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