22 de abril de 2011

Ejemplo de dolor



Tengo prisa por morir. Soy curioso.
Quiero ser la nada, no sufrirla. Porque nada es mi vida vacía.
Morir a velocidad lumínica en un estallido nuclear. Algo doloroso y tan horrendo que eternice el milisegundo violento y atroz y mi grito en los oídos de la humanidad.
Dijéramos que estoy cansado de esperar. Dijéramos que soy viejo, infinitamente más viejo que mi cuerpo de vellos canos y polla floja.
Deseo que se calcine toda mi piel, mi carne, mis huesos y se evapore mi sangre en menos de un parpadeo y una agonía sin fin.
Me da miedo morir en la cama, cuando se corta mi respiración. No quiero ser un cadáver que se ha meado y cagado en un colchón.
Yo no quiero morir sin un grito atroz, sin que un dolor desfigure mi cara y parta mi espina dorsal.
No quiero ser la pierna podrida que a un forense le inspire curiosidad.
No quiero que un coche me aplaste como un perro o una rata. Tengo derecho a una muerte digna.
Quiero que un trozo de mi piel desintegrada sea una molécula viajando por el espacio.
Arder, sufrir. Mi muerte ha de ser ejemplo de angustia y dolor para la humanidad, quiero ser un Cristo sin cruz, y no redimir. Me conformo con aterrar.
Ser ejemplo de dolor infinito.
Que mi piel se separe de la carne y mis ojos revienten.
Ser el ejemplo de lo que vosotros sufriréis.
No importa vuestra ilusión, yo tuve las mías y ahora se han calcinado sin darme cuenta. Se han evaporado. Las vuestras se evaporarán también. No sois especiales.
Hay un momento en el que miras el aire y está lleno de cenizas. Esas cenizas son ilusiones quemadas que duelen al respirarlas. Es un dolor melancólico, no produce hemorragias ni infecciones. Sólo un hastío profundo.
El dolor es una sensación pura, no deja pensar. No permite la pena. No permite verse como un ser totalmente anodino. El dolor mortal te hace protagonista de tu propia vida. Es un cortocircuito en el cerebro, la ignición de la emoción más pura.
El dolor no permite la vergüenza. Ojalá nadie supiera de mi vida estúpida. Ojalá se borrara mi existencia de la mente de los que me han conocido.
Necesito dolor, puro dolor. La síntesis absoluta de lo que ningún ser humano pueda soportar sin volverse loco.
Quiero morir siendo mensajero de terror.
Sufriría durante horas para que mis gritos no los olvidara ni un puto dios.
No he visto la luna, no he visto las grandes profundidades. Ni siquiera un animal salvaje. Mi suerte se ha acabado, sé que no hay más por ver porque me falta vida. Porque algo me dice, que no busque.
Que hay cosas que han sido vedadas para mí.
Si has llegado a las tres cuartas partes de tu vida y no has conseguido nada, sólo te queda la degeneración absoluta.
Tengo prisa por morir. No tiene ninguna gracia la vida.
Cincuenta años de fracaso son muchos años, por mucha moral que tengas.
Se acaban las esperanzas y las ilusiones. Todo son palabras vanas de una imaginación desengañada.
Soy una estrella muerta prematuramente que ni un rayo de luz lanzó.
Una bomba mojada.
Un pene lacio e inservible.
Es lógico que pretenda morir con cierta espectacularidad. Vendo todo mi cuerpo por treinta toneladas de dolor infrahumano.
Que alguien pague por el espectáculo pirotécnico de mi muerte. Prometo sufrir hasta que vuestras miradas se dirijan al suelo. Hasta que tengáis que cubriros los oídos.
Es un buena oferta. Ojalá hubiera visto a alguien sufrir como sufriré yo y así poder sentir al menos el horror a una muerte dolorosa.
Deseo que vosotros escuchéis mis alaridos, que por un momento temáis que así será vuestro fin.
Si en vida no he sido piadoso, en mi muerte quiero ser lo más execrable.
No soy un buen tipo. Y para lo que me queda en el convento, me cago dentro.
Ya es tarde para aprender. Es tarde para la generosidad.
Las ilusiones no han muerto conmigo, han muerto antes que yo.
¡Bum!



Iconoclasta
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