31 de agosto de 2006

Negranoche

Es un ser voluptuoso de pechos plenos y melena oscura, negra como una noche sin luna. Es mi sueño, es una fuente de placer y de ansia, es todo lo necesario para caer en la sima del embrutecimiento.

Soy víctima de la Negranoche. O no...

Su pubis rasurado brilla cuando lo acerca a mi boca, cuando se coloca a horcajadas encima de mi rostro para que mi lengua la llene... Soy una serpiente que desearía meterse en ella, recorrerla.
Negranoche exige su dosis de placer, quiere llegar a la cima del éxtasis. Quiere abusar de mi cuando la noche me envuelve y duermo. Soy un instrumento para ella, no me ama, no me desea; sólo busca un placer único y ritual. Cada noche sin luna cae un manto negro de largos cabellos en mi vientre cuando ella aspira de mi, cuando ella me excita y disuelve mi voluntad entre saliva y humores sexuales.


No la quiero, no la deseo, ni siquiera me acuerdo de ella en la vigilia. Sólo cuando noto el roce de su cabello mi pene se inflama y mis labios se abren buscando besarla y lamerla. Abro mis piernas para que sus manos heladas recorran mis genitales. Me abandono a su voluptuosidad.
Y gimo y gruño profundamente, desde un instinto arcaico y viejo.
Quiero llenarla de mi hasta que sus manos se sujeten el vientre inflamado por mis embestidas.
No hay amor, sólo un frenesí.
Sólo el placer de inundarla con las contracciones de mi vientre, de hacerla gemir.


Quiero que clave sus uñas en mi pecho y me haga sangrar.
Quiero las cicatrices testimonio de placeres ocultos y oníricos.
Quiero acariciar las cicatrices mi Negranoche en la vigilia.


Algo que me haga recordar; pruebas de un placer oculto.
De que no estoy tan enfermo.
Tan loco.


Iconoclasta, 5-3-05

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