3 de mayo de 2010

Suicidador



Tampoco es para tanto vivir.
Nos sobrevaloramos. Maldito chovinismo...
Cada cual tiene lo suyo como lo mejor. Yo pienso que todo es una mierda, incluido yo (como odio ser sincero y consecuente).
Y nada falla en mi cabeza; creo sinceramente que los demás no acaban de ver su triste realidad.
¿Es posible que sea una medida de defensa el auto-engaño?
No malgastéis esfuerzo y tiempo en engañaros.
Los hay que se suicidan cuando la presión vital aumenta (taedium vitae).
Soy un vendedor de muerte y para convenceros de que no vale la pena que sigáis viviendo, he de ser muy práctico y objetivo.
¿A cuántos os falta tiempo para hacer lo que realmente queréis?
Tengo la exclusividad del lote completo de suicidador ácido en tres pasos. Se trata del Acabador Corrosivo Plan 3 Pasos.
Vendo muerte, muerte fresca, muerte en el acto, muerte sin errores, muerte eficaz.
Nada tan falso como la vida.
¿Me la compráis?
Compradme un lote.
Compradme mil lotes.
Sabéis que será casi una quimera cumplir vuestro deseo ¿verdad? Después de tanto tiempo deseándolo, ¿qué os hace pensar que en lo que os queda de vida lo conseguiréis realizar?
Cuando alguien muere por causas naturales o por accidente, el rastro que deja es tan efímero que dan ganas de resucitar e intentar matarse de nuevo otra vez y hacerlo bien.
Pero eso no ocurrirá.
Cuando se está muerto, es tarde hasta para el pensamiento.
No hay segundas oportunidades. Y os podéis encontrar con los sesos desparramados en el asfalto o vomitando vuestro negro hígado necrótico y concluir que un accidente o una enfermedad terminal, la única huella que dejará en la memoria es el asco en el primer caso y el cansancio de la familia que os ha visto consumir cada día lentamente por un doloroso cáncer, en el segundo.
En muchos casos os tendrán lástima por unos minutos y luego se reunirán con otros familiares y amigos para contar mentiras y chistes en vuestro velatorio.
Sin embargo, si hacéis uso a tiempo del Acabador Corrosivo Plan 3 Pasos, tendréis una muerte casi indolora y muy eufórica.
Si seguís las instrucciones al pie de la letra, dispondréis de tiempo para escribir una hermosa o cruel carta a la familia y “amigos”, colocar un buen CD en la cadena musical y morir tumbados en el sillón sonriendo a la puta vida que habéis sufrido tantos años como un cúmulo de deseos incumplidos. O de fracasos (no es lo mismo, los primeros son pasivos y los segundos exclusivamente creados y lanzados por vosotros mismos o terceras personas).
Os daréis cuenta del preciso momento en el que vuestro corazón se detiene.
Dejaos llevar.
Incluso si calculáis bien el tiempo, sentiréis como os arrancan de vuestras ya casi frías manos muertas la carta que habéis brindado a los vivos.
Por un poco más de dinero, dispondréis de un delicioso extra: un pequeño reflejo que hará que vuestros dedos se crispen en la carta cuando os la intenten quitar (química y electricidad pura, no os asustéis que no viviréis tanto tiempo). Os tendréis que reír imaginándolo a priori por razones obvias. Si habéis visto el jovencito Frankenstein (en la escena inicial), os acordaréis de como el cadáver del abuelo sujetaba con sus dedos la caja que intentaban arrebatarle. Para partirse el rabo de risa.
Y todo por tan solo 15.000 € (+ 5.000 € del citado reflejo post-mortem)
Es un precio caro, absurdamente caro; pero ¿os olvidáis que el dinero no os lo podéis llevar?
Quiero hacerme rico con vuestra muerte.
Compradme veinte lotes del Acabador, y convenceré a vuestros hijos para que hagan lo mismo, soy bueno en mi trabajo.
Yo de vosotros, antes de comenzar la destrucción de vuestra vida, sacaría lo que tuviera en el banco y le pegaría fuego (después de pagarme a mí. Dice el título de una película, que cliente muerto no paga).
Compradme uno, os lo llevaré a domicilio personalmente y a los cien primeros compradores, les prepararé el suicidio yo mismo.
Incluso me podéis comprar varios para regalar a vuestros mejores amigos, a los de verdad.
Ahora todo irá a peor, ya habéis mascado el fracaso, lo tenéis enganchado entre los dientes, como un sarro de color amarillo que se podría confundir con un exceso de tabaco.
Y si fumáis... Esto está cada vez peor, ya ni fumar nos dejan. No es buena la vida sin tabaco. Porque entonces viviremos en un mundo sólo de borrachos y no dispondremos de una nube de humo creada a voluntad nuestra que suavice la visión de tanta basura ante nuestros ojos.
No vale la pena vivir sin vicios, sólo los santos que han pasado por el martirio, son recordados y más por morbo que por consideración a su bondad.
Lo sabéis de sobras.
Mirad, el primer paso del Acabador Corrosivo Plan 3 Pasos (ACP3P, a partir de ahora y para abreviar), es un maravilloso chicle con un sabor bueno, pero inidentificable.
Es un auténtico cóctel sobre-dosificado de speed, cocaína y morfina con un toque de cilantro.
Además de relajar vuestro miedo, os anestesiará el organismo para el segundo paso. El componente espídico, es para evitar que os quedéis narcotizados imbécilmente antes de llegar a la siguiente etapa de vuestra digna salida.
Se os abrirá un nivel de conciencia superior sin tener que recurrir al budismo y sus chacras lentas y aburridas.
¡Fiuuuuuuuuuuu! Un viaje directo a los pozos más negros del cerebro, donde os podréis reír recordando hasta el primer pedo que os tirasteis para molestar a vuestra quejumbrosa abuela. La coca es buena evitando que os sintáis mierdas ante los recuerdos.
La ventaja del chicle es que no sangraréis por la nariz como ocurre a veces por esnifar coca. Presumiblemente, se os encharcarán los pulmones de sangre porque hay un potente vaso-dilatador que provoca hemorragias como efecto secundario. Cosa que os da igual, porque vais a morir de todas formas, lo importante es no sentir demasiado dolor. Y nuestra morfina es de primera.
Veréis que os tiemblan las manos y pequeñas luces como luciérnagas repugnantes (odio los insectos) revolotean ante vuestros ojos. Poneos las gafas que se adjuntan, no sirven para nada, pero miraros al espejo: sí, llevan cejas enormes en las monturas y los vidrios hacen la ilusión de parecer lentes de aumento para cegatos.
Es el momento de reír.
Es bueno reír cuando os vais a tragar tal cantidad de veneno que vuestras vísceras se van a deshacer literalmente, el cuerpo se os licuará como cera caliente por dentro; pero esta vez no será por amor ni por necesitar algo que ya no podréis tener. Será por una auténtica causa orgánica.
Está científicamente comprobado, que cuando se os escape una orina roja con alguna gelatina ignominiosa de color carne lavada, no sentiréis el más mínimo miedo.
Y por supuesto, dolor: cero.
Compradme tres lotes, aunque no podáis usarlos tres veces más. Lo podéis legar.
Incluso podemos cambiar el envase original aduciendo que es un plan adelgazante para alguien a quien no queráis de vuestra familia o amigos.
Vamos... Que os veo esa media sonrisa...
Compradme muerte envasada, por favor. La vida se ha devaluado, no es una buena inversión.
Yo sólo deseo vuestro bien, y si con ello me gano un dinero, no puede hacer daño.
Si con ello me gano ser vuestro amigo, no tiene precio.
Acepto también tarjetas de crédito si pagáis con una semana de antelación.
Hay un punto especialmente desagradable en esta fase: de igual forma que la orina se escapa, los intestinos también se relajan demasiado (es una forma suave de decirlo, puesto que los intestinos, simplemente son devorados por el ácido que os habéis tomado) y eso puede dejar un charco feo y maloliente allá donde estéis sentados.
Para un buen final, yo elegiría el mejor sillón, el más caro. Ya que esto sumado al desagradable hedor que invadirá la pituitaria de quien os descubra, creará un cuadro impactante muy difícil de olvidar.
El lote ACP3P incluye una cámara de video con la que podréis filmar el proceso. Se incluye una sonda gastro-intestinal para que podáis ver como se deshacen las tripas y dejar documento gráfico de vuestra real volición de acabaros de una vez para siempre y abandonar este valle de lágrimas de una forma elegante y valiente. Creedme, después de haberos tragado ese veneno, meterse la sonda por la garganta será una auténtica gozada.
¡Compradme, compradme! Os susurro al oído con mis dientes amenazadores al descubierto.
Con mis uñas rotas y afiladas deslizándose por vuestro mentón.
¿A qué os sentís como los héroes de una película de terror?
Yo no quiero que paséis más miedo, sólo estoy aquí para ayudaros.
Para que os muráis.
La cuestión económica es completamente secundaria. Mi auto está ya medio podrido de plancha y no me importa lo más mínimo.
Sólo me interesa vuestra muerte, os lo juro.
Vivir es una mierda.
Mataros, compradme muerte, tengo cientos de miles de muertes en el almacén.
Cuando suene la alarma que va incluida en el lote, podéis pasar al tercer y último paso. Coged la jeringuilla y clavárosla profundamente en la axila derecha. Os dará vigor en el brazo.
Ya podéis coger la libreta y el bolígrafo y escribid. Escribid lo mal que habéis vivido, describid a grandes rasgos toda la magia que nunca ha habido y que os prometieron que habría.
Apuntad las horas que habéis dedicado a trabajar para comprar una propiedad por la que ahora se pelearán como una jauría de licaones los que tanto os amaron (y una mierda).
Escribid que os alegráis de largaros de aquí (os saldrá de una forma natural porque las drogas suministradas son euforizantes).
Y cuando ya esté acabada la carta, cogedla entre vuestras manos y cerrad los ojos, a esas alturas se habrán ya disuelto; y concentraos en escuchar el último latido de vuestro corazón. Será como ver caer un gigantesco y pesado telón negro.
¡Atención!: Los que han pagado el extra de reflejo post-mortem, deberán meterse en los genitales el aparato destinado a tal fin siguiendo las instrucciones.
¿Qué os parece?
Os lo dije, no existe nada igual en el mercado. No encontraréis un producto de mejor calidad.
Y sabed que la garantía es eterna. O de escasamente un segundo, eso ya lo dejo a vuestra elección por si fuerais religiosos o incrédulos.
Compradme muerte embotellada. Es la única salida digna.
Morid, morid con mi ayuda. No os olvidarán en muchos años.
Recordad: al palmarla diréis con orgullo “Yo soy un chico/a ACP3P, el Suicidador, cambió y acabó mi vida”.
Incluso podréis formar parte de la campaña publicitaria por televisión.
Vamos, mis suicidas, que no se diga que además de fracasados, sois cobardes.
Atte.: vuestro más sincero y vehemente Suicidador.


Iconoclasta
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