1 de octubre de 2007

El botellón: soluciones




Tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac.

¿A que me parezco a esa esquizofrénica conciencia del capitán Garfio?

¿No habría algún método para marcar a los borrachos universitarios que ramadean por calles y solares en grandes manadas?
Haylo: Lo más práctico sería inyectarles un microchip bajo la piel, en un lóbulo de la oreja, en la derecha o la izquierda según la orientación sexual de la res en cuestión.
Los podrían llevar a una comisaría, al hospital donde los alientan a vomitar o bien lo podría hacer la policía local con rejones parecidos a los eléctricos para arrear al ganado.
Esto sería un buen sistema para que al menos, semejantes lumbreras no voten y estropeen con su intervención etílica y falta de inteligencia unas elecciones donde los votantes han de saber leer, escribir y tener madurez intelectual.
Bastante suerte han tenido en la rifa de las plazas universitarias.
Si a la universidad puede asistir cualquier tirado, que al menos el gobierno los identifique para que no hagan locuras al votar e influir así con su universitario criterio en las decisiones del país.
Bastante desalentador es saber que un día, uno de estos agraciados con la lotería primitiva de plazas universitarias pueda llegar un día a ser médico o ingeniero.
Miedo me da.
Es que no gano para disgustos cada vez que leo y veo las noticias.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac.

No estaría mal ser el capitán Garfio y pasar por la quilla a quien me diera la gana con total impunidad.

No es agradable verse sometido a examen por un médico borreguil que al igual que los grandes mamíferos de la sabana africana, abreva junto a otros miles sin escrúpulo alguno entre basura, excrementos y orines.
¿Y el ingeniero recién licenciado que trabajando de delineante a tiempo parcial en una empresa de rótulos no tenga la suficiente capacidad para diseñar los anclajes de un rótulo luminoso?
Salir a la calle será un auténtico deporte de riesgo.
O que mi hijo recibiera clases de algún tirado…

¿Es verdadero orgullo lo que sienten los padres de estos universitarios? ¿Se debería esterilizar a sus progenitores para que la estirpe no se extienda más en el tiempo?
Eso sería otra ventaja del chip para las reses universitadas borrachas, ya estarían controladas y se podría evitar que se reproduzcan con individuos de la población normal.
Esto de la selección natural en las ciudades es un problema, el riesgo de degeneración de la especie humana roza ya lo apocalíptico.
Hay mucho universitario.

Que dejen de rifar plazas alegremente a cualquiera. Ya sabemos que España quiere ser ahora el país más culto del mundo, pero es una presunción propia de palurdos pensar que haya tanta inteligencia entre tantas manadas de borrachos.
Hay gente que sin ir a la universidad y sin congregarse en manada para mearse en los pantalones con un vaso de ron malo en la mano, ha conseguido la misma plaza de funcionario de correo, de hacienda o bien ha entrado como barrendero en una de esas poderosas empresas de recogida de basuras (propiedad de alcaldes y regidores) de las grandes ciudades.
Seamos sinceros, no es justo ni viable que exista tanto universitario porque no hay suficiente masa encefálica entre tanto cráneo.

Otra buena medida sería hacerles un vallado, un redil; como esos vallados infantiles de los parques públicos para que los pequeños no se escapen de sus madres mientras cotorrean.
De esta forma no ensuciarán calles ni plazas con su basura y excrementos.
Es pura ecología.

Y si alguno no asistiera a clase, todo el mundo sabría que se encuentra la res durmiendo entre su propia mierda. Los padres podrían estar tranquilos de que su pequeño de veintitantos años estuviera a buen recaudo.
Esos padres que identifican a sus borrachos hijos entre la grey y piensan: “Criatura, déjalo que se divierta, es joven”.

No es de extrañar que haya cada vez más depresiones por la vuelta al trabajo tras unas vacaciones, cuanto más borrachos, más nenazas.
La debilidad de un carácter se acentúa con el tiempo y en el caso de los asistentes al botellón, por momentos.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac.

Le tengo un asco a Peter Pan…

Insisto en lo del microchip, así se les podría vender los medicamentos en la farmacia tras escanearles las orejas; sin hacer perder el tiempo a los médicos en las consultas por recetarles los psicotrópicos que necesitan para combatir sus mierdas de depresiones por tener que asistir al trabajo.

En fin, esto es España y quien me diga que en otros países también pasa, le diré que estupendo, que ya sabía yo que la estupidez es una característica planetaria de la que ya gozaban hasta las civilizaciones más antiguas y exquisitas. Sin embargo, que a mí no me vaya a diseñar el bólido que me compre cuando sea millonario uno de estos universitarios botelloneros.
Prefiero que lo haga el mecánico de mi barrio que se toma una cerveza solo en el bar para desayunar y no forma tanto follón porque cada día debe trabajar.
Se me olvidaba, os puedo asegurar, mis alegres universitarios borrachuzos, que el chip no se os notará, tengo un perro pequeño y por mucho que le palpes la piel no das con él.
La hostia puta de la discreción.
No puede hacer daño.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac.

Me pica la nariz y ni el cochino dios tiene valor para rascarse con este pedazo de hierro.

Recordad, mis inteligentes estudiantes universitarios: conducid borrachos; es la sensación de libertad y poder más grande que nunca hayáis podido sentir.
Buen sexo.


Iconoclasta

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