9 de julio de 2007

Hola pequeñín mío




Hola pequeñín mío.
Me haces sentir madre anidado ahí, en lo más profundo de mi organismo.
Una mala madre, pequeñín mío. Temo que no te alimento suficiente, no te llega mi alimento para que te desarrolles y te hagas fuerte; para convertirte en un nuevo e importante ser.
Ser madre no es fácil y mucho menos ser padre-madre; no me asusta parirte, me asusta no poder ser digno de esta maternidad.
Soy una mala madre.
Es angustioso verte ahí, latiendo, rodeado de sangre, carne y huesos, luchando por vivir.
Cariño mío, crece pequeñín, crece y hazte fuerte que papá-mamá te quiere mucho. No te duermas al calor entrañable del cuerpo cansado de papá-mamá. Mi cuerpo.


Hazte grande, pequeño; sal y expándete. Mi cuerpo es tuyo, tu alimento, tu vida. Regálame con tu presencia con tu latido cada día más potente, con tu fuerza desmesurada. Papá-mamá te quiere mucho.
Eres mío, mi creación… No dejaré que nadie te haga daño, come, come.
Pequeño mío.
Los médicos son malos; ellos te llaman cáncer, o tumor.
Son peligrosos, te he de proteger, ellos me harán abortar, quieren que tome medicamentos que te envenenen. Eres tan pequeño y hay tanta gente contra ti…
Venga pequeño, inténtalo. Sólo una pequeña metástasis algo sencillo para empezar. Sé que estás cansado, sé que las radiaciones duelen mucho, mi amor. Pero has de ser fuerte como papá-mamá. Como yo.
Métete en el riego sanguíneo y busca los pulmones, el corazón.
En las entrañas encontrarás más alimento, menos presión para desarrollarte. Sal de ahí, en el tuétano del hueso no tienes futuro mi pequeñín.
No soy una mala madre, sólo que no controlo el crecimiento de los huesos y no puedo evitar que te aplasten.
Tienes que salir de ahí y hacerte grande, mi amor.
Aún tienes tiempo. Deja escapar una molécula, una célula colonizadora, que se filtre en el torrente sanguíneo y si tenemos suerte, llegará al cerebro.
No te asustes pequeño, Metástasis no es un nombre tan feo. No te preocupe lo que digan los médicos, tú hazle caso a mamá. En el cerebro estarás calentito y hay muchas vitaminas y minerales que harán de ti un organismo fuerte y saludable.
Mi pequeño organismo extraño al que tanto quiero…
Muévete, pequeñín, intenta salir de ahí dentro y busca un sitio mejor donde puedas hacerte grande, mi amor.
Tuve miedo la primera vez que apareciste, pensé que te harías un bulto enorme y saldrías a través de carne y la piel derramándote en forma de humor negruzco y maloliente, que digerirías mi carne desde dentro para luego salir a vomitarla.
Llevo tanto tiempo llevándote en mis entrañas, que sólo me queda quererte, mi pequeñín. Sólo quiero que salgas que te hagas grande y poder llevarte de la mano por el mundo, educarte.
Las madres, aunque seamos hombres, no podemos escapar a este instinto maternal que nos obliga a amaros.
¿Cómo puedo odiarte si eres parte de mí? Los médicos no lo entienden, ellos sólo buscan mi bien. Ven en ti a un cáncer peligroso, y sin embargo no creces.
Ellos vuelven a decir, que gracias a Dios. Yo digo que es frustrante tener un hijo que no crece.
Mi pequeñito cáncer indefenso…
Si he sido bendecido con el don de la maternidad ¿quiénes son ellos para intentar abortarte?
Tengo la garganta quemada de tanto fumar, tengo un asomo de esperanza de que seas capaz de desprender una célula y subirte al alquitrán que circula por mis venas y puedas llegar así a los pulmones al menos.
Inténtalo pequeño, sé que estás cansado y agotado, te noto latir en lo profundo del hueso, parece que lloras. Que te sientes solito ahí en el tuétano del hueso.
¡Te has movido, mi amor! He sentido como si el hueso estallara desde dentro, me duele tanto la pierna.
Estoy tan feliz, el dolor es vida, mi amor.
Crece, sal de ahí pequeñín.
Así mi vida, no te asustes si grito.
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El paciente hizo un gesto con la mano al radiólogo para que se acercara.
— ¿De verdad cree que esto es forma de tratar el cáncer? Sí ya sé que es un método novedoso y con un gran porcentaje de cura; pero no puedo evitar sentirme como un gilipollas hablándole al hueso de la pierna. Y me incomoda llamar a ese puto tumor “cariño y pequeñín”
— ¡Shhh! Hable más bajo, el tumor puede oírnos. Ya se ha movido. En cuanto asome un poco más, le pego un disparo de rayos gamma, que lo dejamos frito. Usted siga engañándole, estos bichos son idiotas.
—Joder, es que tanto repetir la misma lectura, voy a cogerle cariño de verdad. Y necesito fumar.
El ronroneo del campo magnético del escáner marcó un breve silencio entre el paciente y el doctor.
—Está bien, fúmese un cigarro y luego seguimos.
El doctor se acercó a su escritorio, sacó un cenicero del cajón y lo mantuvo en la mano. El paciente se sacó del bolsillo de la camisa el tabaco e invitó al médico a fumar, éste aceptó.
En el monitor del ordenador, se apreciaba la imagen del hueso del paciente, la pierna aún seguía dentro del túnel del escáner, inmovilizada. En la tibia, por debajo de la rodilla había algo que se movía, que latía. A cada momento, parecía salir más de dentro de la médula del hueso.
—Pues ahora el método será muy dulce y poco agresivo, pero el tratamiento me parece humillante. —le dijo al médico mirando el monitor.
—Piense que esto salvará su pierna. Antes de que los tumores mutaran, antes de que fueran inteligentes, el índice de mortalidad era altísimo.
Acabaron de fumar, el paciente miró la fecha en su reloj: 10 de diciembre.
El 2223 estaba llegando a su fin y los altavoces emitían villancicos relajantes, al más puro estilo chill-out. Un arcaico estilo musical de más de 200 años de antigüedad.
El movimiento del cáncer por salir de su alojamiento en la tibia le dolía.
—Vamos allá, coja el guión y adelante.
El paciente cogió el guión del tratamiento que había dejado a su espalda. El médico se sentó frente al ordenador.
“Hola pequeñín mío.
Me haces sentir madre anidado ahí, en lo más profundo de mi organismo.
Una mala madre, pequeñín mío…”
El paciente interrumpió la lectura.
— Doctor vaya con cuidado al disparar los rayos, dicen que dejan impotente si llegan a los cojones.
—No se preocupe es un haz muy preciso y localizado. Sus cojones están a salvo.
—Pues vamos allá otra vez.
“Temo que no te alimento suficiente, no te llega mi alimento para que te desarrolles y te hagas fuerte; para convertirte en un nuevo e importante ser.”

La pantalla mostraba el tumor, se movía y ya había salido completamente del interior del hueso provocando un gesto de dolor en el rostro del paciente.
—Mate al hijo-puta, doctor. —exclamó el paciente sudando.
“Estoy tan feliz, el dolor es vida, mi amor.
Crece, sal de ahí pequeñín.”



Iconoclasta

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