11 de julio de 2006

Llamando a las puertas del cielo

Hay momentos en que la vida se muestra generosa, original. Sólo es necesario poner toda la atención en ese instante y beber la belleza con el doble de intensidad con la que uno tiene que tragar la mierda.
No hay una sola pista que indique que se va a vivir un instante irrepetible; un momento de total satisfacción. Un instante en el que no existe nada ni nadie más que mi hijo y yo.
Y Guns N’Roses cantando una versión dura de la canción de Dylan: Knockin’on heaven’s door.

Tiene doce años y la fuerza de la vida chorrea por cada poro de su piel, y su piel brilla por un sudor vital.
Hay un exceso de vida, lo veo; se condensa en su frente, en el labio superior y queda prendido en forma de finísimo rocío en fino vello de melocotón que casi invisible, aún le da un toque de ternura a la piel.


Las ventanillas del coche cerradas y el aire frío del salpicadero atenúan lentamente el sudor y el cansancio de un par de horas disparando flechas en el bosque.
Una relajación eufórica.
Hace tanto calor… el planeta es inmisericorde. Sentimos los dedos entumecidos por la cuerda del arco. Y sentimos el frío cerco de sudor que han dejado los carcajs en la espalda sin importarnos apenas.


-Kn Kn Knockin’on haven’s door.-Pablo canta el estribillo llevado por el poderoso y grave alarido sostenido de Axl Rose.

Y lo vuelve a repetir.
Y cierra los ojos sintiéndolo muy adentro. Lo noto.
Lo confirman sus puños tensos.


-Kn Kn Knockin’on haven’s door. Uo, uo, wowo, o,o,o…

Piso el acelerador sin ser necesario correr más. Tal vez deseo que el motor sostenga un “ey, ey, eyeyey” que haga coro con la guitarra que nos ha enmudecido y nos hace levitar en un eléctrico y prolongado gemido.

-Ahora tú.-me insta.

No es el momento de prestar atención a la conducción, ni de bajar el volumen atronador de los altavoces que yo mismo he elevado.

-Kn Kn Knockin’on heaven’s door. Ye, ye, yeyeyea… Any more…

Y él me admira con una sonrisa cuando golpeo el volante al ritmo de la batería; salpico de saliva el parabrisas.

-Y ahora yo.
-Kn Kn Knockin’on heaven’s door.


El muy feliz aporrea con fuerza el salpicadero.
¡Qué cabrón! ¡Qué fuerza!
Como lo quiero.


No es el momento de decirle que no hay cielo ni puertas.
No es el momento adecuado para decirle, confesarle; que a veces me gustaría hacer realidad ese romanticismo de llamar a unas puertas celestiales y salir de aquí.
Un lamento rasgado en la guitarra de Izzy me da coraje puro.


-Ahora tú.-es incansable.

Y espera con ilusionada contención oírme y verme mal cantar aporreando el volante y agitando la cabeza al ritmo de ese heavy rock.

-Kn Kn Knockin’on heaven’s door.

Sonríe mi hijo del alma y yo con él.
No hay puertas ni cielo.
Hay un aire fresco, un oasis en el infierno, la voz de Axl y la guitarra de Izzy.
Es este instante el que he conseguido arrancarle a la vida, con un par de cojones.
Aprendí a estar al acecho; disparo instintivamente con mi arco, e instintivamente he cazado el momento de gloria.
Me consuela que toda esta frustración que arrastro, tenía el fin de darme la furia y la ira necesaria para destrozar el volante y cantar con voz quemada:


-Kn Kn Knockin’on haven’s door.

Si no fuera por la franca felicidad de mi hijo al sentirme berrear, hubiera sido hermoso morir así de feliz y pleno. No hay muchas oportunidades de hacerlo; un elegante mutis por el foro y llamar a las puertas del cielo.
O del infierno.


-Kn Kn Knockin’on haven’s door.

No le he dicho que le quiero porque está de más.
No le he dicho que le quiero por no asustarlo.
No le he dicho que ahora Guns N’Roses son especiales porque él los ha hecho especiales; es mejor que no sepa que me siento mal mucho tiempo.
Es mejor que me admire un poco más, engañarlo hasta que sea capaz de verme como soy.
No puede hacer daño una mentira así.


-Kn Kn Knockin’on haven’s door.

Cuatro minutos de gloria parecen haber saldado horas y horas de miseria.

Iconoclasta

No hay comentarios: