25 de marzo de 2008

Semana Santa 2008


Menuda semana santa. Esto de ser pobre y por lo tanto ignorante (o ignorante y por lo tanto pobre, da igual que te la chupen o que te la dejes chupar a efectos de resultado) es de lo más aburrido.

Suerte que lo poco que cobro lo invierto en pagar la televisión por satélite, porque las televisiones públicas sólo emitían noticias del tiempo y la quiniela de muertos en las carreteras para las operaciones salida y retorno a las grandes pocilgas donde habitan los currantes.

Es que se hacen apuestas y juegos con las cosas más absurdas, y todo por llenar espacio. Sólo faltaba que enumeraran los muertos por maricas y heterosexuales.

Bueno, si he de ser justo, no todo era carne en conserva; también se encoñaron a gusto con el drama humano que representaba el que la lluvia impidiera sacar la imaginería popular. Pobres, es que les enfocaban las jetas llorosas y se me escapaban toda clase de ruidos extraños de la boca y la nariz.

Ante tal desgracia, el humo de la maría penetraba en mis preciosos ojos verdes y me preguntaba si las nazarenas van desnudas bajo sus disfraz.
Las religiones y supercherías son tan erotizantes cuando esnifas polvito de ángel... Muy apropiado para estas fechas.

Sólo tenía breves momentos de verdadera libertad y autonomía cuando mi mujer e hijo se largaban a dormir. Yo me quedaba sentado frente a la tele con la excusa de ver Quo Vadis en el canal de cine clásico; y cuando ya roncaban (los quiero con locura pero roncan como la madre que los parió) sintonizaba taquilla X convirtiendo así la pasión, pascua, viacrucis o como cojones se llame toda esa fiesta, en una explosión blanca de cremosidad caliente.

Yo también se hacer penitencias.

Y así, entre películas, insultos a mis suegros por su constante presencia y comer opíparas hamburguesas en el Burger King, he pasado unos días de asueto y embrutecimiento en los que me ha importado el rabo de la vaca si llovía o no. Total, soy sumergible y antichoc como el mejor de los relojes japoneses.

Sí toda la espiritualidad de estas fechas, me ha servido de toalla de bidé.

Yo también sé ser feliz aunque no me vaya a Nueva York a comprar cosas inservibles.
Buen sexo.


Iconoclasta

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