5 de julio de 2010

Yo Cupido



¡Hola!
Soy Cupido. Y la verdad, no es que sea algo como para tirar cohetes multicolores en forma de pene que estallan con crakeling en la palmera plateada final que metaforiza una eyaculación.
Mi trabajo es fácil, lo hago bien y a veces me siento lleno. Como todo hijo de vecino.
Salvo por el detalle por el que me suelen representar.
Los pintores y dibujantes han sido unos hijos de puta toda la vida: siempre me han dibujado como un bebé rollizo, con mi sonrosado culito al aire. Le dan mejor color a mi culo que a mi cara. Casi nunca se muestra mi pene (como si no tuviera o bien lo llevara metido en la raja del culo), o en el mejor de los casos, me dibujan una patética picha que sólo causa ternura en las mujeres y una sonrisilla imbécil en los machos, que piensan que prefieren ser víctimas del amor que arqueros, y que no quieren un pene tan tonto e inocuo como el mío ni que vivan mil años.
¡Mal! Tengo un pene monstruoso y un poblado pubis. Siempre dejo perdido de pelos de polla el inodoro. Y el culo lo tengo lleno de pelarros y granos. Lo único sonrojado es mi pijo.
¡Gilipollas!
Pero no tengo Cupida.
Yo no vivo sólo de la satisfacción de los enamorados. No soy el tonto de San José que se sonreía como un deficiente mental cuando María gemía lujuriosa en brazos del Espíritu Santo. Hay que ser hipócrita para afirmar que María era virgen después de saber como la trató el sagrado ente.
Aquello sí que era un falo que deprimiría a la más ilustre polla de la industria de la pornografía.
Recuerdo el ruido que hacían los testículos del palomo contra la mesa de madera donde se beneficiaba a María.
Aún me la pelo evocando los gritos y jadeos de la susodicha beata.
Y San José, mientras tanto, dale que te pego al cepillo en plan autista.
Aquello era de lo más absurdo.
Pero está visto que en casa del herrero, cuchillo de palo. Y yo voy más salido que mis alas. Y no son esas ridículas alas de pollo que me pintan. Mis alas son enormes del carajo.
Mi pene, mis testículos y mis alas, tienen la proporción áurea. Sólo que los pintores son unos envidiosos de la hostia.
Para lo que me sirven...
No hay nadie que me lance una flecha y me dé una compañera. Llevo una eternidad pagando para poder tener ayuntamiento con hembra. Las putas pasan de flechas y me señalan el lavabo cuando les guiño un ojo intentando conquistarlas.
Y de ahí mi venganza. Yo también soy rencoroso y perverso.
Muchos que comentan que hoy en día hay más maricas y tortilleras que en ninguna otra época, tienen razón.
Seré bondadoso, pero mi paciencia tiene un límite.
Hoy es un día de esos que no estoy de buen humor, por decir poco, por decir lo mínimo.
Cuando llega el calor, toda/os los idiotas se van a la playa y se ponen cachondos mirando los cuerpos casi desnudos. Cosa que me toca los huevos porque tengo que trabajar a pleno sol, lo que me obliga a aplicar en mi delicada piel crema protectora de factor dos mil setecientos. Y así se me resbalan las flechas entre los dedos y me convierto en el hazmerreír de los dioses.
Acabo de enamorar a una tía con una pierna ortopédica y a un chulo de playa cargado de cadenas de oro, gafas de Elvis y tanga rojo ajustado hasta el asco. Yo quería disparar al parapléjico que estaba un poco más allá para que se sintieran en mayor armonía esos dos tullidos seres. Esta crema es una mierda.
El muy cabrón del chulo, encelado perdido, ya le ha arrancado la pata de plástico y se la quiere beneficiar en plan cómodo, de pie y por un lado. Ella se queja pero aparta el muñón la muy rijosa y se sujeta a la sombrilla mientras se deja embestir.
Unos niños con la boca manchada de arena y crema de cacao los miran con interés.
Así de fácil es enamorar.
El amor es ciego y yo estoy hasta mis rizos púbicos de tanto flechazo al sol.
Y me está poniendo cachondo la manca, hay que ver como guardan el equilibrio los tullidos cuando se trata de follar. Y que comodidad sin la pierna...
Mi pene está listo para la acción y ya no aguanto más, necesito aligerar los testículos porque me cuesta volar.
El año pasado por estas fechas, estaba tan empalmado como hoy y localicé entre toda la borregada que había en la arena a una maciza en topless, tomando el sol con las piernas abiertas. Muy abiertas.
Su novio estaba en la orilla ligando con una mulata que tenía más tetas que cerebro y más culo que tetas. Era más puta que las gallinas de Jericó que aprendieron a nadar para chingarse a los patos. Lo llevaba escrito en la frente con un rótulo de neón del tamaño de un rinoceronte. Pero leer es algo que no se le da muy bien a mucha peña.
Así que a la desatendida maciza le aparté un poco la braguita del biquini después de haberle pegado un buen flechazo en su minúsculo cerebro, cosa que la sumió en un erótico sueño.
Me la tiré con ganas, flotando encima, agitando mis alas rápidamente como un colibrí. Recuerdo haber pensado lo molestas que eran las piernas (la suerte que ha tenido el chulo que se está tirando a la tullida ahora mismo).
Como resultado de aquello, la chica quedó impactada por su sueño y le buscaba alas a su novio. También buscaba el miembro que la llenó y la elevó a la cúpula del placer. Pero claro, el novio no daba la talla y de volar, ni batiendo las orejas a quince mil revoluciones por minuto.
La maciza entró en un estado de ansiedad que la llevó a un tratamiento de seis meses con ansiolíticos y a su novio a una clínica para agrandar el pene si no quería perderla.
Cuarenta grados a la sombra y yo aquí sudando y sin Cupida.
Me limpio bien las manos con arena para evitar que me resbale la flecha, tenso el arco y suelto la flecha que impacta en el corazoncito de un gay que toma el sol con una gorra alemana de cuero negro. Se levanta con su tanga, también de cuero negro y se acerca al patriarca gitano que preside una de esas tiendas que tanto les gusta hacer con toallas y palos de sombrilla robados. El gitano, clase ni tiene ni la ha conocido en toda su vida, su reloj de oro es más falso que un billete del monopoly. La uña larga de su meñique con la que se escarba la nariz y el culo alternativamente, provocan cierto vómito en mi candorosa alma. Y su sombrero negro tiene más mierda que el palo de un gallinero. Eso sí, tiene muchos hijos, muchos churumbeles.
Le pego un buen flechazo que le impacta en su vieja barriga y automáticamente recibe al gay duro con unos besitos en los labios.
Las gitanas lo miran alucinadas, pero tienen que atender a sus hijos que están robando todo lo que encuentran en la playa si no quieren acabar en el trullo en menos de media hora.
Gitano y gay duro, se dirigen al cercano hotel Culo’s and Loca’s bien pertrechados con una caja de condones extra-fuertes y un par de tubos de vaselina.
A la puta mierda el amor. Y este calor de las narices.
Voy a ver si hago un par de lesbianas y me largo a echarme una siesta en las mazmorras del Coliseo.
Otra jornada más a la mierda y yo sin Cupida.
Seguro que la culpa la tienen esos malditos pintores con la estúpida imagen que han creado de mí.
Mañana buscaré un buen pintor para que me retrate en acción con la Janine del puticlub de la carretera de Matalascabras a Despeñachanchas, que es muy exótica y refinada. Y que me dibuje el rabo en todo su esplendor de una puta vez, coño.


Iconoclasta
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