10 de julio de 2009

Gravedad cero

¿Es posible que a algunos el amor les haga vivir en un estado de gravedad cero? Flotando...
No puede ser, eso es porque hay enamorados que tienen aire en el cráneo y flotan.
No quiero decir que se sean idiotas; pero es evidente que lo estoy afirmando y no puedo evadirme de ser despectivo. Sarcástico y cruel.
Mas no encuentro otra explicación para los que caminan flotando en el aire o incluso son capaces de andar sobre el agua igual que Jesucristo o algunos patos listillos que se pueden ver en los documentales de sobremesa de los canales más aburridos de la tele.
Si ocasionalmente me he enamorado, no me he sentido flotante como una boya (que rima con joya y algo mucho más obsceno), si no pesado y sudoroso. El tiempo se dilata de tal forma que cualquier cuántico físico afirmaría que soy una especie de agujero negro. Así que de aire en mi cabeza, nasti de plasti.
Tengo una buena masa cerebral. Eso sin contar con esto tan denso que tengo entre las piernas y que más denso se pone cuando estoy enamorado.
A propósito de agujeros negros: es ella el verdadero agujero negro. Lo afirmo por la metáfora y por su cuerpo inmenso que me atrae y me lleva hasta dentro de ella.
Mi cabeza, mi pene, mis cojones y mis brazos demasiado desarrollados para el gusto de los demás machos, no hacen de mí un globito de cumpleaños infantil precisamente. No floto nada, no puedo flotar.
Yo sólo me froto las manos contando los segundos que me esperan por encontrarme con ella y besar su cuerpo todo. Lamerla, chuparla, libarla, penetrarla. Hacerla gritar. No soy el mejor amante, pero como soy pesado, mi cuerpo la cubriría toda y debería respirar a través de mis pulmones.
Es lo más romántico que puedo ser.
Lo más que puedo admitir que algo levita, es ella cuando me cabalga y yo la elevo con mi cintura y ella se siente llena e ingrávida ante mi ritmo sexual.
No es un alarde, lo que me parece un alarde presuntuoso es que alguien que pesa más de ochenta kilos y tenga ya unos cuantos años, afirme que se siente ingrávido cuando está enamorado.
Si estás enamorado amas cuerpo y mente. Es inevitable como una infección. No soy puramente animal, también soy psíquico como lo demuestra esta forma de desearla continuamente y en todas direcciones.
Pasaría mi lengua por su coño con la misma avidez con la que besaría su boca. Puede parecer grosero, pero que le pregunten a ella cuando estoy trabajando su cuerpo.
A veces dice una obscenidades que me pone de lo más bruto. Flotar no; pero fácilmente influenciable por ella, sí. Es imposible evitar una oleada de placer que parece estallar en el cerebro cuando ella me dice alguna sutileza como: “¡Cabrón, que me estás haciendo!”.
Suda y sus piernas pesadas se apoyan en mis hombros. Y cuando le sobreviene un embate de placer, todo su cuerpo se contrae y duplica su peso.
Ingravidez, flotar, fluir ligero...
Vaya mierda. Me siento ofendido ante esta afirmación de levitación permanente de los enamorados porque me deja en un lugar muy poco evolucionado respecto a mis compañeros de mierda de vida.
Hasta la risa es pesada. ¿Nunca os habéis reído conteniendo las ganas de morder esos labios que dejan escapar un sonido maravilloso? No hay nada ligero en el movimiento, en la agitación de sus pechos cuando ríe. Se mueven pesados y yo como un agujero negro que soy, busco absorberlos hacia mí. Y ella busca absorberme a mí.
No les falta razón a los físicos, sólo que soy un agujero negro muy selectivo, yo no me follo, perdón, yo no me lo trago todo.
Una cosa es que tenga que soportar y hacerme el inofensivo para poder seguir sobreviviendo entre la peña. Soy eminentemente práctico, lo cual no deja espacio para la gravedad cero, es una cuestión de madurez mental y no banalizar el amor con tonterías de flotabilidad.
Gravedad cero... Viajaremos al espacio y allí me la tiraré, dos volutas de carne moviéndose entre restos de patatas fritas y latas de refrescos en la cápsula espacial.
Es la única forma de pender ingrávidos de ninguna parte, aunque lo dudo, ella es mi kriptonita, ella tiene el poder de pegarme a la tierra y obligarme a caminar con botas de plomo como un antiguo buzo de escafandra de latón.
Gravedad cero... Bendito el amor que me hace pesado y me clava de rodillas en la tierra. No quisiera que el amor me despegara los pies del suelo.
Tengo que amar en mi propio medio, sin demasiadas fantasías ingenuas. Sin romanticismos que le quiten su propio peso, su existencia en la mía. No importa el aire ni el decorado. Ella es la atmósfera y lo único que da sentido a todo lo demás.
No me jodas que eso es una sensación de ligereza.
Tengo las venas gordas como cables bajo mi piel. Y pulsan por ella.
Quiero apretar sus músculos pesados y beber la lágrima densa como el ácido que de sus ojos mana cuando se siente triste. Agua regia...
No es un fluido gentil. Son tristes las lágrimas de las ilusiones. Las lágrimas de una larga espera son gotas de plomo fundido que duelen sin darnos cuenta.
El amor lo único de terapéutico que tiene, es que anula el dolor. El amor es todo ansia y es tiempo cosmogónico. Demasiado crueles las distancias. Aberraciones del espacio-tiempo de las que sólo podemos evadirnos cuando nos abrazamos y la tierra parece tragarnos.
Somos la blasfemia de la ingravidez. El desengaño de la bondad del amor. Tal vez los otros se confundan, piensan que están enamorados cuando en realidad sólo viven un momento de baladí euforia.
Futesas...
Yo no quiero decir con esto que no haya suficiente materia gris en los cráneos de los otros, de mis paisanos de vida. Sin embargo, es imposible no concluir que es un insulto a la humanidad en general.
A grandes rasgos.
Y es imposible que no se nos forme una sonrisa en los labios al pensar en esos seres que flotan sin importancia, como globos metalizados de formas infantiles.
La ligereza es pura intrascendencia. Es redundante; pero tiene que quedar muy claro.
También es fácil deducir que estar enamorado provoca sobrepeso y todos los problemas cardiovasculares que ello conlleva.
Pero a mí me la pela.
La quiero con toda mi alma, con todo mi peso, como el soldadito de plomo que una pierna tristemente perdió.
A ver, que levante la mano el gracioso que habla de amor y ligereza. Me copiará cien veces en el cuaderno: El amor tiene la densidad del mercurio.
Si alguien flota, no es por amor, es el efecto del canabis.
Gravedad cero...
Espermatozoides flotando...
Qué chocho.



Iconoclasta

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