30 de septiembre de 2006

666 Reflexiona en su cueva húmeda y oscura

Otra vez en mi sillón de piedra, de nuevo pensando en mí mismo. Soy el único que me importa, lo mataría todo, arrasaría el universo si me dejara llevar por mis emociones.
No debo hacerlo, he de mantener el mal y el dolor durante milenios, no puedo acabar con todos como desearía y quedarme sin curro.
Sin mi placer...

Debo realizar pequeñas masacres que no llamen la atención sobre la existencia de un ser superior entre los primates.
No quiero vivir en un mundo muerto donde no pueda hacer sentir el terror a otros seres. Soy un jardinero que va creando su árbol, podándolo, controlando su crecimento, sangrándolo y comiendo su fruto.Y si me apetece, casi quemarlo; pero siempre ha de estar vivo, es necesario que haya alguien a quien matar, a quien hacer sentir el miedo más infinito. Y ese miedo es simplemente la certeza de que hay una muerte inmediata, la certeza de que no hay salvación alguna.

Está bueno este puro, los primates tienen alguna cosa buena, pero no tan buena como para perdonarles la vida. Entendedme, es una acto generoso por mi parte achacar algo bueno a los primates, sólo demuestra que a pesar de mi maldad soy un tío majo. No tengo nada de hombre.

La voluta que ahora expulso contra el monitor y en la que se encuentra el rostro de un rollizo bebé anunciando unos pañales (lo veo todo), la podría convertir en un poderoso gas venenoso y matar a 1000 niños como éste. Arrancarles los ojos en vida cuando aún lloran por el veneno que corroe sus pequeños pulmones y meter mi lengua gorda, acto seguido, en el coño de mi Dama Oscura.

Meterle en su empapada vulva esos grandes ojos de bebé de meses, desmesuradamente abiertos y obligarla a que los expulse mientras me masturbo.
Aferrar su negra melena y obligarla a que me coma el rabo que el melífluo Dios no me cortó, como a los asexuados ángeles que durante sus primeros tiempos fueron machos y hembras; pero eso ya es otra historia.

Hay momentos en los que me dejo llevar por la pasión y sueño creando una debacle de tal magnitud que Dios tendría que volver a crear a Adán y Eva. Y todas las heces que pueblan y se arrastran por el mundo.

Realmente no quiero eso, quiero seguir con mi obra y conducir al hombre lentamente hacia su propia destrucción, crear una eterna agonía. Saboreando cada cuerpo mutilado, cada mente doblada; mascar el terror que sienten cuando son conscientes de que no hay esperanza alguna de seguir viviendo.

Y quisiera no tener jamás un momento de descanso como éste del que “gozo” ahora; me siento nervioso, inquieto. Necesito el dolor de los demás. Necesito el miedo que emanan de sus cuerpos, hasta su mierda huele a miedo cuando miran mis ojos.
Los dioses debemos controlarnos para no quedarnos solos en el Universo, mutilar a Dios, hacerle cagar sangre y meterle sus propios vómitos en la boca puede ser muy aburrido en la eternidad. Y creedme, a ese Dios maricón le llegará su hora también.

Siempre tengo que concentrarme en mi caliente Dama Oscura, allá donde se sienta deja la mancha de humedad de su sexo cuando va desnuda. Para que entendáis lo que siento por ella hablando vuestro idioma sencillo y bobo: la amo.
Requiere mucha voluntad por mi parte no ahogarla incrustándole el pene en la garganta. O arrancarle los labios de un mordisco y masticarlos agitando mi polla nervuda y venosa en el puño.

Así que le ordeno que se estire en el altar de piedra, y pasando el peligroso filo del cuchillo por sus pezones, abre las piernas cuanto puede. Hundo mi puño en esa vagina resbaladiza y los labios mayores elásticos se adaptan a mi muñeca, la acarician. Su coño me besa la mano, se podría decir.

Y sigo reteniéndome, he de frenar el impulso de desgarrar su vientre y hundir mi rostro en sus entrañas calientes, masticar sus intestinos mientras se me corre como una puta encelada.Y se corre, siente el orgasmo propio de quien salva la vida por muy poco. Su flujo se vuelve abundante y denso cuanto más se me hinchan las venas por el esfuerzo que he de realizar por no matarla.
Percibe el peligro y éste lanza descargas a su coño deseado.

En lugar de abrirla en canal, dejo que salga una escupinajo de semen que recibe en los labios, en los párpados; entre gemidos y contracciones.

Pero no os fieís, no me olvido de mataros, en cuanto ella me limpie con la lengua la leche del pijo, saldré a cazaros de nuevo.

Iconoclasta

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