30 de diciembre de 2018

La tristeza infinita


La vida es una tristeza infinita a la que me he acomodado.
Todo lo malo es infinito hasta que acaba. Soy un genio, coño…
Inagotable, siempre sorprende el dolor; siempre es más fuerte que la última vez.
Y la tristeza desmorona el ánimo como las olas los castillos de arena en la playa.
¿Y si la tristeza y el dolor tienen la función de preservar la alegría y la ilusión?
Porque la alegría y la felicidad continuada, desembocarían en el hastío y la monotonía. Dicen que hace falta la muerte para valorar la vida. Es una estupidez, un corolario de filósofos baratos, de hoja dominical. Solo para fervientes conformistas y mediocres.
Tal vez, mi cerebro busca y crea tristeza y dolor para deslumbrarme y mantenerme vivo con pequeñas dosis de placer y ternura.
Por eso debe ser que la cosa más pequeña, breve y hermosa, en un momento de intenso dolor; me hace creer que vale la pena vivir un poco más. Y me dejo engañar, al fin y al cabo, es mi puto cerebro, ¿a quién le voy a hacer caso si no?
De la misma forma que a ella le digo que un día nos besaremos pensando que jamás llegará ese día, no hay tiempo ni oportunidades para ello.
En medio de la infinita tristeza, esos besos imposibles, han justificado todos los años frustrados. Qué imbécil soy…
La vida es una infinita tristeza y un continuo autoengaño.
Las cosas bellas duran un parpadeo en la infinitesimal escala de la tristeza. Incluso, puede que no existan esas cosas bellas. Son meros espejismos de una mente triste.
Yo… No sé…
Duele otra vez.




Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

20 de diciembre de 2018

Alienígenas enamorados


De alguna forma el planeta me lo hace entender, me quita toda esperanza con la sencilla metáfora de la naturaleza. Lo hace sin maldad, sin pasión, sin odio. Me dice: “Es lo que hay”.
No hay un espacio donde poder caminar entre el hielo y la calidez. Si caminas demasiado al borde, puedes helarte. O pasar de la brillante a la luz a la tenebrosa oscuridad.
Todo o nada.
Es como si hubiera dos planetas: uno de luz y color como una oasis, y otro helado como una hermosa y letal luna.
No hay una zona media entre los extremos que nos permita abrazarnos.
Nos separa una dimensión insalvable que tal vez no mida ni un milímetro de ancho.
Tú eres de un cálido planeta y yo exhalo por mi boca el vapor del frío.
Hay una tristeza crónica con la que me despierto todas las mañanas. Y lo único que crea sonrisas en mi rostro, es cuando nos comunicamos confidencial y secretamente con emisiones invisibles, besos imposibles y un amor que rasga los tejidos por dentro y hace llorar la carne de desesperación.
Tu eres única, una hermosa extraterrestre en el planeta Tierra y yo me encuentro abandonado en la Galaxia Gris. Donde solo estoy yo y algún oso que me mira torcidamente.
Mi bella alienígena, tal vez…
Tal vez algún día aparecerá una franja de amor entre el frío y la calidez donde poder realizar la comunión del amor.
Tal vez antes de que muera, porque en mi gélida galaxia, el tiempo corre a velocidades lumínicas.
Hoy se ha empeñado el planeta en darme malas noticias.
Te espero, y anhelo tus secretas palabras para sonreír en este día.




Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.


13 de diciembre de 2018

Lo carnal y su degeneración


Sucumbimos a los más altos instintos en la vorágine carnal.
Como animales...
Lo carnal es hermoso y sublime.
E irremediablemente las almas se encontraron, se reconocieron y se lloraron la una a la otra en el cárnico encuentro.
Porque las almas habitan en la carne, en lo más profundo. En los intersticios de piel, carne y hueso.
No hay alma sin carne, no hay carne sin alma que no sea cadáver.
Follar es la absoluta comunión.
Solo que, en demasiadas ocasiones follamos carne errónea.
Y mientras vivimos, buscamos la carne correcta porque no hay otra cosa que hacer cuando hambre y sed se han saciado.
Como animales...
Y cuando sacas un billete para pagar la carne en una banal y vacía transacción, tus genitales segregan flemas incapaces de trascender y permear ningún tejido. Y los cerebros acaban oliendo a fracaso y frustración.
Como cadáveres…
Es por ello que cada día doblan las campanas sin descanso, por los millones de cadáveres que pululan la tierra.



Iconoclasta

1 de diciembre de 2018

Exquisito cadáver

Subir doscientos metros de montaña en apenas tres kilómetros de recorrido. Aspirar los pulmones que con restos de tabaco se me han salido con una tos. Recuperar ritmo cardíaco con un cigarro colgando de los labios y observar con la mirada brillante las lejanas montañas nevadas.
El frío cala en la piel filtrándose bajo el sudor. Y pareciera que la bici está cansada como yo.
Eso es pasear de verdad y no andar oliendo la mierda que sueltan los coches en las pocilgas-ciudades. A veces tengo suerte, o la identifico.
Bueno, tal vez no sea demasiado el esfuerzo realizado; pero si tienes una pierna podrida, sin sangre, con una rodilla que parece un balón y un tumor que no duele pero jode, los tres kilómetros valen por quince y los doscientos metros por el puto Everest.
Lo del fumar es un extra que me hace aún más heroico.
Veo cada día gente que por menos daño, circula en un cochecito eléctrico.
Pusilánimes…
La foto está inacabada, más temprano que tarde la imagen será completa con mi cadáver enredado entre la bici, la mochila y el casco. Yo diría que mi sombra es algo profético. A veces soy místico de la forma más coloquial.
Está bien, es un hermoso momento y lugar para morir.
Seré un cadáver exquisito, no el sentido literario; en el literal. Un lujo de muerto…
He visto lugares peores para morir, más anodinos y sórdidos. Morir formando parte de la carrocería de un coche no es exquisito y morir en casa y que descubran tu cadáver cuando apesta, tampoco es una delicatesen.
Sé de estas cosas, la experiencia es un grado.
Sinceramente, antes que formar parte de la foto, conozco muchos que deberían morir y yo estar presente para fotografiar sus cadáveres.
Me pregunto que, si mi padre hubiera muerto ahora en la era digital, lo habría fotografiado y colgado en las redes con algún jocoso comentario.
Nunca he querido ser buena persona, de hecho no he considerado ser nunca malo o bueno. Soy como un buitre o un cerdo: es mi naturaleza y no la combato. No me juzgo, solo hago lo que debo y lo que quiero cuando puedo.
Es frustrante lo que se refiere al “cuando puedo”. Me jodo.
¡Bah! Mientras muero y no muero, bajaré a casa con más alegría, la bajada me da risa en la misma medida que la subida me ha dado diarrea.
Tengo un hambre del carajo.

Hasta pronto, Muerte. Nos vemos.




Iconoclasta
Fotos de Iconoclasta.



24 de noviembre de 2018

Dios asesino


Estabas allí, ¿verdad, hijo de la gran puta?
Estabas allí con tu sagrado rabo erecto, observando como mi pequeño compañero se acurrucaba en mi brazo para sentir mi afecto infinito y decirme que me quería con un tierno y demoledor ronroneo.
Hijo de puta envidioso y pervertido.
Tú no eres Dios, no eres sagrado.
Solo eres un trozo de mierda semisólida flotando encima de mí, pringándome con tu apestosa y sucia omnipresencia corrupta y enferma.
Dios hijo de la gran puta…
Odio el aire en el que flotas.
Te odio tanto… Por cada ser querido que has matado.
Puerca Divinidad, eso eres nada más. Y sin divinidad, solo un cerdo enorme con el pellejo lleno de excrementos.
Tú no tienes designios, solo eres un retrasado mental sacando naipes al azar de una baraja podrida. Solo eres un puerco asesino sin cerebro, Mierdoso Dios.
Te jodía que nos quisiéramos, ¿verdad Sagrado Hijo de la Gran Puta?
Y te metiste en su cuerpo, entre su pelaje, como la mierda que eres para infectar su organismo.
Y te vi en un rincón de la casa acariciando tu divina polla de mierda, mientras él meaba sangre con un dolor espantoso.
Deseabas que yo también llorara sangre, te vi, hijo de puta. Vi tu sombra en la pared pulsando como una materia execrable, Yahvé de mierda.
Puto Dios, puerco Dios.
¡Hijo de la gran puta, mil veces! Puto cabrón…
Cuando muera me llevaré a la tumba todo el rencor y todo el odio que te tengo. Subiré al cielo para cortar tu divino cuello y mear en tu boca ensangrentada.
Hijo de puta, hijo de puta, hijo de puta…
Moriré con el firme deseo de asesinarte a ti y a esa puta de Madre Naturaleza.
Asesinos, trozos de mierda…
Os odio en cada espacio, en cada instante, os odio en cada bocanada de aire que llega a mis pulmones.
Cuando muera seré un alma infecta, una materia ponzoñosa, furiosa, preñada del odio más atroz que ningún puto ser humano o marrana divinidad pudiera imaginar.
No moriré en paz, moriré con el odio desintegrando mis huesos e incendiando mi alma, para ser tu asesino y el de Madre Naturaleza, esa que mata con una sonrisa de deficiente mental.
Hijos de la gran puta… Habéis matado a tantos que amaba…
Pero no existís, solo ocurre que la vida es una mierda y quiero salir pronto de ella para que deje de salpicarme de una puta vez.
Dioses hijos de puta, divinidades y entes repugnantes…
Podrida vida.
Ojalá existierais para asesinaros, puercos.




Iconoclasta



13 de noviembre de 2018

Estoy ahí


No fotografío lo que veo, fotografío lo que soy.
Estoy ahí, dentro y a su alrededor.
Estoy ahí y soy materia.
Soy ahí y soy bestia.
Soy sol y nube, luz y oscuridad, hierba y tierra y el graznido de un cuervo que anuncia deseo y muerte con el mismo tono enojado.
Fotografío lo que soy. Y soy parte de esa catedral de árboles y montañas que sol y nubes hacen templo de vida.
Hay coros que elevan al cielo las plegarias muertas y vivas antiguas como mi alma.
Fotografío lo que soy y nunca hubiera pensado ser tan bello.
Fotografío lo que soy: la libertad absoluta es abrumadora. Monumental.
Una vez fotografié lo que veía, hace eones de latidos. Y no me gustó, no me gusté.
Si fotografías lo que eres y no te gusta, te compadezco y te entiendo.
Conocí aquello.




Iconoclasta
Fotografía de Iconoclasta.

29 de octubre de 2018

Absolutamente solo


Hay algo revelador y fascinante en esta foto. No se trata del paisaje, no es por la composición, la técnica, el color o la calidad.
La magia de esa foto es que no hay nadie más que yo en ese instante. Estoy absolutamente solo.
He visto lo que es el mundo conmigo muerto, conmigo dentro de él.
Y he sonreído sinceramente por primera vez en muchos años, en toda la vida, tal vez.
Porque así ha estado perfecto. No hay nada ni nadie que necesite.
Es una revelación.
He sonreído con un frío intenso que el viento empujaba por los intersticios de mi ropa. Con las orejas doloridas, con los labios casi resquebrajados. A pesar de ello, he sonreído…
Ser viejo y solitario ha sido mi meta durante años de frustración, ha sido una certeza como un fogonazo. Amar, odiar o follar solo eran píldoras antidepresivas poco efectivas contra mi tristeza vital; esa que hace grises y oscuras todas las mañanas al despertar.
Y me pregunto si de verdad he llegado a amar alguna vez.
Amar bien podría haber sido un rumbo erróneo en la búsqueda de esta foto, de ese momento.
He sonreído por primera vez en cientos de años.
He sonreído satisfecho y completo, porque el frío viento y la luz húmeda me han fusionado con los árboles, la tierra, y los animales.
Estaba todo lo que debía estar ahí: yo en algún en algún lugar, como un cuervo oculto entre las zarzas.
O como un gusano en la tierra, me da igual. Ser un viejo solitario es precioso tengas la forma que tengas.
No he sentido siquiera un poco de lástima por lo que decía querer hacía apenas unos segundos.
Y así no importa que sin ninguna razón, clave la navaja en la corteza de un árbol o en la corteza de un corazón humano. Me da igual…


Porque soy lo que quería y libre de cualquier consideración moral o romántica.
Los viejos acumulamos conocimientos que apenas sirven para nada más que para algo literario. Ahora esos conocimientos ya no pesan no importan.
Se han derramado como arena entre los dedos dejando más espacio para respirar dentro de mí.
Si se te pudre el cerebro con la edad, no es preocupante, es incluso un alivio; porque si tu cerebro es operativo al final de tus días, la sabiduría presiona las paredes interiores del cráneo y duele un millón.
Así que clavo la navaja sin importar dónde; si en el amor, en el odio, en un hijo o en un hermoso coño. Da igual, no importa, no necesito respetar, adorar, soñar o ambicionar.  Ser libre es eso ¿no?
Estoy yo en algún lugar de toda esa soledad y es suficiente, es todo lo que necesitaba.
Y sonrío a pesar de que los labios se agrietan.
Seré cabrón…
Y al final, el amor nunca existió.
Seré sincero, siempre pensé que dañar gratifica más que amar.




Iconoclasta
Fotos de Iconoclasta.

27 de octubre de 2018

Lluvia de hojas.


Hay pocos instantes tan hermosos como estar bajo una lluvia de pequeñas hojas que una brisa dulce arranca de las ya frías ramas de los árboles.
Parecen mariposas que no saben a dónde ir.
Mariposas muertas que provocan con su rumor una tierna musicalidad en el ánimo.
Ligeros cadáveres que huelen a melancolías y añoranzas deliciosas y que el sol convierte en hojuelas de oro flotantes en un acto de natural y humilde prestidigitación. Sin gran alardes.
Es inevitable pensar en el peso de la carne y su olor.
Y me comparo con ellas. Concluyo que soy un extraño en este paraje, demasiado pesado, demasiada carne, demasiado olor de sudor y piel añeja.
A veces, llevado por la retórica y un trágico romanticismo (y cuál no lo es, trágico) digo cansancio; pero no estoy cansado.
Tengo más fuerza y brío de la necesaria.
No es cansancio, es hartazgo.
Y con el hartazgo vibra en frecuencias superpuestas el odio, el rencor y la ira.
Nada cambia en la granja humana por años que pasen, por milenios que han transcurrido.
Mueren algunos y nacen otros tantos que harán y dirán exactamente lo mismo. Los mismos aburrimientos bostezantes y asfixiantes en su aplastante mediocridad.
Deberían aprender de la musicalidad de las hojitas muertas. Tal vez quiera decir que debería morir alguien más. Muchos más.
Entre toda esa horda de mediocres, de siglo en siglo aparece alguien especial y diferente. Y por seres así la humanidad se ha apuntado un tanto de inteligencia, razón y libre albedrío; es una descarada usurpación.
No es por cansancio quedarme mucho tiempo entre la lluvia de hojas muertas. Es por hartazgo, cada día que pasa mi tolerancia hacia la humana mediocridad mengua. Y temo un día decir alguna verdad.
Cuando se dice una verdad, se pierde la oportunidad de reír y ser sarcástico hasta la crueldad.
Cuando proclamas la verdad, cualquiera que sea, quedas desnudo e indefenso ante todos. Y será mejor que tengas un buen y potente rifle en las manos para acribillar a balazos la mediocridad.
No es cansancio.
Solo un asco que mina el humor.
Si me quedara aquí un poco más, me cubrirían las hojas y mi muerte sería hermosa.
Tal vez...
Tal vez cuando esté cansado de verdad me acerque a morir con las pequeñas hojas-mariposa que vuelan sin saber a dónde ir.
Pobres pequeñas… Pronto nos veremos.
Estoy seguro.




Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

24 de octubre de 2018

Los días de la semana (1971)


“Lunes antes de almorzar una niña fue a jugar, pero no pudo jugar porque tenía que planchar. Así planchaba, así, así… Así planchaba, así, así… Así planchaba, así, así… Así planchaba que yo la vi”.
Cantaba Fofó a los niñas y niños.
Y así todos los putos días de la semana: barrer, limpiar, coser, cocinar…
Pobrecita…
Era una de las canciones de mi juventud que recuerdo con cierta tristeza, me gustaba mucho a pesar de mi avanzada edad (9 años), me parecía la historia de una niña mártir.
Unos tachan la canción de sexista, gente que no entiende nada, que busca la miseria como los buitres en las entrañas de los cadáveres sin tener cerebro para elegir la mierda que come. Dicen los descerebrados que la canción era un panfleto para que las niñas se dedicaran a la casa y poco más.
Quieren ser tan críticos… Y con tan poco cerebro solo son patéticos.
Gentuza sin sensibilidad…
La puta verdad, es que unos payasos en la tele, con toda naturalidad, pusieron de manifiesto con sensibilidad y ternura, la pesada losa de esclavitud y mediocridad a la que estaban condenadas las mujeres por tradición.
Nadie me hizo pensar a aquella edad con tanta claridad e identificar así una lacra como la que aquella canción ponía de manifiesto. Y con más mérito porque eran tiempos en los que el trozo de mierda que era Franco y sus secuaces, aún tenían secuestrada la inteligencia y la libertad en España.
Hoy día la inteligencia no está secuestrada, simplemente no existe a nivel global.
La canción no exalta que la mujer deba dedicarse a las tareas domésticas. Lo critica de forma dulce, con una canción infantil. Infinitamente sutil en tiempos de mierda e ignorancia.
Una canción para que los niños sintieran esa amarga musicalidad.
Mientras los niños juegan, la niña se pudría de asco…
“Domingo antes de almorzar, una niña fue a jugar; pero no pudo jugar porque tenía que rezar. Así rezaba, así así… Así rezaba, así... así. A sí rezaba, así, así… A sí rezaba que yo la vi”.
Yo pensaba que el domingo realmente no rezaba, solo moría de hastío y cansancio.
“Pero no pudo jugar, pero no pudo jugar, pero no pudo jugar, pero no pudo jugar…”.
¿Dónde está el sexismo en esta continua letanía de imposibilidad, idiotas?
Me parecía triste, un asomo de depresión.
De una sensibilidad exquisita, casi lorquiana.
Un beso a la niña muerta que no pudo jugar; pero que supimos de su existencia con cierta triste ternura.




Iconoclasta

23 de octubre de 2018

Confesiones del último hombre decente.


Soy un hombre decente, porque la decencia no consiste en respetar una moralidad de mierda. Ser decente es seguir o intentar conseguir el ideal de vida en el que uno cree: venganza, valor, inmoralidad, desinhibición, violencia, injusticia e irrespetuosidad. A veces leo para reconocer las mentiras que la humanidad ha ido acumulando a lo largo de su historia. Conocimientos útiles cuando juegas al Trivial o al Scrabble…
Tengo un nombre que a nadie le importa y que muchos se han arrepentido de conocer y otros, los menos, se sintieron extasiados al conocer a un ser como yo. Con eso basta.
Durante un tiempo conviví con un ser absolutamente imbécil, un retrasado mental que no sabía ni respirar por la nariz (tenía tetas, era hembra). Obtuvo un título universitario pagando con mamadas a los catedráticos (en México es fácil y habitual el pago en especie sexual, es tan cotidiano que las putas ni se dan cuenta de que lo son). Que fuera una absoluta puta, me la pelaba; mi abuela era puta y no por ello me sentí traumatizado. Es más, lo decía con orgullo; era muy exótico decir “mi abuela es puta”. Y además internacional. Granada, Barcelona, Londres, Canadá…
La puta no me engañaba, por algunas razones prefería estar con ella que en otro lugar a pesar de que era sucia. A veces hay que elegir lo menos malo. Sin embargo, lo golfa que era no me llevó a darle la patada. La razón es que usaba el teléfono celular hasta de tampón. Cuando capté que la conversación no sería posible, sin más preocupación dejé de hablarle e hice mierda cualquier asomo de relación cordial.
Solo la follaba, porque ya que tienes una puta en casa, la usas o bien te hace una mamada si está bien borracha y se ha empolvado la nariz.
Así que a los seis meses de haberla conocido, ya empecé a desear enviarla a la mierda con sus putos hijos, hermanos y hermanas, y sobre todo con sus amigos y clientes sexuales, tan retrasados mentales como ella.
Al cuarto mes de compartir la casa le dije mientras sonreía como una mongólica ante la pantalla del teléfono y los dedos agitados: “Si quiero estar solo, no quiero que nadie me moleste, me gusta estar solo de verdad. Vete a tomar por culo”.
Me miró con los ojos abiertos sin acabar de entender, mostrando aquel cerebro vacío y liso. Creí estar delante de una caricatura como Homer Simpson.
Al sexto mes se lo confirmé de una forma más clara, para que lo entendiera: le rompí el móvil y le di tal paliza que pasó cuatro meses de operaciones reconstructivas de nariz y maxilar inferior. El brazo roto no le dio más problemas que un yeso terapéutico.
Como tengo dinero, la investigación y el juicio se retrasó, se retrasó y se retrasó tanto que la putarra ya se estaba follando al subnormal de su jefe y al guardia de seguridad de la entrada a la oficina, a cambio de un par de porros. Se olvidó de la paliza que le di e incluso me ofreció hacerme una mamada (quería que le regalara un celular nuevo), le dije que se fuera a la mierda y me sonrió cariñosamente diciéndome “hasta luego”. Recordé que su coño olía a mierda y pensé “Hasta nunca, corto y cierro”.
Ocurre que la imbecilidad siempre sobrelleva una inmerecida vanidad.
¿Veis? Con un par de huevos y decisión se arregla cualquier problema. Si no fuera por la violencia, hubiera llevado muchísimo tiempo de tortura psicológica, cosa que para una retrasada mental no es nada bueno tampoco.
El subnormal me lo tiene que agradecer.
Si alguien amenaza mi íntima libertad, me importa poco que sea macho o hembra, golpeo hasta quedarme satisfecho y seguro de que ha entendido bien mi punto de vista.
De México me fui a Guatemala a comerciar con niños indígenas, los usan de cenicero y para otros menesteres hospitalarios, domésticos y sexuales.
La vida es una mierda, lo sé; pero el dinero mejor tenerlo que no tenerlo.
Y la verdad es que putas y niños, hay muchos en el mundo.
Es importante ser decente en estos tiempos de degeneración mental.
Alguien tiene que tener cojones.
Bye.




Iconoclasta

17 de octubre de 2018

No te lo digo


No te lo digo, pero tiene los ojos más grandes, profundos y manifiestos del mundo.
No te lo digo, pero son bellísimos.
No te lo digo porque cuando las cosas bellas y amadas se pronuncian, el mundo te las roba por envidia.
Lo sé. Siempre ocurre lo mismo.
No te lo digo porque es un secreto. Y los secretos, pueden convertirse en ridículo cuando la luz los ilumina.
No te lo digo, pero sus labios son tan voluptuosos y carnosos que tendría miedo a besarla, porque cubriría mi alma con ellos.
Y me robaría el habla.
No te lo digo porque es un deseo sin base lógica y sólida, un fracaso anunciado. Y no lo quiero anunciar.
No quiero ser patético mientras respiro.
No te lo digo, pero es exuberante hasta la desesperación (la mía), una ligera abertura en el escote de su blusa muestra un universo rotundo y húmedo que sueño explorar y precipitarme suicidamente.
No te lo digo porque hay seres que por alguna razón no podemos acceder a paraísos o ilusiones, y aún así soñamos posibilidades con el riesgo de dolor que ello comporta.
Posibilidades tardías.
Como bebés que nacen rotos, así son mis sueños de amor y deseo con ella.
¡Shhh…! Me da vergüenza ser lo que soy, por eso no te lo digo.
Y su voz… A través de ella impone el poder de su belleza con cierta autoridad (divina vanidad) y me hace sonreír cuando no es necesario, cuando no tengo razones o ánimo. A veces la escucho de nuevo y cierro los ojos imaginando. Su voz transmite frecuencias inaudibles que deseo descifrar; pero no te lo digo, para hacerlo debería estar íntimamente próximo a ella.
No te digo como suena, porque te reirías de mí con una sonrisa forzada y triste, como si supieras que estoy acabado.
Y lo estoy, pero no te lo digo.
Solo te lo escribo con una pluma de tinta roja como la sangre, porque temo a los espías de Envidioland; no quiero que sepa nadie más que tú, papel, de mi fracaso y días tristes. No quiero dar pena, o en el mejor de los casos, inspirar desprecio.
No te lo digo porque un día te quemaré prendiéndote por una de tus esquinas y oleré el dulzón aroma de tu combustión y mis secretos.
Escribiré al final de estas cosas que no digo, de este amor y deseo secreto:
Este documento se autodestruirá en cinco, cuatro, tres…
Y yo con él un poco también.
Tan solo durante unos segundos se verán los trazos de mi letra en rizos frágiles y volátiles de un papel carbonizado. Nada que pueda probar que un día amé.
Cinco, cuatro, tres, dos, uno…
Cero.



Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

15 de octubre de 2018

Homenajes de la hipocresía


Se ha puesto de moda de nuevo (es recurrente en la historia) sensibilizar a las reses con homenajes falsos a héroes fabricados a conveniencia pura del poder.
Políticos miserables y mierdosos celebrando y evocando (homenajeando) a los muertos (de ambos bandos) de la guerra civil española.
Hijos de puta que actúan con la descarada mentira e hipocresía de los que no se han ganado la vida: se la han regalado.
¿Desde cuándo los que lucharon tuvieron capacidad de elección? Hijos de la gran puta…
Los que lucharon y murieron, bien podrían haber sido republicanos en bandos franquistas y viceversa. No combatían por un gobierno, luchaban porque les obligaban a hacerlo según donde se encontraban.
En una guerra de mierda no hay elección alguna, hijo putas.
¿A santo de qué tanto homenaje de mierda?
Lo único que se puede aplicar es la verdad y el respeto por los que lucharon: fueron obligados.
Y está bien, porque antes que morir de hambre en el campo andaluz, asfixiado en una mina de carbón asturiana o como niño trabajando hasta el agotamiento en una empresa textil catalana, es mejor morir combatiendo.
Pero no combatieron por simpatía a nadie, combatían porque de lo contrario, los fusilaban. 
Porque esos políticos, que no eran ni más ni menos que niños bien, hijos de familias ricas a salvo de morir de hambre o explotados; eran los que designaban quién y donde se luchaba.
La misma basura que hay hoy en el poder. Porque poder y mierda, se heredan y pasan de padres a sus bastardos.
No hay nada que celebrar ni homenajear.
Políticos puercos e hipócritas que piden muertes en su nombre. Y engañan fabricando héroes que no eran.
No ha cambiado nada y la historia solo sirve a los cerdos para poner de manifiesto su gran capacidad para mentir.
Y nadie lo ve, nadie tiene suficiente cerebro en su cráneo apestoso para darse cuenta de la mierda que come día a día.
Siguen celebrando a los muertos como si hubieran tenido capacidad de elección por combatir en un bando. Solo los marranos que firmaban sus destinos en una carta de reclutamiento tuvieron esa libertad de elegir.
Está bien, no se merece otra cosa la chusma de mierda y su ignorancia afanosamente cultivada con estulticia y holgazanería.
¿Desobediencia civil? No tienen cojones los ignorantes.
Para ser desobediente hay que ser libre y para ser libre, es preciso pensar y conocer la historia e identificar a los que roban cada día tu tiempo y dinero.
Y eso, es como correr tras el viento, solo existen obedientes.
Reses bien pastoreadas, unas veces con balas y otras con mensajes digitales.
Es un insulto a la inteligencia adjudicar los muertos de guerras y sus homenajes a distintos bandos. Los políticos de hoy son hijos de las serpientes rastreras de ayer.
Es un ciclo infinito.




Iconoclasta

11 de octubre de 2018

Con putas



¿Por qué con putas?
Para follarlas y no quererlas.

¿Por qué con putas?
Para no saludarlas.

¿Por qué con putas?
Para no sonreírlas.

¿Por qué con putas?
Para mentirlas.

¿Por qué con putas?
Para que me mientan.

¿Por qué con putas?
Para que no me quieran.

¿Por qué con putas?
Para que me ignoren.

¿Por qué con putas?
Porque solo cuestan dinero.

¿Por qué con putas?
Porque al semen no le importa
gotear sobre la piel que no siente.

¿Por qué con putas?
Porque son solo carne, es sencillo.

¿Por qué con putas?
Para dejarles el dinero entre las piernas.

¿Por qué con putas?
Porque me dicen que la tengo gorda.

¿Por qué con putas?
Porque su coño huele mal y soy bestia.

¿Por qué con putas?
Porque las humillo y me aceptan.

¿Por qué con putas?
Porque las jodo en silencio,
y me conforta.

¿Por qué con putas?
Porque soy macho en celo
y tengo prisa.

¿Por qué con putas?
Porque compartimos decrepitud.

¿Por qué con putas?
Porque se compran y se venden,
son cosas como yo.

¿Por qué con putas?
Porque no importa que mueran.

¿Por qué con putas?
Porque nací viejo y me falta tiempo.

¿Por qué con putas?
Porque sus mentiras no duelen.

¿Por qué con putas?
Porque tengo dinero y
me llaman corazón cuando me chupan la polla.

¿Por qué con putas?
Y ¿por qué no?

¿Por qué con putas?
Porque existen.




Iconoclasta




9 de octubre de 2018

Ya toca otra guerra


Es lógico, es lo que debe pasar conociendo a la especie humana: al racismo y supremacía catalana le ha salido su antagonista exacto, la ultraderecha ultraespañola.
La chusma funciona como una canica en un tobogán de juguete: previsible y en la misma dirección.
La envidia es idéntica en todas las regiones del planeta, así que: culo veo, culo quiero, es el criterio de vida universal. Y de estricto cumplimiento por todos los fascistas (todos aquellos patriotas de pocas luces que sacrificarían a su hijo a dios y su amo si así se lo exigieran) sean catalanes, españoles, chinos, vascos, gallegos, valencianos, estadounidenses, mexicanos y batusis.
El cerebro está igual de podrido en todas las reses sea cual sea la cháchara en la que se expresen o comuniquen.
Lo ideal para España y Cataluña es una guerra que, servirá para desfogar a tantos nacionalistas intransigentes. A medida que la peña muere y se pasa hambre y penurias, los ánimos decaen. De tal forma, que se preguntan qué coño está pasando y en lugar de preocuparse por tuits y estados de feisbuc de sus mesías o líderes, se dedicarán a buscar comida y preocuparse de que no les meta un tiro en la cabeza un francotirador. Algo así como en Bosnia, pongamos por caso.
Dos nacionalismos antagonistas, forman un caldo de cultivo ideal para que crezca y madure otro trozo de mierda como Franco y se sienta paladín de la justicia y protector generalísimo de la puta patria. En definitiva, un general muy general.
Eso ya pasó, no es una hipótesis facilona.
Además, las guerras son un mecanismo que mantiene a raya la explosión demográfica planetaria. Hay una conciencia colectiva (como en cualquier enjambre, piara o cardumen) que hace estallar la guerra cuando los idiotas llegan incluso a volar y tapar los rayos del sol, provocando una nueva glaciación.
Las muertes en guerra no son selectivas, la conciencia colectiva crea una aleatoriedad; el único objetivo que tiene la guerra, es eliminar a cantidades suficientes y notorias de individuos.
La guerra tiene que eliminar vidas humanas con rapidez antes de que los recursos planetarias se agoten o lleven a estropear más el planeta.
Claro está, que esto no aplica a políticos, militares y puestos de favor en la administración de un país. Ellos están a salvo de toda mierda que han provocado
Si en una guerra no mueren los suficientes, se crearán más guerras.
La ciencia no ha demostrado que exista semejante conciencia colectiva, cosa que a mí me la pela. No necesito que nadie corrobore o apruebe mi sabiduría, conocimiento y experiencia.
No habrá un buen final, hay demasiada ingenuidad, demasiada inmadurez.
Hombres y mujeres que deberían tener una sólida formación mental, padecen la ingenuidad de un niño de cuatro años.
Es alucinante: nadie cree que en estos tiempos en el que todos disfrutan de su smartphone, su coche y banales deportes, pueda haber una guerra.
Salvo los que la están viviendo, o la vivieron hace pocos años atrás en Europa mismo.
La muerte próxima, la violencia ante las propias narices es la única forma de constatar que jamás puede existir un país maravilloso y justo, donde todos sus habitantes son pitufos felices hermanados y mono-pensantes que, en caso de ver a la pitufina pasear desnuda por las calles, no se la follarían. La respetarían.
Y una mierda.
Creer ciegamente que un político iluminado puede crear un país paradisíaco merece la guerra, porque marca el punto sin retorno a la idiotez de todo un pueblo. El aburrimiento de una vida acomodada y banal que busca magia, y la encuentra en la retórica basura humana que habita el planeta.
Venerar a un político hasta el punto de usar a tus hijos para apoyarlo y encumbrarlo, es la cima de la miseria humana y la decadencia de la dignidad.
Y ya se sabe que todo pueblo consigue el gobierno que se merece.
La guerra es la única forma eficaz de que un pueblo decadente aprenda que un político es por definición, una persona de la que desconfiar. Es irremediable que los haya; pero de soportarlos a creerlos y confiar en los ambiciosos, hay un abismo.
El pensamiento crítico se ha convertido en un excremento viajando cloaca abajo.
Todos, absolutamente todos los políticos, son más de lo mismo: te exigirán sacrificio a cambio de darte mierda.
La guerra es necesaria para elevar el grado de rumiante en el que ha caído un pueblo, a un estado superior donde haya algo de dignidad en los adultos.
De hecho, la paz solo es buena y conlleva progreso tras los primeros treinta años posteriores a una guerra; lo dice la historia.
Tras esos treinta años en los que se consigue alzar de las ruinas y la pobreza un pueblo, llega la inevitable decadencia de nuevo.
Estamos en la época en la que la dignidad pide a gritos una nueva contienda.
Indignidad e ingenuidad, con muerte se pagan. También lo dice la historia.




Iconoclasta

7 de octubre de 2018

Malos tiempos


Las horas desfilan hacia un precipicio, y en la caída se hacen guillotinas pequeñitas que cortan trocitos de carne y alma indoloramente.
Las palabras son vendajes vanos contra la lógica hemorragia de tanta pérdida. No dejan ver los gusanos de la putrefacción.
Y así se puede amar y estar podrido.
Son cosas compatibles, está visto.
¿Qué son los años?
Son grandes bloques de piedra que no caben en las calles ni entre los espesos árboles del bosque. Quedan atorados y suspendidos sobre nuestras cabezas entre balcones y copas frondosas, acumulándose unos encima de otros hasta que el peso es suficiente para caer y aplastarte.
Es por ello que los viejos miran al cielo con temor a que llueva.
Que llueva la muerte.
Hay tanta muerte sobre mi cabeza.
¿Qué es la vida?
Es una vertical buscando un espacio tranquilo donde ser horizontal. Es un reloj que cada día está más cansado.
Y un calendario con pocos meses del que un día, no arrancaremos una hoja más.
El tiempo es la máquina de un imprenta que prensa y corta las páginas sin tener en cuenta las anotaciones en los márgenes.
Las anotaciones son gemidos de pena, dolor y frustración.
Y en medio de todos estos malos tiempos, me encuentro un burro comiendo una flor. Es absurdo… Es una absoluta cursilería.
Una bella y divertida cursilería entre tantos malos tiempos.
Y está bien, yo elegí donde morir y gané.
Me enciendo un cigarro con una sonrisa, bajo toda esta muerte que gravita sobre mí.
Fue bueno mientras duró.
Bien… No siempre.
¡Maldito burro! Qué gracia…




Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

30 de septiembre de 2018

Vellos: otra banalidad idiota


Se escriben reflexiones de lo más ramplonas y aburridas, así como muy buenas y divertidas; sobre el asunto de las mujeres, las feministas y los hombres respecto al asunto de la depilación o rasurado de sobacos, piernas y genitales.
Básicamente me importa una mierda lo que cada cual haga.
Ocurre que como no puedo estar callado, también tengo que decir la mía y como tengo gracia y dominio del lenguaje, entraré a formar parte de la mitología moderna de escritores cerebrales que no se prostituyen por un “me gusta” en las redes “suciales”.
Y por ello digo que mis cojones están limpios, rosados, tiernos y apetecibles porque no tienen un solo vello.
Desde muy pequeño observaba hasta quedar bizco cada naipe de aquella baraja de mujeres desnudas que mi padre guardaba en el cajón de la mesita de noche.
Como me impactó mucho, me preguntaba en mi tierna candidez al ver los sobacos peludos de mi madre, si allí habría también un coño. Mi padre también tenía sobacos peludos; pero como no tenía tetas, carecía de interés alguno para mí.
Luego, con la edad fui subiendo de nivel, sobre todo cuando el puto Franco murió por fin.
Y así la pornografía entró a formar parte de mi vida diaria y cotidiana hasta hoy, en el que felizmente internet regala muy entretenidos videos pornográficos que tienen una utilidad aproximada de veinte, treinta segundos a lo sumo. Una vez he eyaculado, la película porno me aburre hasta el bostezo.
Nunca he tenido conflictos entre masturbarme y follar, da igual el orden.
Y si tenía que ir a trabajar todos los días, ¿qué razón había para que no me la pelara cuantas veces me diera la gana y luego se la metiera a mi santa?
Así que nunca me privo de una buena paja mirando porno lesbiano (es que cuando sale una polla me da asco).
Y como el porno es tan natural en mi quehacer diario y mi pene muy discreto de tamaño, me rasuro los cojones para que la picha parezca más grande.
No hay ninguna cuestión de higiene, es por pura vanidad. Y por otra parte, cuando el semen se desliza calentito por el pubis y los huevos, hay un placer añadido que los que tienen esa araña de pelo afro entre las piernas, desconocen.
Como mi cultura es básicamente pornográfica, adoro los coños rasurados ya que los puedes chupar, lamer, sorber y morder sin que un desagradable vello rizado te provoque una arcada y un vómito.
Además, un coño depilado, hace mi polla también más notoria (que sea efectiva no es consuelo para mí), más grande durante la cúpula. Los vellos restan unos centímetros importantes para mi desmesurada vanidad pornográfica.
Eso es todo lo que me rasuro, no soy un maricón, narcisista o un tonto del culo refinado (o todo junto, que los hay a patadas) que se afeita piernas, brazos, pechos, sobacos y genitales para que sus músculos resalten y se crea que una tía al azar le va a comer el rabo por verlo tan bien depilado.
Si tuvieran algo de cerebro, sabrían que hacer mientras no duermen.
Son tiempos de mierda: mujeres barbudas y bordes, compartiendo espacio con julandrones provincianos sin un solo vello.
A mí, conque la polla luzca bien, me basta. Ya soy suficientemente guapo.
Ya que soy un tanto vergonzoso no aporto una foto de mi pene luciendo en un pubis prístino y diáfano, libre de pelarros. Por otro lado, algún envidioso de mierda censuraría la foto.
Así que dejo aquí como documento gráfico, mi rostro erótico, dulce y trascendente durante el acto masturbatorio o de follar.




Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.