24 de septiembre de 2005

El follador invisible: Puta de carretera

La puta permanece sentada en una silla de playa bajo una sombrilla desvencijada. Haciendo propaganda de sí misma.
Sus muslos abiertos bajo una microfalda negra enseñan unas bragas negras que desde lejos parece su coño lleno de vello oscuro.
Bajo una escueta camiseta de tirantes, las enormes aureolas de sus pechos no consiguen ocultarse del todo.
Es rubia. Da igual que sea teñida, lo que importa es el resultado.
Su piel es blanca y lechosa; me pregunto si por el semen que traga o por ser una nativa de la zona este de Europa.
Me he acercado lo suficiente hasta ella para ver picotazos de jaco en sus brazos.
En la cara interna de sus muslos también hay picotazos heroicos.
Y meto la mano entre ellos, dicen que las putas son insensibles.
Se levanta sorprendida, con un gritito tonto.
Y cuando se cerciora de que nadie se ha acercado mientras dormitaba, se lleva la mano entre los muslos.
Siempre he tenido la duda de si las putas son capaces de correrse, si están tan acostumbrados sus coños fláccidos y secos a las pollas que ya no pueden lubricarse.
Se vuelve a sentar ahora con las piernas cruzadas y se enciende un cigarrillo del que no se traga el humo, lo deja escapar lento de tal forma que sube por su rostro y da un algo de misterio a la puta.
Me sitúo tras ella y separo la camiseta para atisbar sus tetas gordas; están un poco caídas por el peso, pero le arrancaría los pezones a bocados. La noto tensa, cuando mis dedos rozan sus hombros da un brusco giro en la silla y casi cae al suelo.
Y se acaricia el picotazo de jaco más reciente, en su muslo izquierdo; muy pegado a su coño.
Sus uñas largas pintadas de rosa dan alegría a su blanca piel.
Se vuelve a relajar y meto mis manos en su escote rozando con las palmas de mis manos tensas la punta de los pezones.
Ella responde con un escalofrío de miedo y sus pezones se endurecen al instante.
Y cuando lleva las manos a sus pechos se encuentra con las mías, se aferra a ellas y vuelve a girar la cabeza para poder identificar al que la toca.
Y no ve nada.
Pero yo me acerco a su oído y le susurro mi placer, en forma de gemido. Me estoy masturbando, estoy moviendo mi puño arriba y abajo por mi pene, no lo veo pero noto las venas gordas...
La fuerzo a que mire al frente con un gesto violento y amenazador, he girado su cuello hacia adelante desde la barbilla.
Y obediente aguanta allí con la respiración contenida mientras le presiono los pezones, y bajo por su vientre hasta meter los dedos bajo las bragas y palpar su vulva seca y contraída, está asustada.
Así que me planto de rodillas frente a ella, le arranco la braguita y grita.
Abro sus piernas forzándolas hasta que los tendones de los muslos parecen próximos a partirse.
Llora y suspira...
Y pego mi boca a su vulva, y succiono y lamo.
En poco tiempo la tengo chorreando, su coño sediento de placer se ha derramado.
Algunos vehículos reducen mucho su velocidad para poder apreciar a la puta retorcerse de placer, sola en la silla; en el polvoriento y sucio descampado de un polígono industrial.
Algunos llegan a parar en el arcén y silban y la llaman cerda.
Ahora ella se acaricia el clítoris furiosa, hasta se da manotazos de placer. Y yo le meto los dedos hasta que su agujero se hace enorme.
Cuando noto que sus pechos se agitan fuertemente ante una oleada de placer, la derribo de su silla y la coloco a cuatro patas.
Le meto la polla hasta que mis cojones se aplastan contra su vulva. Hasta que me hago daño a mí mismo.
Y sus manos se mantienen firmes en la tierra cuando la empujo tan fuerte que sus pechos tocan suelo y lo pezones aún húmedos se rebozan en polvo.
También le peto el culo, y no ofrece demasiada resistencia, tiene el esfínter dilatado de tanto que la han dado por detrás. Y mi polla se hunde en ese estrecho y duro agujero arrancándome un gemido que la sobrecoge.
Un coche con una música atronadora ha parado en el arcén, en la pequeña cola que se ha formado y de él baja un hombre joven con el pelo recogido en una diadiema de tela y una enorme cadena dorada por encima de su camiseta.
Y se acerca hasta nosotros.
Me desclavo de la puta y meto mis manos en la raja de su culo para separarlo hasta que gime de dolor.
El hombre alucina ante aquel movimiento anti natural y se baja los pantalones. Se arrodilla tras la furcia y se la mete sin contemplaciones.
Yo meto mi lengua entre los labios de la puta y a ella se le escapa la saliva y gotea en el suelo formando cráteres de barro.
El calor nos hace sudar y se mezcla con todo.
Huele todo este lugar a coño, polla y sudor.
"Chúpasela" le ordeno.
Y ella se da la vuelta, coge la polla del hombre y se la lleva a la boca, alardea de poder tragarla entera haciendo que sus labios toquen el poblado pubis del chulo salido.
El chulo cierra los ojos ante el orgasmo que se avecina; la puta no deja de gemir porque he estado maltratando su clítoris, rotándolo, presionándolo entre sus muslos abiertos, su culo en pompa...
Y el tío se va a correr, y ella se saca la porción de polla justa para mantener el glande entre sus labios.
Rebusco en su bolso y encuentro una navaja.
La abro y la obligo a cerrar el puño en torno al mango. Y usando su mano, amputo de un certero tajo el pene del joven.
Y éste lanza un alarido cayendo al suelo con la mano entre sus piernas.
La polla amputada aún está entre los dedos de la puta y el glande deja caer gordas gotas de semen.
Y la obligo a que se seinte en el suelo con las piernas abiertas.
Le meto esa polla amputada en el coño y comienzo a meterla y sacarla. A follarla.
Y me agacho para lamer su clítoris.
Y la puta se me corre en la boca, con aquella polla cercenada bien clavada en su coño.
Yo me corro masturbándome y dejo caer mi leche en su vientre, entre sus tetas.
Y cuando la policía llega, yo sólo debo retirarme unos metros para ver cómo la esposan y la obligan a ponerse en pie.
El hombre con la polla amputada ha entrado en shock y tan solo emite débiles gemidos.
Me acerco al coche del joven, me enciendo un cigarro y dejo que mi polla excitada se relaje con el ambiente del aire acondicionado.
Y reflexionando sobre las putas y su pretendida incapacidad para sentir placer al follar, llega la ambulancia y recoge al pavo del suelo despúes de haberle metido una vía en el brazo.
La ayudante de la ambulancia coge el trozo de pene del suelo y lo mete en una nevera de hielo, envuelto en gasas.
Me gusta ser invisible...
Ya nos veremos, no... Yo a vosotras.

Iconoclasta

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