26 de enero de 2014

Desde aquí, por Hilda Breer.

Nuestra querida amiga a y colega, ha tenido la generosidad de enviarnos un relato erótico para que lo colguemos en nuestro blog.
Gracias por el detalle, Hilda.
Que disfruten la joyita.

La Adela de siempre... Todas esas mujeres en ella, la Adela santita y la cochina...
La Adelita que canta rancheras, la Adela que limpia el piso  bien arrodillada, pa que le vean el trasero. Esa mujer de tantas facetas tiene una gran falta. Una falta que no podrá corregir jamás.
Ama a un tipejo algo libidinoso y con espíritu de machito en celo, con su pija siempre en erección aunque siempre lo disimula, completamente cubierto como monje franciscano: hábito marrón desteñido con la falda muy amplia para que las féminas no se asusten de un bulto extraño cuando la verga  comienza a pararse ¡descomunal! 
Cosa que él no puede evitar y debe confesarse con el padre superior, que cuando escucha las confesiones del cura, maldice en silencio al diablo que lo tienta, parándole la verga de tal manera que no puede salir enseguida del confesionario para irse a la sacristía, donde hay una monjita que se ve bastante buena y él debe bajar los ojos para que ella no se dé cuenta de su lamentable estado.
Pobre tipejo el de Adelita, siempre sufriendo, siempre escondido detrás de un árbol o una puerta entreabierta para espiar a cualquier fémina que esté vestida o desnuda, o en el baño ¡lavándose la chucha!  ¡Uy, eso si que es excitante!
Una chucha enjabonada  y la mano de la dueña  pasándosela  por esos lados, lentamente porque no solo se limpia la rajita sino que se acaricia el botoncito rosado
¡Mmm... Qué delicia!
El tipejo se puede pajear con toda tranquilidad pero debe tener cuidado de no gritar cuando largue su leche en la mano para no dejar rastros en el piso...
Y escribiendo esto, la Adela decide recostarse en la cama y...
Lo demás no es necesario de contar. Mejor imaginarse la escena...
¡Mmm... Ricooo!

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