21 de julio de 2006

La Puta Vida & Cía

Tenemos trabajo. Debemos realizar un par de cosas antes de morir.
Atención, mis apreciados suicidas; prestad mucha atención porque en caso de morir a disgusto no se podrá repetir.
¿Estáis nerviosos?
Sí, sé que sí. Incluso yo, vuestro amigo y monitor, me encuentro nervioso. Estamos ansiosos por dejar de estar vivos.
Por morir, más concretamente.
De verdad, me siento igual que vosotros, nunca he hecho una cosa semejante; pero soy un profesional y lo disimulo bien; nuestra empresa es la mejor del ramo.
Ya conocéis más o menos como funciona nuestro servicio. Yo soy un facilitador de muerte del consorcio La Puta Vida & Cia. Y estoy entrenado para esta sola y única misión.
Si vosotros morís, yo muero con vosotros.
No es un truco, veréis como la tapa de mis sesos saldrá volando con mi saludo de despedida.
Y se trata de hacerlo al unísono, todos.

- Sr. Iconoclasta; allá al fondo, deje de decir que será el primero. Creo que la vanidad y la chulería están de más en estos momentos; y no se ría tan ostentosamente.
Este es un momento trágico.

Tras los tests y pruebas por los que han pasado, sabemos que no son cobardes ni traidores y si alguien fallara o se arrepintiera en el último momento, que lo haga; nadie obliga a morir a nadie. Pero se quedará solo en la vida como ahora lo está. O acompañado por seres que no aprecia, y eso es lo mismo. Allá él.
No os preocupéis por estas lágrimas que corren por mi cara, no voy a arrepentirme. Es que pienso en mi mujer y mis hijos y me emociono.

- Sr. Iconoclasta, deje de escribir y atienda. No, ahora no puede conectarse a Internet; ha de prestar atención como todos. ¿No ve que le está restando solemnidad al acto?

Bien; creo que ahora que estamos un poco más centrados debemos comenzar a evocar todas esas experiencias que nos han destrozado algunas expectativas; expectativas truncadas por otros seres ambiciosos, envidiosos y evidentemente mucho menos inteligentes; ya que han basado sus logros en vuestro trabajo, en vuestras conquistas. Seres que ahora se están acostando con vuestras esposas y esposos. Seres que han provocado una ruina o un desencanto; o tal vez os hayan robado libertad.
Seres que no os han dejado prosperar por envidia; porque sois más carismáticos e inteligentes. Seres que con su sola visión o con solo el timbre de su voz consiguen incomodaros.
Y son tantos que es inviable asesinarlos a todos.

-Bien. Silencio. Quiero ver la ira en vuestro rostro. El asco profundo y repugnante que os produce el saber que vuestro compañero de vida está con su amante. El odio hacia aquellos que han triunfado a costa vuestra. Es necesario que visualicéis sus muertes.
Si morimos que sea con rabia y con asco.

- Sr. Iconoclasta, le ruego que se comporte y no de golpes al mobiliario con esa vehemencia.

Debéis sentir asco, odio y un profundo rencor hacia Dios; sí ya se que eso no existe pero; la mayor parte de esos seres repugnantes por culpa de los cuales estáis aquí, sí que creen en ello. Es una forma de insultarlos, de ofenderlos.
Así que nada de resignación, cuando apretéis el gatillo que sea recordando los seres queridos que han muerto, por las enfermedades y accidentes que os han hecho perder un tiempo precioso de vida.
Es necesario hacer sentir mal al mayor número posible de seres. Vuestra cara congestionada por el odio o la ira instantes antes de apretar el gatillo será fotografiada y enviada a cada una de las personas que habéis relacionado en vuestra lista. Es necesario que vuestros dientes asomen amenazadoramente. Que no les quede duda alguna de que morís odiándolos.
Os aseguro que no es nada agradable para alguien recibir ese "obsequio".

- No se preocupe, Sr. Iconoclasta, la foto de su pene erecto se adjuntará al retrato de su cara.

A propósito, si desean este extra de obscenidad
deberán pagar un pequeño suplemento; antes del tiro de gracia, por supuesto.
Bien, silencio; una última vez. Quiero ver la cólera en vuestros rostros. La náusea profunda y repugnante que os produce el ver a vuestra pareja con su amante; es un ejemplo.
Es necesario sentir un profundo odio y rencor hacia dios, a cualquier dios, no importa si sois crédulos o no; lo importante es morir sin miedo y con desprecio por todas aquellas mentiras con la que nos han estado machacando el cerebro. Se ha de sentir mal el mayor número posible de seres. Es vuestra venganza y la vergüenza de ellos.

- ¡Me cago en Dios! Repetid…

- Y ahora gritando.

- Les felicito, mis locos suicidas, parece que han nacido para ello.

- Sr. Iconoclasta, eso de escupir y tirarse ventosidades está de más. No es elegante. Ni esa risa…

- Ahora un alarde físico, pegad patadas al suelo, pisotead a vuestros odiados seres, pisotead a los dioses. A los que os abandonaron porque el otro la tenía más gorda o porque la otra era más joven y tenía las tetas más gordas.
- ¡Que revienten!

- ¡Hijos de puta! Repetid…

Sí ya lo sé, ojalá tras matarnos pudiéramos resucitar y revivir este momento.
Hay tanta emoción…
Casi me dan ganas de no suicidarme para poder ser el facilitador del siguiente grupo; lo hacéis tan bien que me gustaría vivir otra vez más el momento. Ruego disculpéis este arrebato emocional.
Si seguimos así, no nos suicidaremos…
Tranquilos, era broma, de aquí no sale nadie vivo.

- Sr. Iconoclasta, esa risa…

Y ahora la segunda parte, sois un grupo de nobles, aristócratas de la dignidad. Presentaos los unos a los otros y otras.
Abrazaros como colegas, con ese afecto que tan poco os cuesta obsequiar. Servirá para que vuestra muerte tenga algo de agradable.

- A ver... tampoco se trata de realizar un acto sexual, Sr. Iconoclasta. Y Sra. Ana, les ruego que no sean tan carnales.

- Adoro esa valentía trágica…

Creo que moriréis con el deseo de haberos conocido en otro momento mejor. Seguro que un adiós irá para ese ser al que habéis abrazado. Algo puramente desinteresado. Algo inusual.
Eso es bonito, mis apreciados suicidas.
Y ahora coged cada uno vuestro respectivo revólver.
Levantad el gatillo del arma.
El cañón a la boca.

- Es que me lo imaginaba. Un abrazo para el impetuoso Sr. Iconoclasta, el cual no ha podido esperar más. ¡Qué prisa! Ojalá nos encontremos con él camino a ningún sitio.

- Nos echaremos de menos ¿verdad?

- Mis queridos suicidas...

- ¡YA!


Iconoclasta

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