4 de julio de 2008

El desierto


Camino a gatas como el sediento en el desierto, con la misma certeza de que el final está cerca. El organismo ya está demasiado agotado. Yo soy el organismo, soy el conjunto de todos los deseos y sus reacciones físicas y mentales. No pienso, sólo deseo.
La esperanza es lo último que se pierde… No mana agua de la esperanza; morir esperanzado no hace el final más dichoso. Es una ironía, una burla la esperanza. Una broma pesada que me hace escuchar su voz cuando no es posible. Cuando no está.
El amor es diferente a la sed, a la muerte en el desierto. El amor es un torturador que te mantiene vivo con las tripas fuera. El amor suspende la agonía en el corazón. Resultado: estado de animación agónica suspendida. Soy una bestia hibernando y consumiendo mis grasas corporales durante la espera.
No me doy cuenta hasta que el semen aparece frío en mi mano. Está helado, tendría que ser cálido. Ella es cálida, es arena del desierto, abrasadora e indolora. Peligrosa.
Gateo siguiendo su rastro, sus efluvios. A veces tararea y siento la terrible ansia de su boca selladora, no hay palabras al besarla, todo es voluptuosidad; ya nada importa, no soy y soy ella. Sus labios son metales ardientes que sellan el habla.
El amor es eterno como eterno se hace el dolor y la espera.
Ella certifica con sus labios mi destrucción sin quererlo, sin saberlo y no me sacia nunca. Es cocaína y anfetamina. Es jaco en vena.
El sediento no vive sólo de agua, necesita la sal. Ha de lamer las rocas del desierto para extraer un mínimo de minerales que retengan el agua en sus tripas, en sus órganos.
En el desierto hay piedra y como en la vida, es difícil encontrar lo que buscamos.
Piedras que lamer. Cuerpos que chupar.
Con su piel ocurre lo mismo, siento la urgente necesidad de pasar mi lengua por ella. Recorrer su piel morena para llegar a su coño con mi lengua ávida, él me aportará lo único que necesito: su excitación, su humedad de hembra salvaje. Arrancarle gemidos como los que lanza el desierto al ser cortado el aire por hordas de moléculas de cuarzo impulsadas por el viento.
Unos dicen que el amor es lo más bello; que los enamorados tienen una especial percepción del mundo. El amor… ¿Y qué pasa cuando te enamoras de alguien a quien sólo puedes disfrutar unos minutos al día si tienes suerte? ¿Qué ocurre cuando tu puto cerebro no hace más que pensar en ese ser tan especial?
¿Alguien ha arañado el aire soñando que acaricia su cuerpo?
¿Acaso nadie se ha hecho una paja y ha escupido su orgasmo con esa agónica mezcla de tristeza, melancolía y excitación? El puto amor complica hasta el placer.
¿Qué no lo veis, poetas? No jodáis.
No es un prado verde el amor, no es un oasis en un mundo bestializado e ignorante. El amor es un desierto que seca los lacrimales, que reseca los dedos, que hace pesados los testículos.
El semen a mis pies se enfría triste y muerto. Precioso ¿verdad? Sólo que no se enfría, no funcionan así las cosas en el desierto, el semen crepita como en una plancha de metal al rojo vivo. Y siento una pena extraña por este hecho. Soy parte de esa leche, me evaporo también. No soy capaz de ver la nube de vapor en el que se ha convertido.
Sin ella, no soy hombre.
Sólo hay unos segundos de dicha por una era cósmica de esperas, de angustias, de sonreír como un loco ante el aire. Soñándola.
Os gritaría lanzando ira y flemas, mentirosos. Si no estuviera tan sediento, si mi cuerpo no estuviera tan agotado y mi mente tan colapsada, os escupiría e insultaría.
Menuda mierda y menuda estafa. Con vuestros cantos de dicha y felicidad no hacéis más que convertirme en un fracasado; vosotros sois la cara y yo la puta cruz. Y cuando elijo cara, cuando acierto, una ventisca que desgarra mi alma me arrastra al desierto de nuevo. Como si ella me quisiera allí, erosionándome por ella, pero sin ella. Me convertiré en una rosa del desierto.
Qué cojones…
El amor es caníbal y peligroso, me ciega con espejismos donde la llevo en brazos respirando directamente de sus pulmones; alucinaciones donde la jodo.
El amor no hace felicidad, sólo es una euforia, una descarga eléctrica que envía a la mierda madurez y lógica. Es por ello por lo que los enamorados son felices a pesar de tiempo y distancia. Y de todas las dimensiones.
Flipan en colores.
El jardín es un muladar. ¿Veis? El amor es un desierto que ciega, deslumbra los ojos de los amantes. Cualquiera que los vea, dirá que están locos.
Tarados.
Gateo por la vida hundiendo las manos en arena ardiente que despelleja la piel.
Y los espejismos del desierto… Tengo el pene destrozado; duna tras duna la veo. Busco pastillas para sedarme, para prolongar y hacer táctil la alucinación: ella clavada en mí.
Mis sesos narcotizados mienten de una forma cegadoramente real. Apenas me queda glande de tanto que he copulado con la arena.
Poetas que habláis de la belleza del amor dador de dicha. ¿Podéis mirar mi polla sin sentir rechazo? Está podrida de llagas infectadas.
¿Es esto romanticismo? Duele tanto desear…
¿Qué diríais de mí, queridos genios?
No, no es el pene el que me duele, no me duele nada. Simplemente agonizo en el espacio sin oxígeno. Está lleno de arena.
Las lágrimas son rosas del desierto: arena con lágrimas y sudor, sangre y semen.
Tengo una rosa del desierto en la estantería, donde los libros tratan de amor. Y cada día es más grande. Cada día soy más arena y menos carne.



Iconoclasta

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