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10 de septiembre de 2005

Piernas

Va caminando y se le cae al suelo la pierna; la mira con extrañeza al tiempo que chorrea sangre de su muñón. Mantiene el equilibrio dando pequeños saltos con la pierna que le queda.
Hay quien pasa al lado de la pierna tirada y lo mira molesto, él mantiene la mirada y en sus labios se lee la palabra “cerdo”.
Sonríe mientras muere, mientras se desangra.
Está pálido pero; se mantiene firme.
Me mira a los ojos y en un gesto de resignación señala con el pulgar hacia el suelo. Un césar condenándose a si mismo.
Es valiente…
Eleva los hombros: “Que le vamos a hacer”.


Parece una buena persona.
¿Por qué a las buenas personas se les caen las piernas?


Hace frío y se elevan hilos de vapor de entre la sangre y el caliente muñón; la pierna caída está fría parece de cera.
Y pesa como si fuera de plomo. Se la pego al muñón y me invita a fumar.
Espero a que la sangre coagulada cree una costra que la deje enganchada y mientras tanto, la sangre rebosa como un jarabe por entre la cárnica junta; discurre por mis dedos enfriándose.
Siento horror de que se me muera entre las manos.
Suelto una mano de su pierna para coger el cigarro al que me invita y la sangre que ha manchado el papel crepita y huele mal cuando aspiro una bocanada y la brasa avanza. Y él tose y se le escapa la vida.
Le queda poca sangre porque apenas gotea el muñón, sólo pequeños borbotones manan al ritmo del corazón desde una arteria deshilachada.
Parece que la pierna se mantiene en su sitio.
Pero él deja caer el cigarro, su mano es un cadáver, ya no llega sangre allí. Ni a sus labios pálidos.


Y mi ingle sangra, noto la tibieza de la sangre empapando mi pantalón.
Es molesto.
E intento devolver la sangre a la raja de la ingle, uso la mano como espátula. Pero es igual…
Se cae, se cae junto con mi pierna al suelo.Y él no está, sólo queda la pierna en pie.
Burlándose de mi pierna caída.
Las piernas caen, hay una epidemia de piernas podridas.


Mi hijo viene corriendo hacia a mí, y yo le miro con ese infinito amor desde una pena abismal.
Y se cae.
Su pierna se ha desprendido un paso más atrás.
Doy fuertes botes para vaciarme de sangre rápido, no quiero ver a mi hijo así…
Si es un sueño prefiero estar muerto.
No es justo morir con esta puta pena.


Cuando mis ojos se han apagado mis oídos aún captan el eco lejano de los gritos de mi esposa arrastrándose hacia mi hijo, dejando una pierna tras de sí.

Y dios ríe con un montón de piernas distintas entre sus brazos.

Iconoclasta

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