25 de octubre de 2007

Libros bonitos

Faltan ediciones que hagan de la literatura un placer para la vista, no tan solo por el mensaje que un libro lleva, por su temática; sino por su factura. Un libro debe disfrutarse leyendo y ojeándolo, incluso tocándolo. Algún cambio de color en la tipografía, fuentes atrayentes.
Dibujos, filigranas.

Sea cual sea la temática. Y es que hoy día, con la informática y la rapidez con la que se edita un texto, no puede representar un incremento escandaloso en el precio. El libro, en esta época visual, ha de aportar lo mismo que internet y algo más: el tacto y el olor del papel.

Hace muchos años, las ediciones se cuidaban, se hacían para atraer a la gente hacia la literatura. No basta una portada llamativa; a quien el leer le aburre o no le llama la atención, un libro le ha de provocar al menos, la curiosidad por ojearlo, por recordar un pasaje en tinta roja o rosa y admire algún pequeño detalle entre tantas letras negras. Que incluso el papel tenga un fino aroma.

La literatura es un arte y el libro, su soporte, tiene que ser el marco perfecto. Algo que nos haga mirar la estantería, coger esa joya y ojearla de vez en cuando. Y de vez en cuando se leerá un poquito más. Todo ha avanzado salvo los libros de literatura, se han ido empobreciendo.

Las editoriales deberían realizar, repito, con los medios de hoy día, formatos de libros más atrayentes. Incluso revivir las antiguas publicaciones en forma de cuadernos; podría ser una entrañable forma de incitar al público a leer. La literatura merece un vehículo más trabajado, más vistoso. Como lo son los marcos de las grandes obras de arte.
No puede hacer daño un libro bonito.

Buen sexo.


Iconoclasta

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