13 de abril de 2006

Vacaciones semana santa 2006

No es necesario que la semana santa sea calurosa pero; es la gran preocupación de la peña: el tiempo.
Claro que sí, es normal. Porque los hay que para cuatro estúpidos días, vuelan a los lugares más selectos del planeta.
Es precioso viajar, es precioso volver al cabo de casi una semana y pillar a una víctima a la cual enseñar todas y cada una de las estúpidas y aburridas fotos.
Aguantar la torre de Pissa con la mano y con sonrisa de carnero es increíblemente divertido.
No te jode la horterada…

Si llueve es malo (bueno para otros), si no hay sol tampoco mola (a mí sí). Y si hay buena luz pero hace frío, no se lucen a gusto las ortopédicas sandalias de aventura. Ni los pantalones cortos de safari tan bien planchados y con un brillante y nuevo cinturón de piel negra que le da un toque de elegancia al conjunto.
La madre que los parió…

El tiempo ha de ser bonancible también, para que las fotos con las que nos han de joder tras el viaje, sean de un pixelado exceptionel.
Temo a los compradores de viajes a plazos, les temo más que a una vara verde. De ahí mi carismática antipatía, no me junto con según quien.

Cuando paseando con mi podrida pierna, paso frente a una tienda de fotografía y veo toda esa carne encajada allá dentro, me siento como el anticristo llevando el crucifijo en los cojones.
In nómine pater.

La DGT hace una pregunta en un anuncio publicitario e institucional de dramática dureza: ¿Piensa morir estas vacaciones?
Y yo, respondiendo con vehemencia y pasión por el turista hortera, clamo: ¡SI, OJALA QUE SI!
¡Ahh, el sentido del humor! es que me descojono como el negro al que cuelgan en el consabido chiste.

Si no fuera porque soy más pobre que las ratas, no estaría escribiendo este sesudo ensayo. Dicen que el hambre agudiza el ingenio: una mierda. El hambre sólo provoca el vómito; no tiene efectos secundarios milagrosos. Eso sólo lo dicen los millonarios a los que se la pela el hambre.
Bueno, también tiene una propiedad terapéutica: nos mantiene a salvo de gastar el dinero en fotos.
De fotos que no le importan tres cojones a nadie más que a los padres del fotógrafo. Y que tampoco se fíe, el que sean padres no quiere decir que se vayan a sumir en un éxtasis místico porque sus hijos hayan viajado a una selva falsa o a la capital más sobria e insulsa que lo son todas las de la barata Europa del este. Eso sí, tienen unas estatuas cagadas de palomas que te cagas.

Como ya he dicho, por mí pueden llover chuzos de punta, soy sumergible y si me propongo salir a pasear, me la pela lo que el Meteosat diga.

Lo peor del año, son estas primeras vacaciones. La peña está tan salida por olvidarse de sus miserias que no es cuidadosa y lo fotografía todo. Son pocos días y no tienen reflejos para reflexionar en tan poco tiempo. En verano esto no pasa, porque a los 12 días ya están asqueados de todo.
En la semana santa, los turistas son como los perros oliéndose el culo en las colas que se forman para entrar en los lugares más emblemáticos de su destino; cosa que no tiene mérito porque es lo mismo que hacen exactamente cada semana en los hipermercados.
Tras estos días de descontrolado asueto, aguantan otros meses más hasta que llegan las vacaciones de verano o los despiden. Habrá pasado un mes y aún contarán a sus víctimas los preciosos lugares que visitaron.
Los más cultos tendrán una buena colección de impresionantes testimonios de idiotas sacudiéndose con un látigo o primeros planos de un paso de procesión. Incluso una foto del yonqui de la prisión liberado por el Cristo encadenado o quemado o lo que cojones quiera que sea.
Preferentemente, lo que más fotografían son los detalles de los pasos de figuras temblonas y ojos mal pintados, auténticos patrimonios de la España profunda que soportan en sus hombros costaleros con capirotes y colocados con vino y coñac; y si tuvieran sonido las fotos, podríamos oír las risas beodas que emiten bajo su roja y dilatada nariz.

En fin, espero que haga muy mal tiempo y que ningún hortera pueda hacer fotos como un loco. Y si las hace, que sean oscuras y mal enfocadas. Algo que nos libre de ver tanta estupidez repetida año tras año.

Y es que prefiero la sana sinceridad y sencillez sin pretensiones de los que aprovechan estos días para ir a Cuba o Tailandia para follarse unos niños o niñas por unos céntimos de euro.
Donde vas a parar…

Buen sexo.

Iconoclasta

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