31 de agosto de 2006

Negranoche II

Mi Negranoche tantas veces conjurada...
¿Dónde estás? Sigo loco aún, para siempre y desde siempre.
Te escondes, apareces, te evades, me sonríes y te haces desear con una naturalidad que me desquicia. No puedo estar tranquilo, no tengo tu aplomo; soy primitivo, tonto; mi Negranoche.

No quería decir que te quiero, que mi corazón late con una fuerza dolorosa, que te amo con la fuerza con la que te follo.
¡Coño!

No quería reconocer que me arrodillo en el suelo y lamo tus pisadas.
Hoy no, mi Negranoche, hoy no hay esa pasión enferma y loca. Sólo un amor triste y trágico, lamentar susurrando entre tu negro cabello, tu ausencia caprichosa y medida. Rendir amor a la altiva diosa que juega conmigo, no quiero piedad ni comprensión. No quiero calma ni paz.

Te quiero a ti entera.
Y tu preciosa sonrisa tatuada en mi pecho con un hierro al rojo, joder.

Me arrebatas de ansia, me haces sonreír y sin apenas pretenderlo, tensas mi cuerpo. Tengo el tuyo entre mis brazos…
Tu boca entreabierta, ofrecida.
Sólo puedo sentirme triste, sentirme desgraciado. Es tan duro mantenerse alejado de este amor que me intoxica que crea espejismos de noches de negro terciopelo, de ojos enormes y oscuros. No puedo solo follarte, ¿no lo entiendes, desgraciada? No es sólo sexual, es una puta adoración lo que siento.

No llego a ti, no me quieres… Mi Negranoche, negra y oscura entre las más negras.
La más deseada...
He rasgado mi pecho, es mi ritual, mi herida de amor, mi tributo al deseo.
No hay sangre, sólo lágrimas, un transparente cariño, un cálido torrente.
Cálido como tu piel tostada, morena, lamible…No puedo, mi Negranoche del alma, no puedo mantener por mucho tiempo este amor sereno.

Hablas y es tu boca el imán que mantiene el mundo en su lugar, y yo soy atraído por él, irremisiblemente.
Te quiero más que a mi vida ¿No notas el temblor de mi sonrisa? Deja que me apodere de esos hermosos labios, ¡Por lo que más quieras! Déjame besarlos y rendirme de amor.
¿No lo entiendes? Es ser adicto al caballo y no tener un mala aguja que llevarse a la vena.

Parece que nací contigo en mi cabeza, en mi corazón, en mi pene henchido y rabioso. Entre tus pechos plenos, duros, tersos… Morenos y desafiantes.
Entre tu cabello de seda que lanza brillos de estrellas, de noches sin luz preñadas de gemidos y olores. De humedad.
Hoy necesitaba ser débil, no quisiera morir sin que oyeras lo que ya sabes, que te amo Negranoche.
Con el dolor y el placer que conlleva.

Si es tu cuerpo y el placer el centro de gravedad de mi mundo, toda tú eres el universo entero, mi vida entera.
Hoy he deseado tu coño, tu muslos húmedos y tu cuerpo entre mis manos, entre mi boca.
Pero he sangrado puro amor.

No me olvides Negranoche, no me aniquiles; así no…
Seguiré aullando a la oscuridad, a la noche sin luz mientras me queden fuerzas, mientras te siga amando. Y eso es la eternidad.
Buenas noches, mi Negranoche.
Te quiero…

Iconoclasta

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