18 de septiembre de 2005

666: Poliedros


Poliedros imperfectos y repugnantes en sus múltiples facetas. Así se podría definir también a la mayor parte de los primates.
Dios los crea en bruto, sus querubines y ministros intentan pulir toda esa miseria.Es una mierda de trabajo, están aburridos de intentar pulir toda esa carne estúpida.

Me gusta acariciar el pubis reluciente de mi Dama Oscura cuando pienso. Cuando reflexiono.
A veces la consuelo de todo este deseo que la provoco acariciando los labios de su vulva, apresándolos entre mis dedos y presionando y aflojando mientras ella mueve sus muslos, abriéndolos y cerrándolos con mi mano firme entre sus piernas.
Se me deshace.
La obsequio penetrando mis dedos en su coño profundamente. Algo previo a empalarla.

Me gusta coger un poliedro y reventar todas sus facetas, reventar al primate y quitarle a ese dios maricón su creación hortera e imperfecta.
Mortal y perenne.
Son poliedros efímeros que se corrompen como los pétalos de una flor entre mis dedos.

Hace una eternidad para vosotros, decidí crear un diamante a partir de un primate. Tallarlo y facetarlo, o al menos encontrar las facetas de ese poliedro cárnico irregular y amorfo en su geometría.Como el puto Dios intenta hacer.
Y fue un fracaso.

El primate al que quise pulir fue elegido al azar de entre la multitud. En una avenida y entre una riada de primates, planté mi cuchillo en los riñones a una hembra bien vestida, con un maletín de piel en una mano y con un teléfono pegado en su oreja.

-No se te ocurra abrir la boca, mona. –le dije al oído clavando la punta del cuchillo en sus riñones, lo justo para que atravesara la ropa y sintiera el frío acero en su riñón derecho.-Y cierra el teléfono. De ésta no sales.

Cuando a un primate se le hace esta afirmación se apodera de él un miedo inconsolable. Porque sé decir estas cosas, sé imprimir la puta sinceridad que nadie usa. Y se sabe muerta ya. Lo noto, es un miedo que se transmite desde la punta del cuchillo hasta mi corazón podrido.

Ahora la ejecutiva se hace mil preguntas sobre el cómo y por qué le ha tocado a ella esta lotería.
Pensó en sus hijos que estaban en casa, seguramente jugando con el ordenador; con su mestiza empleada preparando la merienda y en su marido que seguramente pensaba en tirarse a la mestiza en el cuarto trastero.Y la incité a imaginar; y entre todo ese miedo, imaginó a su marido agachado ante el apestoso coño moreno de la criada, lamiendo su vulva oscura. Masturbándose mientras la mestiza se acariciaba los pechos por encima de su ropa.

-Si te separas un solo centímetro del cuchillo, te abro el cuello aquí mismo.

Da una tremenda sensación de poder inmovilizar a un primate, ser tan violento y agresivo que se sienta incapaz de reaccionar ante el acero que se hunde en sus entrañas y lo destripa.Tal vez, lo peor que experimentan es la sensación de que es inevitable, real; de que nadie los salvará de morir. De que no les queda esperanza alguna. Y la tristeza de la muerte se mete hasta en su riego sanguíneo.
Y a mí se me pone dura.

Y recordando agarro por el cabello a mi Dama Oscura y la arrastro hasta el altar de piedra.Y la apoyo con sus pechos aplastados en la fría piedra.
Y hundo con un grito que espanta a los condenados mi pene en su ano oscuro.Con un golpe brutal.
Se rasga, y la sangre resbala por sus hermosos muslos morenos mientras se debate en un dolor y un placer inconsolables. Sus uñas arañan la piedra y me dice que la rasgue más. Que soy su amo.
Y mi polla se entierra en ella mientras mis dedos se clavan en sus caderas y mis uñas violan su piel…Su deseada piel.

Dirigí a la ejecutiva hacia las escaleras de un parking subterráneo.
La cuarta y última planta subterránea estaba vacía.

-¿Eres un diamante en bruto, mona?

Y su ejecutiva agresividad se hizo mierda junto con su voluntad de vivir.
Era un poliedro temblón y lloroso.
Se lo susurré al oído en esa penumbra de lejanos y sucios apliques fluorescentes.
Y rasgué su chaqueta con el cuchillo para que sintiera el peligro del filo. Lo que pasaría dentro de un tiempo con su piel, con su carne. La obligué a deshacerse de los zapatos porque no me gustaba el ruido de los tacones, el eco que se extendía por todo el subterráneo con cada paso que daba.
La llevé hacia una plaza de auto arrinconada en una zona especialmente oscura. Una pequeña valla delimitadora de obras nos resguardaba de la vista de alguien que llegara a este lugar vacío.

-Por favor, no me haga daño, no me haga daño…

-Quítate el trapo roto.

Y obediente dejó caer su chaqueta rasgada por la espalda. Bajo ella había una blusa semitransparente y se adivinaba una lencería blanca donde resaltaba el encaje de las copas.Y corté el hilo de un botón para deslizar el cuchillo por dentro de la copa.
Sus pechos se movían con un llanto de miedo incontenible.
Guardé el cuchillo en la cinturilla del pantalón y metí la mano dentro de su blusa, en el interior del sujetador, y pellizqué el pezón blando hasta que lanzó un gemido de dolor que se sobrepuso a los balbuceos de su continuo llanto.
Lágrimas de rimel se deslizaban por sus pómulos.

-Déjeme ir…Me suplicaba.

Y yo pensé en poliedros, en las múltiples facetas, en los mil aspectos de un primate, esos aspectos tan aclamados por dios.Y allí, en esta primate, había un miedo profundo. No veía faceta alguna más.
Empujé su mente, me metí en ella y mandé en su cuerpo manteniendo despejada su conciencia.
Y provoqué que su coño se mojara. Entre lágrimas y gimoteos su coño se hacía agua.
Corté su pantalón y sus bragas, dejé que resbalaran por sus piernas.
Y aferré su coño fuertemente, deslizando dos dedos dentro de su vulva, penetrándola con fuerza.
Y ella abrió su boca de placer y de sus ojos bajaba un torrente de lágrimas.

Mi Dama oscura, sangra y se desengancha de mí para lamer mi pene, para limpiarlo de sangre. Se ha arrodillado y me lame. Me acaricia los testículos jugando con ellos. Clava sus largas uñas entre el pelo rizado de mi pubis y me arranca la piel. Yo lanzo un grito contra las rocas que reverbera mil veces. Y hundo mi pene en su boca hasta que le es imposible respirar por ella.
Y de su nariz se escapa la saliva que no encuentra otro sitio por donde salir, y ésta corre a lo largo de mi pene para empaparme los cojones.
Desde su nuca la presiono contra mí hasta que sus dientes se clavan en mi pubis ensangrentado.

La ejecutiva ha abierto sus piernas y me arrodillo ante ella oliendo su chocho, su coño está perfumado. Se tira a su compañero de departamento. Su compañero la folla a veces con un grueso cirio que tiene en el cajón del despacho y cuando se quedan solos, se lo mete en el coño haciendo que la mitad de su cuerpo y las piernas abiertas se apoyen en el respaldo del sofá, y la enciende.

Y deja que la cera que se deshace llegue hasta los labios de la vagina.Y se masturba con la excitación de ella; se masturba con su dolor.
He descubierto su faceta de placer dolor y la tallo en su pecho. Practico un profundo corte vertical en su teta derecha, por encima de la copa del sostén, cortando el pezón por la mitad.
No grita por que no la dejo, pero siente el dolor inhumano que la recorre entera.
Las uñas de los dedos de sus pies rascan el cemento granulado en una contracción de dolor espantosa, tan fuerte que me cuesta mantener su control.
Y la sangre mana manchando el sostén, se desliza cansina por su vientre, por su pierna.
Y mi lengua lamió el sangriento río.

Mi boca bebió de su pezón partido y metió la lengua en él, saboreándolo. Sintiendo su dolor directamente en la punta de mi lengua.

Mi Dama Oscura sigue acariciándome su pijo con la campanilla, y yo sigo apretando su cabeza.
Hasta que la separo de mis cojones y la subo al altar con las piernas colgando, su coño está justo en el borde, ella abre la vulva con los dedos, descarada; sus labios hinchados parecen balancearse en su vagina por la excitación. La penetro sin preámbulos y lleva las manos de su coño a los muslos para mantenerlos separados, entre gemidos que contraen mis cojones.

La directiva me rogaba piedad con sus ojos, los giraba de un lado a otro buscando ayuda; huyendo de mi mirada que prometía muerte.

-¿Qué es lo más maravilloso de ti? -es más una pregunta introspectiva hacia a mí, que hacia ella.

Le separé las piernas y la obligué a sujetarse a una gruesa tubería del sistema contra-incendios. De su pecho seguía manando sangre y su coño estaba empapado por mi voluntad, la alcé desde los muslos y la penetré con facilidad, sentí sus jugos cálidos empapando mi glande.
Y dejé que su voz gimiera y llorara, porque esas cosas me ponen.

-¿Fue tan maravilloso ser madre?-y me corrí rápido en su coño, empujando con mi mente; y cuando el semen manó, la obligué a suspirar, la obligué a sentir un orgasmo profundo que contrajo su coño dando presión a mi pijo enrojecido.

Y con el puñal abrí su vientre, sabía lo que encontraría pero; quise que dios viera como yo también sabía tallar a primates como si fueran diamantes.Poliedros de carne de múltiples facetas.
No tan múltiples como dios el melífluo se cree.
Y mientras su vientre se agitaba en un profundo orgasmo, una marea de sangre subía del corte de sus entrañas para derramarse por su cintura, para gotear por sus lumbares. La sangre llega hasta mi pubis presionado contra su coño. Con mi pene escupiendo las últimas gotas de leche.
Mis zapatos resbalaban en la sangre derramada.

-¿Y ese gran corazón lleno de coraje, amor, odio...? ¿Dios te lo talló?

Y la tiré al suelo, y ella cerró los ojos ante el puñal que bajaba hacia su pecho izquierdo; ante el final de la vida.
Aún pudo ver como la punta se hundía.
Profundicé y abrí un gran hueco en su pecho mientras sus talones aún repicaban en el suelo. Y le arranqué el corazón, corté pedazos de él hasta que se asemejó a un poliedro de cinco lados, la caricatura de un pentágono. Sólo había sangre y las únicas tallas visibles eran las que yo acababa de hacer.
No bajó ni un ángel a dar consuelo a aquel poliedro ensangrentado.
Supuestamente tallado y forjado en el cielo.
Y lo tiré al suelo para que se lo comieran las ratas que acobardadas por mi presencia chillaban en algún punto de aquel penumbroso parking.
Salí a la superficie un poco más tranquilo. Y no me importaron todos aquellos primates que me rozaban en su caminar, contaminándome. Me sentía satisfecho. Feliz de saber que no eran diamantes, sino meros poliedros que dios jamás se entretuvo en tallar.

Estoy a punto de correrme en el coño de mi Dama Oscura, ella también; lo noto en las contracciones de su vientre, en su vagina sabia comprimiendo mi pene clavado en ella.
Cuando la primera gota de mi semen sale, le arranco la polla de su coño y eyaculo entre sus manos que aguantan los morenos muslos separados. Me corro encima de su pubis y clavo con fuerza mi dedo índice en su clítoris, aplastándolo mojado de semen, rotándolo hasta que de su boca se escapa un gemido contenido y largo, profundo; al que me uno con un grito ronco y gutural. Como el de un agónico placer.
A la mierda con los poliedros y la geometría.
Ya os contaré más cosas.
Siempre sangriento: 666
Iconoclasta

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