28 de marzo de 2009

Sin uñas

No hay aves trinando, no hay fulgores de colores en el aire; no son las flores más coloridas, fragantes y hermosas.
No hay nada de eso, no hay magia, no hay ilusión, no hay esperanza para la fantasía.
No es por ninguna belleza natural, ni por la armonía en el planeta por lo que me siento bien, cómodo.
De hecho, me siento exultante de optimismo.
Todo se debe a ti; hace tiempo que dejé de engañarme y mi mente prosaica y burda no me permite crear bucólicas y líricas alucinaciones.
Y no quiero ver más belleza que la tuya. No quiero ver un agua cristalina como no puedo obviar el hedor de la ciudad. Soy incapaz de decorar la realidad.
Nunca se me ha dado bien la decoración ambiental, sinceramente.
Sonrío y espero impaciente besarte sin ningún paraíso que nos acoja.
Y ahí estás, esplendes entre negros, grises y suciedad.
Bella y única.
No eres bella porque yo te vea así, no quiero repetirme. Sabes que no soy amigo de espejismos. Te parieron así de hermosa.
Y escupo la tierra que me sostiene porque me da asco. De la misma forma que me la llevaría a la boca si supiera a ti.
No haces el mundo mejor, eres lo más deseado de él.
No quiero ir al lugar más hermoso contigo. Tú eres lo sublime y el universo está en tus ojos. Los secretos de la vida y el placer perfuman tu piel. Reflejas una luz propia, no es la del sol que calienta al resto de seres. Es otra luz, es para mí. Es mía y mataría y descuartizaría por ella.
Este amor que me corroe y me mantiene vivo, no es un engaño o un sueño.
Quiero y deseo tus manos, tu piel, tu cabello...
Tu sexo es la fragua del mío.
Retrocedo al pasado porque me encuentro masturbándome como cuando era adolescente, es la única sensación de irrealidad que tengo.
Aferro mi pene y sueño con arrancarte con la lengua el secreto del placer que la belleza oculta en tu coño.
¡Dios! ¡Cómo te quiero! Exclamaría si fuera creyente.
Pero no puedo exclamar eso, sólo se me cae una baba de felino hambriento y mi mano se va a mi sexo, como tú haces. Me haces.
Y presiono, y te busco y presiono, y te busco y gruño un placer húmedo y blanco deslizándose por entre mis dedos.
Parecerá una tontería; pero te doy el valor de la vida. No es una frase al uso, casual. Es la verdad.
¿O acaso te crees que las uñas caen de los dedos como la piel de un reptil?
No tengo psoriasis.
No hay belleza en el amor, no es así como funciona. Cuando amas desesperado, arañas las paredes, sueñas y deseas que esté ahí. Clavas las uñas en el muro como si fuera la piel que amas y las uñas se separan de la carne y hay sangre y hay un dolor.
Y uno se pregunta dónde está la bendición del amor.
Tengo la polla sucia de sangre, de uñas que no son. De arañazos en el muro. De labios devorados.
Puta bella, ¿qué me haces? No es necesaria tu existencia para que yo viva. De hecho, no me acuerdo de respirar cuando te beso.
Las apneas de amor son una dulce forma de morir. Una tortura narcótica.
Camino descalzo entre cucarachas y ratas, crepitan, crujen con mis pasos. No hay nada que me engañe, no bebo, no me drogo. Y adoro ahora estar vivo.
No eres mi hechizo, eres mi infección.
No puedes mirarme e ignorar que eres el centro del universo y que giro a tu alrededor. No te puedes permitir humildad cuando el hombre sangra deseos, llora semen y por sus venas corren lágrimas.
¿Te das cuenta? Lejos de hacer el mundo más hermoso, creas extrañas mutaciones en mi organismo.
¿Sabes que sonrío llorando? ¿Sabes que es desesperante amarte aquí? Decidir de repente no abrirme las venas para no alejarme de ti es una forma de cobardía que no conocía.
Tampoco es que antes fuera una especie de Batman, no tenía intención de ser un hombre arrojado.
No hay término medio, soy todo tuyo.
La rata que he pisado se retuerce con la espina dorsal rota, y vuelvo a pisarla sin notar los arañazos de sus agonizantes patas. Es curioso que no sienta asco.
Soy consciente de lo horrendo, no hay nada que me ciegue.
Sí, ya sé que no es el mejor atrezzo para esta función. Sin embargo, todo lo horrendo pierde protagonismo y la sangre de otros es una alfombra de mediocridad sobre la que camino hacia ti. Suave y cómoda como la aterciopelada sangre que se cuaja lentamente.
Me has faltado toda la vida, eso es lo que ocurre.
Tengo tanto que pensar...
Obsceno... Es inevitable amarte y no pensar en la lujuria. Tu pensamiento está embutido en ese cuerpo y para llegar a él, debo lamer, tocar, penetrar...
Embestirte mil veces.
Mariposas en el estómago...
Son buitres arrancándome los testículos. Las mariposas viven tan poco tiempo, son tan efímeras que apenas han podido batir las alas cuando agonizan.
Las alas de tu amor son formidables y las plumas caen pesadas al suelo como tu ropa hecha jirones por mí.
A veces pienso que soy una especie de tosca mariposa. El tiempo pasa deprisa a tu lado y temo morir demasiado pronto. No temo la posibilidad, temo la certeza.
Joder... Me duele de dura que me la pones, coño.
Me duele el pensamiento cuando no estoy contigo y tu fragancia, tu ser, no está ahí para equilibrar la hediondez de lo que me rodea.
Ya ves, te parieron así, maldita amada. No tienes magia, no me engañas.
Te engendraron así para amarte a pesar de todo, por encima de todo.
Por encima de ratas y bichos negros, por encima de los volcanes ardientes y de los campos de cerezos en flor.
No es un buen lugar para amarte; pero yo sé que para ti sí lo es.
Y no entiendo como puedes querer a alguien que tiene toda esta basura en la cabeza.
Es algo que me obliga a amarte aún más.
Y callar.
Silenciar este tormento y sonreír como un triste augusto.
Sin uñas.


Iconoclasta

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