7 de julio de 2006

Vivir, morir, sentir

Vivir, morir; esta no es la cuestión. La cuestión es que puedes acabar aburrido (por decir poco, por decir lo mínimo) de la vida. Y no porque sea puta, ni una mierda, ni siquiera porque sea bella. O que sea algo tan zafio y predecible como esa repugnante frase hecha que te dicen los místicos: “Es lo que hay”.
“Y tu madre es una golfa a la que pagué sólo 10 € por un francés” le respondo al místico, más que nada para que sepa alguna cosa más de las que hay.
Pero en realidad no saben lo que hay, no saben que todo el trabajo de mierda no servirá más que para avanzar el proceso degenerativo del organismo. No saben nada, ni follar, porque de ello hablan entre risas, con chistes.
No es un chiste cuando la agarro por el cabello y la penetro, no me río cuando la embisto una y otra y otra y otra vez. Soy violento como el gorila que le arranca los brazos a su hijo.
No les cuento una mierda mientras hablan entre ellos con una falsa autoridad que ni ellos mismos podrían respetar.
No me río, sólo gruño como un animal, ni siquiera la respeto. Ella tampoco, tengo mis hombros heridos de sus uñas.
Me insulta la muy bella, la muy amada.
Morir, ¿qué le vas a contar a Teresa de Jesús?
Que no es tan sencillo, ni entraña paradojas de iluminado. El organismo no entiende de muerte y considera cada día vivido un triunfo. No acaba de entender que la muerte se lleve tres puntos y encima juegue partida extra.
El organismo sin cerebro es aún más sabio, va a su puto rollo y no piensa en minucias. Si el corazón se parte por el camino, se muere sin más teatro. Es más digno y noble que la mente doblegada.
La muerte puede ser un alivio cuando te han dicho lo que hay demasiadas veces.
La cuestión no es vivir o morir.
La cuestión es sentir, no ambicionar conocimientos que coartan la sonrisa, que hacen perder tiempo de imaginar-soñar-disfrutar. La cuestión es que si duele, que duela.
La cuestión es que si estudias demasiado, acabas creyendo las mentiras, y creándolas. Recreándolas.
Ambicionando ser ambicionado.
Sólo escribirlo es idiota, sólo leerlo da risa.
Me río yo del catedrático que da conocimientos a un estudiante que quiere ser juez para que sea capaz de joder la vida a cientos, a su total discreción
Joder, está todo tan mal hecho que parece ser que la muerte pueda ser la cuestión.
Tal vez.
El organismo me mira desde dentro alarmado porque la navaja está presionando demasiado sobre la femoral. El organismo no sabe que la cuestión es que no siento.
El organismo no necesita saber lo que la mente enferma alucina.
Ni siquiera el organismo es capaz de evitar que el corazón lata con fuerza y el chorro de sangre le salpique los ojos que no quieren mirar nada ya.
Si uno se fija en el surtidor intermitente de la arteria, si uno se fija en como se detiene la sangre por un segundo para después salir como un géiser rojo; puede pensar que en esos momentos el corazón está alarmado y bombea hacia dentro en un patético intento por no morir, como muerta está la mente. El muy tonto se quiere llevar la sangre para adentro.
Y uno entonces acaba diciéndole al corazón con la autoridad de un subnormal: “Es lo que hay”.


Y es triste desangrarse como un cerdo, pensando como un cerdo.
La cuestión era morir, porque lo que he sentido no me ha gustado. Lo vivido no ha sido para tanto.

Iconoclasta

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